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viernes, 18 de noviembre de 2022

¿Qué dirá mi esposa? (1958)




Título original: Co řekne žena?
Director: Jaroslav Mach
Checoslovaquia/Polonia, 1958, 93 minutos

¿Qué dirá mi esposa? (1958) de Jaroslav Mach


Que no todo el cine producido en el seno de las cinematografías de los regímenes comunistas eran panfletos ideológicos queda sobradamente probado con esta comedia de tintes románticos fruto de la colaboración entre la antigua Checoslovaquia y Polonia. Muy al contrario, la edulcorada fotografía en color de Co řekne žena? (1958) responde a unos esquemas más bien caducos para aquel entonces, cuando ya el mundo, con la inminente eclosión de la Nouvelle vague en Francia, se disponía a explorar otras formas de expresión fílmica.

Aun así, la historia de un escritor que visita las principales ciudades de un país extranjero de la mano de su encantadora guía local evidencia la voluntad por parte del equipo de guionistas de entroncar con un determinado tipo de producto hollywoodense hasta aquel momento muy en boga. Sobre todo si entre los dos protagonistas se acaba estableciendo una relación repleta de equívocos que, como era de esperar, no llega a nada.



Porque por más que Tůma (Josef Bek) y la bella Irena (Barbara Polomska) sientan una innegable atracción el uno hacia el otro, al final siempre se contienen, como personas casadas que son, ante el recuerdo de sus respectivas parejas. Lo cual da pie a un continuo coqueteo con la fantasía del adulterio, ya presente desde el propio título de la película, que no pasa, sin embargo, de simple frivolidad.

La voz en off del personaje central, unida a algún que otro comentario mirando a cámara, aportan la decisiva nota humorística para quitarle hierro al asunto. De la misma manera que la imagen recurrente de la pareja despidiéndose antes de que cada uno entre en su habitación del hotel (con el aparente amago, por parte de ambos, de "ceder" a la tentación) intenta emular la sensualidad de Cary Grant y Grace Kelly en Atrapa a un ladrón (To Catch a Thief, 1955). Asimismo, y a un nivel mucho más anecdótico, sorprende reconocer a Roman Polanski entre la concurrencia que baila a ritmo de swing en un club de jazz de Cracovia.



sábado, 12 de noviembre de 2022

Fin de la noche (1957)




Título original: Koniec nocy
Directores: Julian Dziedzina, Pawel Komorowski y Walentyna Maruszewska
Polonia, 1957, 76 minutos

Fin de la noche (1957) de Dziedzina, Komorowski y Maruszewska


Tres alumnos de la Escuela de cine de Łódź, Dziedzina, Komorowski y Maruszewska (que aún firmaba con su apellido de soltera, Uszycka), aunaron su talento en un primer largometraje que les sirvió, además, como trabajo de diplomatura. Se trata de Koniec nocy (1957), retrato generacional cuyo rasgo más destacable sería el vacío existencial de unos jóvenes exentos de los ideales que cabría esperar en el seno de una sociedad oficialmente comunista. Muy al contrario, los personajes de esta historia carecen por completo de escrúpulos a la hora de cometer pequeños hurtos y emborracharse en fiestas que suelen terminar como el rosario de la aurora.

Resulta, pues, llamativo comprobar cómo esta nueva hornada de cineastas ponían el acento en aspectos a priori ajenos a los postulados del realismo socialista, probablemente porque sus referentes más inmediatos y explícitos (en el cine que frecuentan los protagonistas se está proyectando Domenica d'agosto (1950) de Luciano Emmer) pasan antes por el neorrealismo italiano que no por lo que dictaban las instancias oficiales polacas en materia cinematográfica.



Sin embargo, dicho afán "rupturista" no impide que la película se cierre con el inevitable discurso moralizante por parte de la Milicia Ciudadana (máxima institución policial del país) y los ya mencionados elementos de una juventud descarriada declarando ante el tribunal de menores como paso previo a su ingreso en prisión.

Con todo y con eso, el interés de la cinta en tanto que documento histórico se mantiene intacto, con todos esos muchachos de vida disoluta que lo mismo se dan a la fuga tras atropellar a un peatón que destrozan la cabina de tiro al blanco de un pobre feriante. Interpretados, entre otros, por dos jóvenes actores que darían mucho que hablar: Zbigniew Cybulski (1927–1967), algo así como el James Dean polaco, y un vivaracho Roman Polanski cuyo papel de Mały destaca como uno de los más díscolos de la cuadrilla.



viernes, 11 de noviembre de 2022

Naufragios (1957)




Título original: Wraki
Directores: Ewa Petelska y Czesław Petelski
Polonia, 1957, 76 minutos

Naufragios (1957) de Ewa y C. Petelski


Historia de buzos y rencillas sentimentales, Wraki (1957) sitúa buena parte de su acción en alta mar e incluso en las profundidades submarinas. Se trata, por tanto, de un drama psicológico cuyo argumento gira en torno a una falsa acusación de negligencia con motivo de una arriesgada operación de rescate. Con el agravante de que los dos compañeros implicados en los hechos compiten por el amor de la misma mujer, lo cual suscita la sospecha de si Antoni Barnat (Zbigniew Józefowicz) habrá actuado premeditadamente contra la integridad física de su amigo y rival Rafał Grabień (Zbigniew Cybulski).

Una vez en tierra firme, los protagonistas retoman el pulso de sus respectivas existencias sumergiéndose ahora en el bullicio de los bailes populares o en una añorada paz hogareña tan placentera como efímera. Porque el deber apremia y, más pronto que tarde, la tripulación deberá regresar a su puesto a bordo del buque.



Sin embargo, la acción de la película arranca durante los días aciagos de la Segunda Guerra Mundial, con unos eufóricos oficiales nazis que cantan alegremente a voz en cuello, ajenos al destino funesto que les aguarda (o quizá porque lo intuyen). También en los primeros instantes, antes incluso de que se produzca el hundimiento del Adlerhorst, habremos visto a un tal Romek (Polański) llamar a la puerta de la bella Teresa (Urszula Modrzynska) para hacerle entrega de un paquete.

Aparte de su cuidada fotografía en color, lo más destacable de la cinta reside en la pericia del matrimonio Petelski a la hora de recrear el ambiente claustrofóbico que rodea la actividad profesional de unos hombres avezados a pasar largas temporadas en la soledad del piélago. A este respecto, resultan especialmente interesantes las escenas subacuáticas, en las que la respiración de los escafandristas, unida a la morosidad de sus movimientos en el fondo abisal, prefigura, con una década de antelación, los paseos espaciales de los astronautas de 2001: A Space Odyssey (1968).



domingo, 6 de noviembre de 2022

Nikodem Dyzma (1956)




Director: Jan Rybkowski
Polonia, 1956, 107 minutos

Nikodem Dyzma (1956) de Jan Rybkowski


Nikodem Dyzma (Adolf Dymsza) es apenas un aspirante a obtener trabajo en algún club nocturno de varietés, si bien lo rechazan por considerarlo excesivamente provinciano. Sin embargo, un giro inesperado del destino hará que encuentre en plena calle una invitación para cierto baile elegante, al que decide acudir con el objetivo de devolver la invitación y así ganarse una propina. Pero al llegar allí, ataviado con su frac, lo confunden con uno de los invitados y, gracias a su don de gentes, entabla relación con influyentes personalidades que lo catapultarán a las altas esferas del Estado.

El deshielo que siguió a la muerte de Stalin comenzó de inmediato a dar frutos visibles en la cinematografía polaca, hasta el extremo de que la novela más célebre de Tadeusz Dołęga-Mostowicz (1900–1939), largamente prohibida por las autoridades prosoviéticas, se llevó enseguida a la pantalla. El resultado fue una sátira política que ridiculiza la figura de un arribista atípico, hombre simple y bondadoso, aunque sin especiales dotes para el ejercicio de la política, que accede al poder más por ineficacia del sistema que por méritos propios.



En líneas generales, Nikodem Dyzma (1956) destaca por su tono bufo al servicio de la vis cómica, un tanto chaplinesca, del actor Adolf Dymsza (1900–1975), más conocido como "Dodek", quien había gozado de enorme popularidad antes de la guerra. De hecho, ése era el espíritu que la película aspiraba a recrear, huyendo de las formalidades del realismo socialista hasta entonces imperante.

En la práctica, dos generaciones de intérpretes (los veteranos curtidos en el cine de los años treinta y los jóvenes surgidos de la Escuela de Łódź, entre ellos Polanski, que aparece fugazmente haciendo de botones en un hotel) unieron sus esfuerzos para sacar adelante una producción cuyo impacto fue enorme en una sociedad ávida de aires renovadores y, al mismo tiempo, de reírse de sí misma y de sus gobernantes.



sábado, 5 de noviembre de 2022

Una hora sin sol (1955)




Título original: Godzina bez słońca
Director: Paweł Komorowski
Polonia, 1955, 16 minutos

Una hora sin sol (1955) de Paweł Komorowski


Una risueña melodía de acordeón ilustra las andanzas de tres espigados colegiales por las calles del centro histórico de Cracovia. Como no tienen en qué ocupar su tiempo, más allá de sentarse a tomar el sol, no tardarán en tramar alguna trastada. Que no es otra sino "robar" una pequeña talla medieval expuesta en el museo de la ciudad. Divertidos, y un tanto temerosos, esconden la pieza de arte entre las almenas de una vieja muralla para, a continuación, dedicarse a observar las reacciones del conserje y de la bella directora. Pero los remordimientos de conciencia se apoderan de los muchachos, quienes, cada uno por su cuenta, van a hacer lo posible por reponer la escultura en su sitio.

Intencionadamente o no, la puesta en escena de Godzina bez słońca (1955) responde a unos parámetros muy franceses (o, por lo menos, muy parisinos) que remiten de inmediato al cine de, por ejemplo, Jacques Tati. Lo cual no es óbice para que, al mismo tiempo y pese a su carácter plenamente polaco, anticipe, a su vez, el tono entrañable de inocencia juvenil que estará presente en Les mistons (1957), uno de los primeros cortometrajes de Truffaut. Al fin y al cabo, también Paweł Komorowski (1930–2011) era un debutante y de ahí, tal vez, las similitudes entre ambos.

Por último, vale la pena destacar la presencia de Polański como cabecilla del trío protagonista, un papel que interpretó con asiduidad en aquellos primeros años de actividad profesional, cuando apenas era un actor de reparto, a pesar de que por edad (ya rebasaba la veintena) no le correspondiese dicho perfil. Sin embargo, invariablemente ataviado con su pantaloncito corto y su cartera, se le ve muy creíble en todo momento.



viernes, 4 de noviembre de 2022

La bicicleta encantada (1955)




Título original: Zaczarowany rower
Director: Silik Sternfeld
Polonia, 1955, 72 minutos

La bicicleta encantada (1955) de Silik Sternfeld


A grandes rasgos, Zaczarowany rower (1955) podría ser definida como la historia de un gran campeón que pasa de individualista irredento a miembro ejemplar de un equipo deportivo. Stanislaw Popiel (Józef Nalberczak) es un as del ciclismo al que miles de seguidores aclaman a lo largo y ancho de la geografía polaca. Especialmente los niños, para quienes el corredor representa, poco más o menos, un héroe nacional. Sin embargo, y a pesar de las pasiones que suscita entre los jóvenes, Popiel peca en exceso de un individualismo narcisista que se echa de ver enseguida en el engreimiento con el que da la charla durante su visita a un colegio.

Suerte que hay chicos que, como Adaś (Roman Polański), están dispuestos a enrolarse clandestinamente entre los técnicos de la selección para persuadir con sus consejos a la estrella y así lograr que ceda en beneficio del colectivo. A fin de cuentas ése es y no otro el mensaje de una película cuyo argumento transmite valores en la órbita del ideario oficial del régimen comunista. En todo caso, lo cortés no quita lo valiente y la crítica implícita al culto a la personalidad no impide que, al mismo tiempo, se fomente una cierta rivalidad frente al corredor húngaro que amenaza con frustrar la victoria local en la última etapa de la Vuelta Ciclista a Polonia.

A Popiel (derecha) sólo le falta el bigote para parecerse a Stalin


En otro orden de cosas, y ahondando en algo que apuntábamos en el párrafo anterior, no sería descabellado advertir una alusión velada a los peligros del estalinismo en la figura de un deportista de élite, modelo de conducta para el común de la sociedad, en especial los adolescentes, que a punto está de echar a perder el proyecto común por culpa de su excesiva egolatría. Efectivamente, la muerte del máximo dirigente soviético se había producido en marzo del 53 y el consiguiente deshielo empezaba a notarse también en los países del entorno.

De todas formas, la lectura que se impone en primer término, mucho más amable, es la de esos mozalbetes un tanto pícaros, con Adaś a la cabeza, siempre dispuestos a copiar en el examen de latín o a pegarle el cambiazo a algún compañero de clase a la hora del bocadillo. Asimismo, la emoción puramente competitiva de la etapa crucial, entre Kielce y Varsovia, proporciona momentos tan trepidantes como la épica llegada de los corredores, ovacionados por las masas, al antiguo estadio del Legia.



jueves, 3 de noviembre de 2022

Tres inicios (1955)




Título original: Trzy starty
Directores: Ewa Petelska, Czeslaw Petelski y Stanislaw Lenartowicz
Polonia, 1955, 103 minutos

Tres inicios (1955) de VV.AA.


Muy célebres debían de ser estos filmes de episodios en la Polonia comunista teniendo en cuenta que es el segundo de tales características, tras Tres relatos (Trzy opowiesci, 1953), que comentamos con pocos días de diferencia. Y de nuevo el matrimonio Petelski firmaba un par de segmentos, mientras que el tercero corrió a cargo de Stanislaw Lenartowicz (1921–2010). Aparte de su tono amable, el denominador común de las tres historias que integran Trzy starty (1955) sería el trasfondo deportivo de todas ellas, vinculado a la ética de unas jóvenes promesas, pertenecientes a distintos ámbitos, que experimentan algún fracaso en el inicio de sus respectivas carreras. Así, por ejemplo, la nadadora del primer capítulo destaca por una disciplina intachable hasta que un desengaño amoroso le hace perder la seguridad en sí misma. En cambio, el púgil del segundo fragmento será descalificado por haberse visto envuelto en una reyerta callejera con otros alborotadores. Finalmente, la tercera y última parte gira en torno a una accidentada carrera ciclista.

Quizá lo más original de una cinta más bien intrascendente (para qué nos vamos a engañar) reside, tal vez, en la manera en que los distintos episodios se van engarzando en la trama. A este respecto, un grupo de hombres, entrenadores de las disciplinas deportivas arriba indicadas, coincide en un vagón de tren. Los cuales, por aquello de amenizar el viaje, irán rememorando las anécdotas más relevantes que han vivido como profesionales. De modo que lo que ve el espectador no es sino cada uno de esos flashback.



No hace falta recalcar la utilización que los regímenes del bloque socialista hicieron de las gestas deportivas de sus atletas para darse cuenta de que probablemente esta película encierra algún mensaje de tipo propagandístico. En todo caso, es el carácter moral de las situaciones (el deber cívico frente a la esfera personal) lo que determina el enfoque de unos dilemas cuyo desenlace viene, en buena medida, condicionado por las directrices de la industria cinematográfica polaca.

Con todo y con eso, dado el carácter ligeramente cómico que los tres directores imprimen a la puesta en escena, ni la nadadora ni el boxeador ni el ciclista se verán expuestos a unas tribulaciones excesivamente severas. Ni siquiera ese jovencísimo Polanski de apenas veinte años que interviene fugazmente en el segundo segmento y que comenta divertido con su hermana en la ficción el combate pugilístico que en aquel preciso instante están retransmitiendo por la radio.



martes, 1 de noviembre de 2022

Kanal (1957)




Título alternativo: La patrulla de la muerte
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1957, 94 minutos

Kanal (1957) de Andrzej Wajda


Aparte de que no hacen presagiar nada bueno, las desoladoras imágenes con las que se abre Kanał (1957), mostrando desde el aire las ruinas de la capital polaca, contrastan abiertamente con el argumento de una película que, en su mayor parte, va a transcurrir bajo tierra. Curiosa manera ideada por Wajda para hacer sentir al espectador que no hay escapatoria posible frente a la destrucción que asola la ciudad. Continúan los títulos de crédito con más escenas devastadoras, ahora de oficiales nazis provistos de lanzallamas cuyo mortífero contenido liquida las fachadas que aún quedaban en pie hasta reducirlas a escombros.

Pero Andrzej Wajda es un cineasta de grandes proporciones y, no contento con semejante preámbulo, todavía nos depara un larguísimo trávelin de varios minutos durante los cuales aprovecha para presentar a sus personajes a través de una voz en off: "Éstos son los héroes de la tragedia. Obsérvenlos con cuidado, pues son éstas las últimas horas de sus vidas".



Estamos a finales de septiembre de 1944 y la insurrección de Varsovia se halla próxima a su fin. No obstante, a los integrantes de la patrulla del teniente Zadra (Wienczyslaw Glinski) aún les espera un calvario cuyo punto álgido se desarrollará a lo largo de las pestilentes galerías del alcantarillado urbano (Kanał, en polaco). La sensación claustrofóbica, por descontado, se irá incrementando conforme avancen en pos de una libertad que ya sabemos de antemano que no lograrán...

Segunda entrega de su Trilogía de la Guerra, la puesta en escena de Wajda no deja lugar a dudas sobre la maestría de un director capaz de trasladar al subsuelo la tensión del conflicto que se vive en la superficie. Y lo hace a base de primeros planos del rostro de unos individuos, hombres y mujeres de toda condición (Polanski aparece fugazmente, arrastrándose por el cieno), a los que la angustia provoca delirios dantescos. Cualidades que le valieron a la cinta el Premio Especial del Jurado en Cannes, compartido con El séptimo sello de Bergman.



lunes, 31 de octubre de 2022

Generación (1955)




Título original: Pokolenie
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1955, 87 minutos

Generación (1955) de Andrzej Wajda


Arranca Pokolenie (1955) con una magistral panorámica de casi 360º que termina convirtiéndose en un largo plano secuencia a través de un mísero barrio de chabolas a las afueras de Varsovia. Sin embargo, la banda sonora de Andrzej Markowski transmite mientras tanto la idea de que, a pesar de las penurias que puedan estar soportando, los habitantes de aquel poblado son pobres pero honrados. Luego la voz en off del protagonista acabará de poner al espectador en situación, dando a entender que todo lo que sigue no es sino un largo flashback a propósito de lo que fue su juventud y toma de conciencia política.

Primer largometraje en la filmografía de Wajda, la película que nos ocupa iniciaba también su Trilogía de la Guerra, completada en años sucesivos por La patrulla de la muerte (Kanal, 1957) y Cenizas y diamantes (Popiól i diament, 1958). Títulos, todos ellos, caracterizados por un realismo no exento de la distancia necesaria para juzgar los terribles acontecimientos que en ellos se exponen. En ese sentido, la historia del joven Stach (Tadeusz Lomnicki), pese a reflejar el heroísmo del pueblo polaco en su lucha contra el invasor nazi, contiene, asimismo, elementos que lo alejan del típico tono propagandístico auspiciado por el régimen comunista.



Por otra parte, la presencia de Polanski entre el grupo de amigos del protagonista aporta una nota curiosa en un filme donde lo ideológico se mezcla con las ilusiones propias de la edad. De ahí que los personajes, ladronzuelos de carbón o aprendices en algún taller de mala muerte, acaben involucrándose en la lucha armada como si de un juego se tratase. Candidez que, en lo referente a Stach, se hace todavía más evidente por el hecho de que su activismo nace de la atracción que siente hacia la bella líder estudiantil Dorota (Urszula Modrzynska).

De todo lo cual se puede concluir que es esa vertiente humana la que aporta autenticidad al relato. Especialmente si se tiene en cuenta que el sacrificio de la generación a la que alude el título no ha sido en vano, como lo atestigua el relevo implícito en el plano final, con todos esos nuevos adeptos para la causa que la cámara muestra en contrapicado con la intención de realzar el sentimiento de esperanza en un futuro mejor.



domingo, 30 de octubre de 2022

Tres relatos (1953)




Título original: Trzy opowieści
Directores: Czeslaw Petelski, Konrad Nalecki y Ewa Poleska
Polonia, 1953, 100 minutos

Tres relatos (1953) de VV.AA.


El debut de Polanski como actor se produjo gracias a esta cinta de propaganda en tres actos dirigida por y para la juventud de un país que anhelaba su reconstrucción después de haber sido literalmente arrasado durante los aciagos años de la Segunda Guerra Mundial. Al trío de debutantes que se puso tras las cámaras (Petelski, Nalecki y Poleska, todos ellos alumnos de la Escuela de Cine de Łódź) estaba previsto que se uniese también Andrzej Wajda, aunque ese cuarto episodio no llegaría a rodarse jamás.

La primera de las historias que componen Trzy opowieści (1953) es, al mismo tiempo, la más panfletaria, con sus brigadas de jóvenes trabajadores dispuestos a sacrificarse en pro de los planes quinquenales de la revolución socialista. Sin embargo, y por más que la mayoría de ellos tenga colgado en su habitación el retrato de Lenin, hay un infiltrado que sabotea la red de tuberías echando a perder numerosos sacos de cemento almacenados. Aun así, el culpable será de inmediato identificado por uno de los capataces, quien arriesgará su vida con tal de detenerlo.



Un díscolo recluta llamado Jacek (Lech Pietrasz) es el protagonista del segundo relato, si bien el espíritu de camaradería que se respira en el cuartel será determinante para encarrilar al muchacho por la senda de la ortodoxia estalinista. Es en esta parte de la película en la que un jovencísimo Polanski, de apenas veinte años, interpreta un breve papel.

Por último, Ewa Poleska (más tarde Petelska, tras contraer matrimonio con Czeslaw Petelski, director del primero de los relatos que integran este mismo filme) se encarga de una puesta en escena de ambientación rural en la que un simple caballo siembra la discordia entre los vecinos. Y es que Adam (Ferdynand Matysik) regresa del servicio militar con un rocín que le regala a su padrino Wierzbicka (Wanda Szczepanska), quien, hasta la fecha, se había negado reiteradamente a formar parte de la cooperativa agrícola local.



sábado, 29 de octubre de 2022

Polanski Meets Macbeth (1972)




Título en español: Polanski se encuentra con Macbeth
Director: Frank Simon
Reino Unido, 1972, 48 minutos

Polanski Meets Macbeth (1972) de Frank Simon


Por asombroso que parezca, una producción a priori tan sesuda como Macbeth (1971) fue auspiciada por la revista Playboy. Tal vez ello explicaría que la recepción de la película no resultase excesivamente entusiasta por parte de público y crítica, si bien su director, un Polanski que volvía a colocarse tras las cámaras después del traumático asesinato de su esposa Sharon Tate, puso todo su empeño en que el proyecto saliese adelante.

Como documento histórico (hoy lo llamaríamos Making-of o Behind-the-scenes) el documental Polanski Meets Macbeth (1972) ofrece la posibilidad de descubrir los pormenores de un rodaje que no debió de ser precisamente cómodo (las escenas del bosque andante, por ejemplo, rodadas en la gélida campiña de Northumberland, así parecen atestiguarlo).



La parsimonia con la que derraman litros de sangre artificial sobre el cuerpo de alguna criatura o el empecinamiento con el que sierran el peto de Jon Finch para que la contundencia de los hachazos que recibe parezca mayor aportan un tono ligeramente cómico en el contexto de lo que iba a ser una oscura tragedia medieval.

En todo caso, lo más llamativo, aparte de conocer las habilidades como esquiador del cineasta polaco, de visita en su residencia suiza de Gstaad durante unos días de pausa, son detalles como la conversación que mantiene con el guionista Kenneth Tynan (1927–1980) a propósito del parecido físico de uno de los personajes con Charles Manson. Por no hablar de la tremenda bronca que le cae a un extra cuando Polanski advierte que lleva zapatos modernos bajo el atuendo de su armadura.



viernes, 28 de octubre de 2022

Weekend of a Champion (1972)




Título en español: El fin de semana de un campeón
Directores: Frank Simon y Roman Polanski
Reino Unido, 1972, 80 minutos

Weekend of a Champion (1972)


En un momento dado de Weekend of a Champion (1972) Jackie Stewart se afeita frente al espejo y, tras hacerse un pequeño corte, llama entusiasmado a Polanski: "¡Roman! ¡Roman! ¡Ésta va a ser una gran película! ¡A ti te encanta la sangre en tus películas!" La anécdota, amable e intrascendente, aporta la clave de los derroteros por los que discurre un documental hoy bastante olvidado, pero que en su día unió a dos celebridades con motivo del Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1.

El retrato que del automovilista escocés, tres veces campeón del mundo, ofrece la cinta destaca por la sencillez de su carácter, al tiempo que, convertido en ídolo de masas, se deja querer por un público que lo agasaja con continuas muestras de admiración. Sin embargo, Stewart se muestra sereno ante las preguntas de un Roman Polanski que no duda en curiosear a propósito de detalles más íntimos, como, por ejemplo, si el piloto mantiene relaciones sexuales con su esposa antes de una carrera importante.



Aunque lo más destacable de sus confesiones, por supuesto, gira en torno a los entresijos de una actividad de riesgo a menudo condicionada por factores tan imprevisibles como la lluvia o lo resentido que queda su cuello a consecuencia de lo dificultoso que resulta maniobrar a través del entramado de callejuelas del circuito urbano monegasco.

Sea como fuere, el boato de las cenas de gala, entre cuyos asistentes, aparte del Príncipe Raniero y Grace Kelly, destaca la presencia de personalidades del mundo de la farándula como Joan Collins o Ringo Starr, se acaba imponiendo en justa recompensa por una nueva victoria: la corona de laurel bien vale unas cuantas ampollas en las manos.



domingo, 23 de octubre de 2022

Las más famosas estafas del mundo (1964)




Título original: Les plus belles escroqueries du monde
Directores: Hiromichi Horikawa, Roman Polanski, Ugo Gregoretti, Claude Chabrol y Jean-Luc Godard
Francia/Italia/Japón/Holanda, 1964, 124 minutos

Las más famosas estafas del mundo (1964)


Es posible que el reclamo de la nómina de directores participantes en este filme de episodios no se corresponda con la calidad de la mayor parte de historias narradas. En todo caso, Les plus belles escroqueries du monde (1964) giraba en torno a una temática que bien pudiera justificar la sensación de hallarse ante uno más de dichos fraudes, en esta ocasión cinematográfico. Las diferentes partes que integran la película fueron las siguientes:

Los cinco benefactores de Fumiko (Les cinq bienfaiteurs de Fumiko)

El japonés Hiromichi Horikawa (1916–2012), quien anteriormente había ejercido como ayudante de dirección de Kurosawa, sitúa la acción de su episodio en Tokio. La geisha protagonista vive obsesionada con poseer un valioso collar de perlas y cuando un viejo compositor con pinta de ser muy rico (su dentadura de platino así parece indicarlo) entra en la órbita de la muchacha, ésta creerá haber dado con la clave para obtener los fondos necesarios...

El collar de diamantes (La rivière des diamants)

Curiosamente, el segmento dirigido por Polanski quedó fuera del montaje final a petición del propio cineasta, ya que, al parecer, éste no habría quedado muy satisfecho del resultado. Sea como fuere, el argumento, coescrito junto a Gérard Brach y acompañado por la música de Komeda, plantea los ardides de una turista francesa (Nicole Karen), de vacaciones en Ámsterdam, a la hora de sacar partido de su opulento amante y así hacerse con la preciada joya que da título al episodio.



La hoja de ruta (La feuille du route)

Ugo Gregoretti (1930–2019) nos lleva hasta el casco antiguo de Nápoles para contar las tribulaciones de una prostituta (Gabriella Giorgelli) dispuesta a casarse con un anciano del hospicio con tal de evitar que la policía la expulse de la ciudad.

El hombre que vendió la Torre Eiffel (L'homme qui vendit la Tour Eiffel)

El episodio de Chabrol es, quizá, el más divertido de cuantos integran este filme. Un coleccionista alemán tan rico como corto de miras se deja liar por el despiadado Alain des Arcys (Jean-Pierre Cassel) y su equipo de colaboradores (por allí pulula también una jovencísima Catherine Deneuve), quienes orquestan el más estrambótico de los timos que jamás se haya visto al venderle la mismísima Torre Eiffel. La que se arma cuando el crédulo señor Humlaupt (Francis Blanche) pretende acceder, sin pagar entrada, a lo que él considera su propiedad es de padre y muy señor mío...

El gran timador o El falsificador caritativo (Le grand escroc ou Le faux monnayeur charitable)

Por último, la aportación de Godard, rodada en Marrakech, añade una nota nostálgica de la mano de Jean Seberg, la musa que protagonizara, junto a Belmondo, el debut cinematográfico del hoy ya desaparecido cineasta suizo. Equipada con su cámara de súper-8, la reportera norteamericana Patricia Leacock (Seberg) se adentra por las callejuelas de la ciudad hasta dar con un tipo de lo más peculiar (Charles Denner), mitad filósofo, mitad falsificador.



sábado, 22 de octubre de 2022

Mamíferos (1962)




Título original: Ssaki
Director: Roman Polański
Polonia, 1962, 11 minutos

Mamíferos (1962) de Polanski


Dos tipos, a cuál más estrafalario, avanzan a través de un paisaje nevado. Uno va tirando del trineo mientras que el otro despluma afanosamente una gallina. La música incidental, compuesta por Krzysztof Komeda, consiste en una alegre melodía interpretada por lo que pudiera ser un laúd o una cítara. A partir de ahí se irán sucediendo mil y una incidencias, tan absurdas como la propia situación arriba expuesta...

Escrito en colaboración con el también cineasta Andrzej Kondratiuk (1936–2016), el corto Ssaki (1962) prefigura algunos de los rasgos estilísticos que Polanski desarrollará en su posterior Cul-de-sac (1966). Y no tanto por el argumento, que no lo hay, sino por esa apariencia estrambótica de sus protagonistas, enfrascados en una continua lucha con el entorno y con ellos mismos.



viernes, 21 de octubre de 2022

El gordo y el flaco (1961)




Título original: Le gros et le maigre
Director: Roman Polanski
Francia, 1961, 15 minutos

El gordo y el flaco (1961) de Polanski


Un tipo canijo y esmirriado se desvela por servir y entretener a otro, bastante más rollizo, que pasa sus días indolentemente postrado en una mecedora. No obstante, tanto las ropas de ambos como la ruinosa mansión que habitan dan a entender una miseria que contrasta con la sumisión del siervo hacia su apático opresor. En más de una ocasión, atraído por la promesa de libertad que representa el panorama urbano parisino, con la silueta de la Torre Eiffel al fondo, el bufón intentará sin éxito huir de las cadenas del tirano. Aunque llega un punto en el que, cansado de ver cómo sus tentativas acaban frustrándose una y otra vez, el flaco opta por sembrar tulipanes alrededor del déspota que aporten una nota de alegría a la grisura del contexto.

El esbirro (Polanski) danzando al son que le marca su amo


Lejos de tratarse de un filme surrealista, Le gros et le maigre (1961) constituye una alegoría personal y hasta política de una claridad meridiana. Así pues, y teniendo en cuenta la condición de Polanski de ciudadano de un régimen socialista, cabría suponer que el cortometraje que nos ocupa no fue sino la plasmación en imágenes de su anhelo por abandonar la Polonia comunista. A la luz de esta lectura, parece fácil interpretar el sentido de unas imágenes cuya comicidad un tanto chaplinesca encierra, sin embargo, un alegato en favor de la libertad del individuo.



lunes, 17 de octubre de 2022

Ángeles caídos (1959)




Título original: Gdy spadają anioły
Director: Roman Polański
Polonia, 1959, 21 minutos

Ángeles caídos (1959) de Roman Polanski


Una ancianita de rostro enjuto tiene a su cargo la limpieza y vigilancia de unos sórdidos urinarios públicos. Absorta en sus propias cavilaciones, la mujer rememora diversas escenas de un pasado menos prosaico que el presente que la rodea...

De nuevo prescindiendo de diálogos, el joven Polanski obtenía con Gdy spadają anioły (1959) su diplomatura en la Escuela de cine de Łódź. Así pues, y frente al blanco y negro de la vida cotidiana, el cineasta experimenta con el color por primera vez en su carrera filmando en vivas tonalidades los recuerdos de juventud de la protagonista. A destacar la presencia en el reparto de la bella actriz Barbara Lass (1940–1995), con quien el director contraería matrimonio a finales de aquel mismo año.



domingo, 16 de octubre de 2022

La lámpara (1959)




Título original: Lampa
Director: Roman Polański
Polonia, 1959, 8 minutos

La lámpara (1959) de Roman Polanski


Un viejo taller artesanal repleto de muñecas. En su interior un anciano se afana en reparar los miembros desencajados de la multitud de cuerpos que colman los anaqueles. Se diría que todos juntos componen un singular cementerio si no fuese porque, cuando llega la hora de bajar la persiana, los habitantes de tan tétrico espacio cuchichean entre ellos aprovechando la ausencia del propietario...

Parece ser que Polanski no quedó muy satisfecho de cómo le quedó Lampa (1959), uno de los cortos que filmó durante su último año en la Escuela de cine de Łódź, y de ahí que el cineasta polaco haya generalmente renegado de su autoría. En cualquier caso, no puede negársele el haber creado una atmósfera de lo más inquietante, como de infierno de los juguetes en cuyas llamas arden las ánimas de un mundo de cartón piedra.



sábado, 15 de octubre de 2022

Dos hombres y un armario (1958)




Título original: Dwaj ludzie z szafą
Director: Roman Polański
Polonia, 1958, 15 minutos

Dos hombres y un armario (1958)


Dos individuos emergen de las aguas del mar acarreando un pesado armario con espejo. De hecho, lo llevarán a cuestas por toda la ciudad hasta que, después de un sinnúmero de contratiempos que les impiden encajar en el seno del mundo civilizado, se adentren de nuevo entre las olas encrespadas de una playa solitaria...

Absurdo y cómico a partes iguales, Dwaj ludzie z szafą (1958) plantea, sin embargo, cuestiones de muy hondo calado. ¿Cómo interpretar tan sutil argumento? ¿Se trata simplemente de un gag humorístico ligeramente surrealista? ¿O, por el contrario, las imágenes de esta singular práctica académica (que el joven Polanski rodó cuando todavía era alumno de la Escuela de cine de Łódź) encierran algún tipo de parábola a propósito del sentido de la vida?



Sea como fuere, lo cierto es que hay algo en la aparente comicidad de la situación, reforzada por la magnífica banda sonora jazzística de un debutante Krzysztof Komeda, que, aunque tímidamente, deja intuir la trascendencia de lo que supuso para las sociedades del bloque socialista el relativo deshielo que se vivió tras la muerte de Stalin.

Y no contento con escribir y dirigir esta pequeña joya muda (rasgo distintivo, por otra parte, de muchos de los cortos del cineasta), Polanski se reservó, además, un breve papel como matón de barrio, en lo que supone una premonición de su célebre cameo, años después, en Chinatown (1974).



viernes, 14 de octubre de 2022

Asesinato (1957)




Título original: Morderstwo
Director: Roman Polański
Polonia, 1957, 2 minutos

Asesinato (1957) de Roman Polanski


Un individuo accede al interior de una habitación en la que otro sujeto reposa estirado sobre una cama, profundamente dormido, por completo ajeno a la tragedia que está a punto de producirse. De pie ante el cuerpo, el extraño saca una navaja del bolsillo de su gabán y la clava en el corazón de la víctima...



No llega ni al minuto y medio de duración, pero en Morderstwo (1957) se hallan ya condensadas buena parte de las constantes que van a caracterizar la posterior filmografía de Polanski, como, por ejemplo, la oscuridad del ambiente o el espacio claustrofóbico en el que se desarrolla la acción. Por no mencionar la genialidad de que, en el primer y en el último plano, la manija de la puerta forme una cruz con el cerradero, augurando así la muerte violenta de uno de los personajes.


Interrumpiendo la fiesta (1957)




Título original: Rozbijemy zabawe...
Director: Roman Polański
Polonia, 1957, 8 minutos

Interrumpiendo la fiesta (1957) de Roman Polanski


Un grupo de jóvenes ultima los preparativos para celebrar un guateque en un jardín. Es verano y la velada se presenta llena de risas y promesas. Sin embargo, una panda de gamberros, a los que previamente se les había denegado el acceso al recinto, irrumpe en el baile liándose a palos con los invitados y echando a perder la fiesta...

Todo parece indicar que la inspiración para Rozbijemy zabawe... (1957) le vino a Polanski a raíz de unos hechos, promovidos por él mismo, que a punto estuvieron de costarle su expulsión de la Escuela de cine de Lodz. En cualquier caso, y pese al carácter aparentemente cómico de la situación, lo verdaderamente llamativo de estos primeros balbuceos cinematográficos por parte del futuro director de tantísimos títulos memorables es precisamente la práctica ausencia de diálogos, otorgando el protagonismo exclusivo a la acción y a la música.