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lunes, 21 de abril de 2025

Te lo digo a mí (2019)




Directora: Elena Trapé
España, 2019, 11 minutos

Te lo digo a mí (2019) de Elena Trapé


No vamos a descubrir a estas alturas quién es Elena Trapé ni el mucho talento de la directora barcelonesa, sobre todo porque ya cuenta en su haber con películas de la talla de Las distancias (2018) y Els encantats (2023). Aun así, merece la pena revisar este curioso cortometraje cuya finalidad no era otra sino servir de anuncio publicitario para una entidad bancaria. Al margen de lo discutible que ello pueda resultar, lo cierto es que los diez minutos de Te lo digo a mí (2019) cuentan con un elenco extraordinario en el que tres actrices de tres generaciones distintas (Lola Dueñas, Luisa Gavasa y Ania Hernández) interpretan a otras tantas versiones de una misma mujer.



viernes, 9 de julio de 2021

Los amantes pasajeros (2013)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2013, 90 minutos

Los amantes pasajeros (2013) de Almodóvar


Una comedia sin gracia; intento, a la desesperada, de recobrar aquel desparpajo de sus inicios que tanto le ayudó a triunfar en todo el mundo. Sin embargo, el Almodóvar que escribe y dirige Los amantes pasajeros (2013) está muy lejos del joven alocado surgido de la Movida que, de la mano de su socio McNamara, provocaba a propios y extraños vociferando aquello de "voy a ser mamá". De hecho, el país tampoco es el mismo... Curados como estamos de espanto, aquí ya nadie se escandaliza por nada (excepto cuando se toca la unidad de la patria, pero eso ya es harina de otro costal y el director manchego vuela más bajo).

Precisamente de aviones iba el tema de una película que pasó sin pena ni gloria, disparatada como ella sola y más cerca de Aterriza como puedas (Airplane!, 1980) que no de la sátira sofisticada que en un principio pretendía ser. Porque, a lo tonto a lo tonto, se lanza alguna que otra pulla contra supuestos escándalos financieros del momento (la intervención de Caja Guadiana por parte del Banco de España), la especulación inmobiliaria (caso del Aeropuerto de La Mancha) e incluso de las altas esferas del Estado (el personaje de Cecilia Roth parece estar inspirado en Bárbara Rey y unos supuestos vídeos de contenido erótico que comprometerían a los seiscientos hombres más importantes de la nación, incluido el monarca). 



Aun así, la cinta contiene momentos salvables, por supuesto, varios de ellos a causa de la vis cómica de Javier Cámara y Carlos Areces en sus respectivos papeles de azafatos afeminados. En ese aspecto, Raúl Arévalo transmite menos credibilidad, si bien la coreografía que ejecutan los tres al ritmo de "I'm So Excited" de las Pointer Sisters quedará como una de las escenas memorables del filme. En cambio, Antonio de la Torre y Hugo Silva da la impresión de que no acaban de sentirse a gusto en sus personajes.

Por lo demás, el hecho de que a los miembros de la tripulación les dé por ingerir agua de Valencia mezclada con mescalinas mientras están de servicio resulta tan grotesco como su desaforada voracidad sexual en pleno vuelo. Aunque, bien mirado, todos esos excesos constituyen la parte pintoresca de un proyecto claustrofóbico cuyo principal mérito reside en condensar la mayor parte de la acción en el interior de un Boeing de la compañía Península con destino a Méjico D. F.



miércoles, 7 de julio de 2021

Los abrazos rotos (2009)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2009, 127 minutos

Los abrazos rotos (2009) de Almodóvar


Fiel a su empeño por establecer conexiones entre todas sus películas, Almodóvar ha decidido que su próximo largometraje se titule Madres paralelas, que es como se llamaba en la ficción uno de los filmes dirigidos por el cineasta Mateo Blanco (Lluís Homar), personaje de Los abrazos rotos (2009). Y no es, ni mucho menos, el único vínculo con el resto de su filmografía, ya que Chicas y maletas (la cinta en la que dicho director estaba trabajando cuando perdió la vista en un grave accidente de tráfico) se parece muchísimo a Mujeres al borde de un ataque de nervios (1989).

De nuevo un Almodóvar oscuro, cuasi laberíntico en una historia a base de flashbacks que transcurre a caballo entre 1992 y 2008. Negro como las arenas volcánicas de Lanzarote, a cuyas playas acuden los protagonistas para darse de bruces con un aciago destino. Hay, eso sí, breves destellos del habitual desparpajo al que nos tiene acostumbrados el manchego, como la nota histriónica que pone Carmen Machi, prolongada, aquel mismo año, en el corto La concejala antropófaga (2009).



Y en esa misma línea de congraciarse con su propio universo, son varias las actrices fetiche del realizador que aparecen fugazmente, a modo de homenaje: Chus Lampreave, Rossy de Palma, Ángela Molina, Kiti Mánver, Lola Dueñas... Todas ellas imbuidas de esa aureola tragicómica tan peculiar que caracteriza a las chicas Almodóvar.

En cambio, lo de Blanca Portillo (Judit) y Penélope Cruz (Lena) ya es otro cantar. Los suyos son papeles dramáticos, en toda regla, de mujeres que habrán de pagar un precio muy alto por amar y por amor, víctimas propiciatorias de hombres sin escrúpulos, como el opulento Ernesto Martel (José Luis Gómez), u obsesionados con terminar su obra "aunque sea a ciegas", que es lo que le ocurrirá a Mateo Blanco cuando se canse de ser Harry Caine.



martes, 6 de julio de 2021

Volver (2006)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2006, 121 minutos

Volver (2006) de Pedro Almodóvar


Si La mala educación (2004) había sido una película muy masculina, para su siguiente proyecto, en cambio, Almodóvar decidió contar una historia manchega de fantasmas que girase en torno a un verdadero matriarcado. Volver (2006) no sólo supuso el reencuentro, tras casi dos décadas sin haber trabajado juntos, entre el cineasta y Carmen Maura, sino que, además, le valió una merecidísima nominación al Óscar a Penélope Cruz por su papel de Raimunda (galardón que, por cierto, aún se le resistiría un par de años más, hasta Vicky Cristina Barcelona).

Con ese título de tango (aflamencado en la versión de Estrella Morente que "canta" Penélope), Volver nos habla del eterno retorno, de viejas rencillas familiares que el paso del tiempo ayuda a curar a base de comprensión y generosidad. También es un homenaje (otro más, tras títulos tan emblemáticos como Todo sobre mi madre, 1999) a la figura materna, cuyo espíritu se aparece a las hijas al cabo de los años con la intención de esclarecer los secretos que ésta se llevó consigo a la tumba.



Se trata, por tanto, de un Almodóvar que coquetea con el más allá, pese a que su cine sea muy de aquí. Capaz de liquidar al macho a manos de su prole como ya hiciera en la célebre escena del jamonazo de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Un autor que indaga en sus propias raíces y que no duda, según declaran los créditos finales, en nombrar "asesoras de asuntos manchegos" a sus hermanas Antonia y María Jesús. De ahí que Chus Lampreave esté tan propia cuando dice aquello de "¡Que tengáis cuidaíco!"

La acogida que tuvo la película a nivel de público y de crítica fue excelente, agraciada con cinco Goyas y otros tantos trofeos en los European Film Awards, amén del premio colectivo que recibieron en Cannes las actrices protagonistas, además del de Mejor Guion. Y toda esa repercusión internacional por una cinta inequívocamente provinciana en la que las intérpretes se dan sonoros besos de abuela, Sole (Lola Dueñas) se monta una peluquería ilegal en casa, Agustina (Blanca Portillo) acude a un programa de telebasura para ventilar sus miserias y Raimunda ocupa el bar del vecino. Con lo que queda de sobras demostrada la máxima de que "no hay nada más universal que lo local".



jueves, 17 de diciembre de 2020

Viaje al cuarto de una madre (2018)




Directora: Celia Rico Clavellino
España/Francia, 2018, 90 minutos

Viaje al cuarto de una madre (2018)


Es una película de complicidades femeninas, de una madre y una hija que comparten manta frente al televisor hasta que, siguiendo el ejemplo de una amiga suya, Leonor (Anna Castillo) decide que ha llegado el momento de irse a probar fortuna a Londres. Noticia que Estrella (Lola Dueñas), sin duda temerosa de quedarse sola, no acoge al principio con muy buenos ánimos. Y es que hay algo que, ya desde la primera escena, planea en el ambiente de aquel hogar: la ausencia del padre. 

En realidad, nunca llegaremos a conocer los detalles (cómo se llamaba, qué aspecto tenía, qué fue lo que le ocurrió exactamente), pero lo cierto es que, tal y como le espeta Leonor a uno de los insistentes teleoperadores que no paran de llamar por teléfono, el hombre ha muerto. De ahí alguna que otra lágrima en momentos de flaqueza.



Sin embargo, ambas mujeres tendrán que aprender a afrontar la vida por separado, una en el extranjero, la otra en el pueblo, hasta que, harta de soportar la aspereza de la familia para la que trabaja de au pair, Leonor opte por regresar a casa.

La sutilidad de la puesta en escena con la que Celia Rico afronta su primer largometraje revela una inusual pericia a la hora de transmitir las cosas sin que sea necesario verbalizarlas. Curiosa forma de narrar in absentia que queda patente cuando la madre vuelve a sonreír tras la irrupción en escena del afable Miguel (Pedro Casablanc) —sugiriendo la predisposición de Estrella a volver a enamorarse; quién sabe si un idilio incipiente— o en la catártica escena del acordeón.



jueves, 13 de junio de 2019

Zama (2017)




Directora: Lucrecia Martel
Argentina/Brasil/España/República Dominicana/Francia/Holanda/Méjico/Suiza/EE.UU./Portugal/Líbano, 2017, 115 minutos

INDIOS INSOMNES

Zama (2017) de Lucrecia Martel


Sin ser una película histórica en el sentido neto del término, Zama consigue transmitir, sin embargo, una extraña sensación de verosimilitud. Incluso a pesar de su insólita música incidental, cuya sonoridad recuerda, en determinados momentos, a la cítara del Anton Karas de El tercer hombre (1949). Con todo, ¿quién puede tener la certeza absoluta de cómo sonaba realmente el siglo XVIII o XIX? ¿Quién puede asegurarnos que los habitantes de una remota colonia conocían las partituras de los más insignes compositores europeos del momento? Visto así, "Amapola" es un tema tan válido para ambientar la trama como las sinfonías de Haydn y Mozart.

No era tarea nada fácil llevar a la pantalla la novela del argentino Antonio Di Benedetto (1922–1986), aunque, en manos de su compatriota Lucrecia Martel, la figura poliédrica de don Diego de Zama (Daniel Giménez Cacho) adquiere la trascendencia de un coronel Kurtz visto a través del prisma de lo real maravilloso. ¿O tal vez sea Vicuña Porto (Matheus Nachtergaele) el verdadero Kurtz de este largo viaje hacia la nada? La comparación es ociosa, por supuesto, pero viene a subrayar la evolución del protagonista: un hombre que es muchos hombres a la vez.



Martel se lamentaba esta tarde, en su paso por la Filmoteca de Catalunya, de que, frente a la omnipresencia anglosajona, cada vez sea más complicado hacer cine en español. La suya, aunque no lo parezca, es una película de bajo presupuesto, realizada en colaboración con multitud de productores (entre ellos Almodóvar o el actor estadounidense Danny Glover) de muy distintas nacionalidades. Lo cual acabó dando pie a innumerables anécdotas durante el rodaje: desde las tres esmirriadas gallinitas que aparecen aquí y allá (y que son siempre las mismas) hasta la escena de la llama, animal curioso por naturaleza y cuya "profesionalidad" resultó admirable en todas las tomas que fue necesario filmar.

Mientras leía viejas crónicas para documentarse, cuenta la directora que topó con cierto autor que, al describir el ambiente reinante en algún punto de la antigua colonia española, afirmaba ver, a todas horas, "indios insomnes" por doquier, incapaces de comprender lo que estaba sucediendo a su alrededor. Luego vendrían los Estados nacionales para acabar de empeorarlo todo. Zama retoma esa misma atmósfera de confusión, tal vez con la finalidad de cuestionar la estampa del macho machísimo sin fisuras que nos legó la historia, sustituyéndola, como el Aguirre (1972) de Herzog, por un individuo dispuesto a renunciar al mundo decadente de pleitesías y pelucas sudorosas, en el que ya no tiene cabida, para adentrarse, en pos de la gloria, en los confines del abismo.


lunes, 8 de abril de 2019

7 razones para huir (de la sociedad) (2019)




Título original: 7 raons per fugir (de la societat)
Directores: Gerard Quinto, Esteve Soler y David Torras
España, 2019, 75 minutos

7 razones para huir (2019)


El foc s'encomanà als mobles i al cap de cinc minuts cremava tota la casa, de la qual escapàrem l'artista i jo per miracle.
Aquell vespre mateix la gent tenia notícies que havia cremat un bloc de cases i que moriren més de tres-centes persones, totes de bona família.

Pere Calders
"Coses aparentment intranscendents"
Cròniques de la veritat oculta (1942)

La cartelera barcelonesa tiene el honor de contar, desde el pasado viernes, con uno de esos títulos que logran que el cine sea algo más que un mero entretenimiento de masas. Afortunadamente. Porque los creadores de 7 raons per fugir (de la societat), todos ellos debutantes en el noble arte de la dirección de largometrajes, se aventuran en ésta su ópera prima por los tortuosos senderos del sarcasmo y de la mala leche que, en el pasado, frecuentaron nombres ilustres como Buñuel, García Berlanga o el mismísimo Marco Ferreri.

Quinto, Soler y Torras podrían haber sido una delantera mítica del Barça (o incluso un afamado trío de compositores de coplas). Pero no: por de pronto son los responsables de estas siete historias con el denominador común de hacer que el absurdo irrumpa en lo cotidiano. Se diría que la sombra de Pere Calders (1912-1994), avezado cronista de lo real maravilloso que compartiera exilio mejicano con el ya mencionado cineasta de Calanda, planea sobre muchas de ellas. Aunque en el turbador epílogo, que aquí no desvelaremos, se deja sentir también la impronta remota y sutil de aquella inquietante alegoría de la soledad humana que fue La cabina (1972) de Mercero.



El proyecto, cuya génesis se remonta al corto Interior. Família. (2014) germen que daría pie al primero de estos siete relatos fue presentado en la última edición del Festival de Málaga, así como en el South by Southwest Film Festival de Austin (Texas). En esencia, y hasta cierto punto, recupera la estructura de aquellos filmes de episodios que durante la década de los sesenta —Boccaccio '70 (1962), Ro.Go.Pa.G. (1963), Historias extraordinarias (1968) supusieron una vuelta de tuerca a la hora de lograr que las películas no sólo divirtieran sino que, sobre todo, incomodasen.

Comedia negra (y aun negrísima por momentos), 7 razones para huir se atreve a cuestionar, mediante la mordacidad sin cortapisas de sus diálogos, los pilares básicos de una sociedad en la que los padres se sublevan contra los hijos, el tercer mundo irrumpe (literalmente) en el salón de casa, las novias se declaran en rebeldía justo antes de dar el "sí quiero" y los vecinos de una comunidad (como sucedía en el buñueliano Ángel exterminador) no sólo son incapaces de cruzar el umbral del rellano, sino que únicamente saben contar hasta seis.


sábado, 8 de octubre de 2016

Stella cadente (2014)












Director: Lluís Miñarro
España, 2014, 105 minutos



"Una película de espíritu republicano, pero de estética monárquica": así ha definido Stella cadente el director y productor Lluís Miñarro en la breve presentación que ha precedido a la proyección de esta tarde en la Filmo. Peculiar aproximación a la vida de Amadeo de Saboya que suponía, por cierto, su debut en el largometraje de ficción tras los documentales Familystrip (2009) y Blow Horn (2009).

Mucho más que un filme histórico, Stella cadente es un divertimento en el que lo mismo tienen cabida una esmerada reconstrucción de los ambientes decimonónicos en el vestuario y las localizaciones que canciones pop francesas de los años sesenta y setenta. Al respecto, no deja de ser chocante que, por ejemplo, todo un rey (Alex Brendemühl) se ponga a bailar en el momento de mayor tensión dramática al compás de "À présent tu peux t'en aller" de los Surfs. O que los títulos de crédito finales vayan acompañados de la misma canción, seguida de otro hit yeyé: "Comment te dire adieu ?" de Françoise Hardy.

Bárbara Lennie encarna a la reina María Victoria

Y, tras haber visto la peli, el propio director nos ha aportado más claves para acabar de entender toda la simbología que encierra la misma. De entrada, mostrando muchas de las referencias pictóricas que pueden rastrearse en la composición de varios encuadres: "El hombre desesperado" o "El origen del mundo", ambos de Gustave Courbet, los desnudos de Lucian Freud, el claroscuro de Caravaggio, "El retrato del Duque de Wellington" de Goya, el colorido del japonismo o el cuadro anónimo que muestra a Amadeo I de Saboya ante el féretro de Prim son sólo algunas de ellas.

Se trata, como vemos, de un enfoque que confiere un protagonismo esencial a la sensualidad, aunque también admite Miñarro haberse inspirado en el cine mudo alemán o en cintas más recientes como Eyes Wide Shut. Asimismo, aparecen en momentos puntuales de la película elementos concretos de filiación cinéfila, como ese tambor (fabricado en Calanda) que cruza rodando uno de los salones de palacio y que es una clara referencia a Segundo de Chomón y a Luis Buñuel.

Corona expresionista: Miñarro tuvo la idea sentado en el retrete de casa

Para Miñarro es ésta una película que habla del presente, de la historia reciente de España y de los males que aún la acechan, a pesar de inspirarse en hechos acontecidos en el siglo XIX, durante el compás de espera que separó el fin del Romanticismo de la edad contemporánea. En ese sentido, el personaje que, según el director, representa mejor al país (ayer como hoy) es Eloísa, la cocinera interpretada por Lola Dueñas: afectuosa, algo folclórica, pero con muy pocas luces.