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martes, 30 de enero de 2024

Pobres criaturas (2023)




Título original: Poor Things
Director: Yorgos Lanthimos
EE.UU./Reino Unido/Irlanda, 2023, 141 minutos

Pobres criaturas (2023) de Yorgos Lanthimos


La exuberancia imaginativa que derrocha Poor Things (2023) conecta de pleno con un tipo de cine cuyos abanderados principales pudieran ser directores de la talla de Terry Gilliam o el mejor Tim Burton. Ilustre nómina de visionarios a la que bien pudiera añadirse ahora el nombre del griego Yorgos Lanthimos, autor de un puñado de filmes tan inclasificables como Langosta (The Lobster, 2015) o El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017). Cintas, todas ellas, envueltas en un cierto halo de hermetismo que no hace sino incrementar, título tras título, la fama de genio incomprendido en torno a su autor.

Asimismo, la asociación con la actriz Emma Stone, también presente en el reparto de La favorita (The Favourite, 2018), su anterior trabajo, la convierte en musa al servicio de un universo febril habitado por criaturas de aspecto remotamente parecido al de las engendradas por el doctor Frankenstein. No en vano, el sustrato literario del filme, adaptación cinematográfica de la novela homónima del británico Alasdair Gray (1934-2019), comparte no pocas similitudes con la historia del moderno Prometeo, además de remitir, en ese mismo orden de cosas, a los horripilantes endriagos animales (patos con cabeza de perro y viceversa) que imaginara H. G. Wells en La isla del doctor Moreau.



Sin embargo, la diferencia capital respecto a los mencionados referentes estriba en el hecho de que aquí, pese al gran papel de Willem Dafoe y su aberrante fisonomía surcada de cicatrices, la historia adquiere una dimensión eminentemente femenina (¿feminista?) en torno al personaje de Bella Baxter (Emma Stone) y su particular evolución desde la más pura inocencia de la niña-mujer hasta la emancipadora toma de conciencia de quien ha vivido experiencias iniciáticas de todo tipo en enclaves tan dispares como Lisboa, Alejandría, París o el Londres victoriano.

Aun así, los detractores de Lanthimos, —que haberlos, haylos— tal vez reprobarán el gusto desmesurado del cineasta por los excesos erotógenos a los que somete a su protagonista. O la cacofónica banda sonora con la que el compositor Jerskin Fendrix adorna las escenas de un filme que, tanto en esa como en otras varias categorías, optará a la friolera de once Óscars en la próxima edición de los premios de la Academia.