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martes, 6 de agosto de 2024

Viaje al principio del mundo (1997)




Título original: Viagem ao Princípio do Mundo
Director: Manoel de Oliveira
Portugal/Francia, 1997, 95 minutos

Viaje al principio del mundo (1997)


Un casi nonagenario Manoel de Oliveira (recordemos que el cineasta vivió nada menos que 107 años) eligió a Marcello Mastroianni para que fuese su alter ego en Viagem ao Princípio do Mundo (1997). De hecho, el actor italiano interpreta a un director de cine que, junto a los protagonistas de su próxima película, recorre una recóndita región portuguesa en busca de los orígenes familiares de uno de ellos.

Aunque, a decir verdad, no se trataría tanto de un periplo físico, sino de un viaje hacia los confines del alma humana. En ese aspecto, los personajes entran en contacto con gentes y paisajes de un medio rural en el que el tiempo parece haberse detenido. Un espacio cada vez más despoblado, pero en el que no resulta difícil encontrar a alguien que recite de memoria los versos de Barreiros o de Camões. De ahí la reticencia de muchos habitantes ante unos forasteros que hablan mayoritariamente en francés.

"Eu sou o Pedro Macau..."


Pero la fuerza de la sangre se acaba imponiendo, de modo que Afonso (Jean-Yves Gautier) logra vencer los recelos de su tía carnal (Isabel de Castro), no sin antes aguantar los muchos reproches de una campesina que se pregunta con amargura quién cultivará la tierra cuando ella y su marido pasen a mejor vida y la humanidad, fruto de una involución a escala planetaria por culpa del progreso, vuelva a la noche de los tiempos.

Road movie de corte metafísico, la puesta en escena de de Oliveira, con la cámara en el interior del coche y largos planos de la carretera que se aleja, se beneficia de la presencia crepuscular de un Mastroianni ya gravemente enfermo del cáncer de páncreas a consecuencia del cual fallecería apenas dos meses después de la finalización del rodaje. La película, la última de su prolífica carrera, se estrenó póstumamente, ya en mayo del año siguiente.



martes, 14 de abril de 2020

El coche de pedales (2004)




Director: Ramón Barea
España/Portugal, 2004, 92 minutos

El coche de pedales (2004) de Ramón Barea


Segundo largometraje dirigido por el actor Ramón Barea (Bilbao, 1949) tras la comedia monjil Pecata minuta, que supuso su debut en la dirección allá por 1998. Historia de posguerra, presumiblemente autobiográfica, que, por su planteamiento, puede recordar a los trabajos como director del también intérprete Carlos Iglesias, y que contó con la presencia, en el papel principal, del malogrado Álex Angulo. De hecho, lo que son las cosas, el actor había iniciado su carrera, con apenas dieciocho años, en las filas del grupo teatral alternativo Karraka, que casualmente dirigía el propio Barea.

Don Pablo Magaña (Angulo) es uno de aquellos personajes disparatados pero entrañables, todo corazón. Regenta una academia que lleva su nombre en la que, además de secretariado, contabilidad y cultura general, el buen hombre enseña esperanto. Pero no tiene muchos alumnos, por lo que, en sus ratos libres, ejerce como representante de grifería para la casa Roca, aunque tampoco goza de mucho éxito haciendo de comercial... Sin embargo, y a pesar de vivir continuamente entrampado, ello no es óbice para que don Pablo y los suyos se muestren siempre de buen talante.



Refugiado en las ensoñaciones de un mundo de fantasía, en el que lo mismo dialoga con su ángel de la guarda que se le aparece el comandante Diego Valor y su cohorte de pilotos siderales, Pablito asiste atónito a los tejemanejes del entorno familiar: una casa muy humilde donde llegar a fin de mes es todo un arte, pero en la que tanto sus padres como su hermana son ricos en ilusión. No obstante, el niño bebe los vientos por un cochecito de pedales que llama su atención desde la vitrina de la tienda de juguetes en la Plaza Mayor del pueblo. Lástima que la ilusión no baste para pagar las 5375 pesetas de su importe, prohibitivamente caro...

Y, por si todo esto no fuera poco, las ideas libertarias de don Pablo le cuestan el rechazo de la familia de su mujer (Rosana Pastor), amén de alguna que otra cuenta pendiente con la Justicia en vísperas de una visita oficial del Caudillo (o "Patas cortas", como suele llamarlo en la intimidad del hogar). En definitiva, la cinta destila un tono de optimismo frente a la adversidad, reforzado por el punto de vista ingenuo del niño (cuyo clan irá siendo presentado, a medida que avance la acción, mediante sus palabras sobreimpresas: "Mi padre", "Mi madre", "Mi hermana"...) que conecta de pleno con el planteamiento de La vita è bella (1997) de Roberto Benigni.


miércoles, 11 de enero de 2017

Viagem a Portugal (2011)




Título en español: Viaje a Portugal
Director: Sérgio Tréfaut
Portugal, 2011, 75 minutos

Viaje a Portugal (2011) de Sérgio Tréfaut


La visita que durante los próximos días traerá a la actriz portuguesa Maria de Medeiros hasta la Filmoteca de Catalunya ha dado arranque esta tarde con la presentación de Viagem a Portugal, del brasileño Sérgio Tréfaut, en la que interpreta a una ucraniana llegada a Lisboa con la intención de reunirse con su marido, un senegalés que trabaja en las obras de la Expo 98.

A la belleza que produce el contraste entre sus cuerpos hay que unir la del blanco minimalista que sirve de trasfondo. Pero la dicha es escasa, porque estos dos extranjeros van a sufrir en sus propias carnes la humillación de ser retenidos, cacheados y finalmente repatriados.



Poco importa que ambos sean, en realidad, licenciados en medicina: a los estrictos funcionarios de aduanas lisboetas todo eso parece importarles un bledo. En especial a la Inspectora (Isabel Ruth), cuya inflexibilidad chocará contra una Maria que apenas es capaz de comunicarse más que en ruso y chapurreando dos o tres palabras en francés.

En cuanto a la manera de filmarlos que tiene Tréfaut, quizá sea un tanto caprichoso el repetir un mismo diálogo desde el punto de vista del otro personaje. Aunque cosas peores se ven por esas pantallas de Dios... Lo que sí que no tiene perdón y es un flagrante delito de lesa cinefilia que debería ser perseguido y sancionado por los tribunales internacionales de justicia, es el hecho de acabar la peli con un cartel explicativo en el que se nos hace saber que la pareja protagonista existió realmente y qué fue de ella más tarde. He ahí un claro ejemplo de anticine. Porque si el cine es un arte visual, ¿qué necesidad hay de subrayar con un texto lo que ya han dicho las imágenes?