Título original: The Diary of Anne Frank
Director: George Stevens
EE.UU., 1959, 172 minutos
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| El diario de Ana Frank (1959) de George Stevens |
Sábado, 20 de junio de 1942
Para alguien como yo es una sensación muy extraña escribir un diario. No sólo porque nunca he escrito, sino porque me da la impresión de que más tarde ni a mí ni a ninguna otra persona le interesarán las confidencias de una colegiala de trece años. Pero eso en realidad da igual, tengo ganas de escribir y mucho más aún de desahogarme y sacarme de una vez unas cuantas espinas.
Ana Frank
Diario
George Stevens, apodado "El Indio" debido a su supuesta ascendencia apache, tenía motivos de sobra para sentirse especialmente atraído por la historia de la niña judía que vivió durante dos años escondida, junto a su familia y otras personas, en un ático de Ámsterdam para acabar, una vez descubiertos, sucumbiendo a la barbarie nazi en el campo de Bergen-Belsen. ¿O acaso no fue testigo él mismo, como coronel del ejército norteamericano, de las atrocidades cometidas en las cámaras de gas? Se dice, de hecho, que su cine cambió por completo tras haber participado en la Segunda Guerra Mundial, dejando de lado las comedias un tanto frívolas de los inicios de su carrera en favor de un estilo mucho más sombrío.
Precisamente, uno de los tres premios Óscar que obtuvo The Diary of Anne Frank fue por su excelente fotografía en blanco y negro (los otros dos irían a parar, respectivamente, a Shelley Winters como mejor actriz de reparto por su papel de señora Van Daan y a la dirección artística y decorados).
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| George Stevens (derecha) con la maqueta de la "casa de atrás" |
Otro cantar, sin duda, resultó la imposición del cinemascope por parte de la Twentieth Century Fox, procedimiento que, dada la amplitud que conlleva del campo visual, no parecía el más idóneo para la filmación de unos hechos que tienen lugar en la intimidad de una buhardilla. De ahí la presencia de columnas: subterfugio ideado por Stevens, bajo la apariencia de ornamento, con la finalidad de acotar los límites del plano.
¿Puede, en definitiva, considerarse El diario de Ana Frank una adaptación satisfactoria? Lo es, desde luego, en lo tocante a su puesta en escena —heredada, en buena medida, de la pieza teatral en que se basa—, así como por toda la ternura que el director volcó en el proyecto. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de la elección para el papel principal de la pizpireta Millie Perkins: un cruce entre Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor que, desprovista del encanto de esas dos actrices, únicamente contribuyó a edulcorar la imagen de la protagonista.





