Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Tobolowsky. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Stephen Tobolowsky. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de marzo de 2025

Arde Mississippi (1988)




Título original: Mississippi Burning
Director: Alan Parker
EE.UU., 1988, 128 minutos

Arde Mississippi (1988) de Alan Parker


Mientras se acaban de esclarecer las misteriosas circunstancias que rodean el hallazgo de los cuerpos sin vida del actor Gene Hackman y de su esposa, aprovechamos para revisar Mississippi Burning (1988), cinta de Alan Parker con el telón de fondo de las tensiones raciales en la América profunda de mediados de los sesenta.

Forman el tándem protagonista dos agentes antagónicos del FBI, Anderson y Ward, interpretados respectivamente por el ya mencionado Hackman y por un Willem Dafoe que se hallaba en los inicios de lo que después ha sido una brillante y prolífica carrera. Lo cierto es que ambos investigadores responden a caracteres radicalmente opuestos, siendo el primero un veterano de vuelta de todo y el otro un joven metódico al frente del caso, y empeñado en hacer justicia, cuya seriedad contrasta enormemente con la campechanía de su ayudante.



Pero las apariencias engañan, y a medida que avance la acción se irá viendo que Anderson no es tan vivalavirgen como a simple vista pudiera parecer, sino que bajo ese aspecto de bonachón desengañado se esconde el viejo sheriff que una vez fue. Lo cual da pie a que en diversas ocasiones saque a relucir unos métodos bastante sui géneris, como interrogar a las usuarias del salón de belleza del pueblo o coquetear con la mujer del ayudante del sheriff (interpretada por Frances McDormand), en abierta oposición con la rectitud de su superior.

Valiéndose del trasfondo histórico de la intolerancia segregacionista, Alan Parker despliega su habitual catálogo de efectismos, en especial en lo tocante a unos antagonistas, miembros del temible Ku Klux Klan, a los que se llega a odiar hasta tal punto que, cuando finalmente reciben su merecido, el espectador experimenta un morboso placer en forma de catarsis.



domingo, 15 de marzo de 2020

Buried (2010)




Título en español: Enterrado
Director: Rodrigo Cortés
España, 2010, 95 minutos

Buried (2010) de Rodrigo Cortés


Vivimos días de confinamiento, atrincherados a la espera de que amaine la pandemia. Reclusión que a más de uno se le antojará insufrible, puede que hasta claustrofóbica. Aunque podría ser peor: podríamos estar bajo tierra como el protagonista de Buried, aquel guion imposible de filmar, incluido en la célebre Blacklist hollywoodense, que el gallego (y salmantino de adopción) Rodrigo Cortés se atrevió a rodar en apenas diecisiete días y con un solo intérprete.

Exigente ejercicio de estilo en la más pura tradición hitchcockiana cuya única premisa era mantener en vilo al espectador durante noventa minutos sin salir, en ningún momento, de los límites de un ataúd. Dinamismo que se logra, además de a través de la convulsa banda sonora compuesta por Víctor Reyes, jugando continuamente con una iluminación escasa pero cambiante a base de elementos tan sencillos como un encendedor, un teléfono móvil, una linterna o un led.



Ryan Reynolds se dejó literalmente la piel durante un rodaje que tuvo lugar en Barcelona, pese a que la acción transcurra teóricamente en Irak. Su personaje, conductor norteamericano para una empresa de servicios, es víctima de un ataque terrorista, por lo que será enterrado vivo a la espera de que paguen un cuantioso rescate por él.

Los verosimilistas alegarán, tal vez, que una persona difícilmente podría aguantar hora y media sepultada sin que se le acabase antes el oxígeno (sobre todo si mantiene encendido el mechero) o que la batería de su BlackBerry dura demasiado tiempo con tan sólo tres rayitas de carga. Ni siquiera a un Zippo le cabe tanta gasolina en su interior... Minucias, si se comparan con la maestría demostrada por Cortés a la hora de filmar el interior de un féretro mediante angulaciones de todo tipo y sin repetir ni un solo plano.


domingo, 25 de agosto de 2019

Gran bola de fuego (1989)




Título original: Great Balls of Fire!
Director: Jim McBride
EE.UU., 1989, 108 minutos

Gran bola de fuego (1989) de Jim McBride


A falta de algo mejor que destacar, si algún mérito tiene Great Balls of Fire! es el haber rehabilitado la imagen pública de un artista al que los escándalos de su vida personal relegaron, durante décadas, a un segundo plano. De los devaneos y desgracias que abrumaron a Jerry Lee Lewis en el pasado más vale no dar cuenta aquí: baste señalar que su biopic —simple, superficial y pésimamente interpretado— no pasó de ser una amable recreación de los inicios de la carrera del cantante y pianista apodado The Killer.

Decir que Dennis Quaid hiperactúa en su papel de ídolo de quinceañeras se queda probablemente corto. Tal vez sería más apropiado calificarlo de caricatura, habida cuenta de la desesperante falta de credibilidad de una interpretación tan plana como desprovista de matices. Algo que podría hacerse extensible al resto del reparto, desde la candorosa Winona Ryder encarnando a la esposa impúber hasta los cientos de extras que bailan como posesos al ritmo frenético del aspirante a Rey del Rock.



De todos modos, y como suele ser habitual en este tipo de productos hollywoodenses, que tardan años en gestarse, después de haber dado mil vueltas y pasado por incontables manos, la película estuvo a punto de ser dirigida por Terrence Malick, aunque su guion, centrado en los aspectos más sórdidos del personaje, sería rechazado al considerarse excesivamente oscuro. ¿Y qué habría hecho Martin Scorsese con Robert De Niro? ¿O Michael Cimino dirigiendo a Mickey Rourke? Preguntas que quedarán para siempre sin respuesta, pero que demuestran lo voluble que llega a ser una industria en la que el talento a menudo se supedita a otros intereses mucho más venales.

A fin de cuentas, esa misma dicotomía aparece ligera e indirectamente reflejada en el filme a través de una supuesta rivalidad entre Elvis y Jerry Lee: ambos nacidos el mismo año (1935), ambos dotados de un excepcional don para la música, pero uno predestinado a convertirse en leyenda a partir de su muerte prematura y el otro, menos "afortunado", a ver cómo su estrella languidecía como consecuencia de una acusación de bigamia que genera un amplio rechazo social.