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martes, 16 de junio de 2026

El dosier Maldoror (2024)




Título original: Maldoror
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2024, 155 minutos

El dosier Maldoror (2024) de Fabrice du Welz 


La más reciente obra del director belga Fabrice du Welz supone un descenso a los infiernos de la condición humana, así como el retrato implacable de un caso de negligencia institucional. Inspirada libremente en el infame asunto Dutroux, el escándalo de pederastia que sacudió los cimientos de Bélgica en los años 90, Maldoror (2024) evita el morbo fácil del true crime convencional para desarrollarse como un thriller obsesivo, asfixiante y moralmente devastador. 

La trama sigue a Paul Chartier (interpretado con intensidad magnética por Anthony Bajon), un joven e idealista gendarme asignado a una unidad secreta cuya misión es vigilar a un peligroso depredador sexual que acaba de salir en libertad condicional. Pero cuando dos niñas desaparecen, la investigación se convierte para Chartier en una obsesión absoluta. Sin embargo, el verdadero enemigo no es sólo el monstruo que opera en las sombras, sino una burocracia disfuncional, la guerra de egos entre diferentes cuerpos policiales y una incompetencia sistémica que sabotea cada intento de hacer justicia. Por eso, a medida que el sistema le falle a las víctimas, Chartier iniciará una cruzada solitaria que amenaza con destruir su propia cordura.



Aun así, du Welz no busca el impacto a través de la violencia explícita, sino que el horror radica en lo que se intuye, en una atmósfera densa y en la frustración burocrática. En ese sentido, el director retrata al antagonista no como una mente maestra del crimen, sino como un ser mediocre, miserable y desagradable que logra operar impunemente porque el sistema que debería detenerlo está roto. Lo cual deja entrever una evidente crítica institucional, ya que la película es un reflejo feroz de cómo la falta de comunicación entre la gendarmería y la policía nacional, sumada a la complacencia política, costó vidas humanas.

Aunque el peso emocional recae sobre los hombros de Anthony Bajon. Su transformación física y psicológica a lo largo del metraje es brutal, pues pasa de ser un joven recluta lleno de esperanza a un hombre consumido por la rabia, con la mirada vacía de quien ha mirado demasiado tiempo al abismo. En cambio, el reparto secundario (que incluye, entre otros, a Laurent Lucas, un habitual de du Welz, y Sergi López) aporta una solidez tremenda, construyendo un microcosmos de personajes grises donde nadie es completamente inocente. El resultado es un largometraje denso, doloroso y profundamente perturbador que emparenta con el David Fincher de Zodiac (2007) o el Denis Villeneuve de Prisoners (2013) y cuyo título (una referencia a la maldad inherente en Los cantos de Maldoror del Conde de Lautréamont) hace justicia a la obra: un viaje cinematográfico impecable sobre cómo el intento de combatir a los monstruos puede terminar por convertirnos en uno de ellos.



Adoration (2019)




Título en español: Adoración
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2019, 98 minutos

Adoration (2019) de Fabrice du Welz 


Dirigida por el belga Fabrice du Welz, Adoration (2019) representa la culminación de su aclamada "Trilogía de las Ardenas", que completan Calvaire (2004) y Alléluia (2014). Sin embargo, y lejos del terror visceral de sus predecesoras, esta última entrega se adentra en un terreno mucho más lírico, oscuro y febril: el de la locura compartida (folie à deux) y la pérdida absoluta de la inocencia.

La historia sigue a Paul (Thomas Gioria), un niño solitario que vive con su madre, enfermera en una clínica psiquiátrica privada rodeada de un denso bosque. Aunque su mundo cambia drásticamente cuando irrumpe en él Gloria (Fantine Harduin), una adolescente esquizofrénica de la que se enamora instantáneamente. Convencido de que ella corre peligro, Paul la ayudará a escapar.



A partir de ahí, la película se transforma en una road movie fluvial y boscosa que, en determinados momentos, con la pareja protagonista avanzando a través de un río, pudiera recordar a clásicos como La noche del cazador (1955). Así pues, lo que empieza como una aventura de rescate romántica evoluciona rápidamente a medida que la inestabilidad mental de Gloria aflora, arrastrando a Paul a una espiral de peligro, violencia y devoción ciega (de ahí el título de la película).

Du Welz explora el amor adolescente no como algo tierno, sino como una fuerza primitiva, ciega y destructiva. Por eso Paul no sólo quiere a Gloria, sino que la adora como a una deidad pagana, estando dispuesto a sacrificar su moral, su seguridad y su cordura para mantenerla a salvo, incluso cuando se hace evidente que el peligro real es ella misma. Y es que Adoration funciona como una versión retorcida y moderna de Hansel y Gretel en la que el director de fotografía Manuel Dacosse hace un trabajo soberbio con una paleta de colores que satura los verdes del bosque y los dorados del sol, envolviendo la huida de los jóvenes en una atmósfera de ensueño febril en la que el bosque deja de ser un escenario físico para convertirse en un reflejo del subconsciente de los protagonistas: un laberinto hermoso, pero amenazante.



domingo, 14 de junio de 2026

Alléluia (2014)




Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia, 2014, 93 minutos

Alléluia (2014) de Fabrice du Welz 


La pasión que une a la pareja protagonista de Alléluia (2014) presenta todos los síntomas de lo que tradicionalmente se ha denominado, sobre todo en el ámbito artístico, amour fou. Un cuadro clínico cuya principal característica reside en la necesidad imperiosa de controlar al objeto de deseo más allá de toda cuestión razonable. Ello es lo que le ocurre a Gloria (Lola Dueñas), locamente enamorada de un individuo, de nuevo interpretado por Laurent Lucas, actor habitual en la filmografía del belga Fabrice du Welz, que se dedica a atraer a las mujeres mediante una combinación de seducción y magia negra para después aprovecharse de ellas. La sangrienta borrasca que se desata en torno a los dos hace de su relación un torbellino de consecuencias terribles para todo aquél que se cruce en su camino, especialmente si se trata de alguna de las conquistas de Michel, en general señoras mayores y, por ende, más vulnerables.

Segunda entrega de su llamada Trilogía de las Ardenas, du Welz toma como punto de partida un caso real y perturbador de la crónica negra estadounidense: los conocidos como asesinos de los "Corazones Solitarios" (Ray Fernández y Martha Beck), que ya inspiraron el clásico The Honeymoon Killers (1970) de Kastle y Volkman o Profundo Carmesí (1996) de Arturo Ripstein. Sin embargo, la propuesta de du Welz huye del biopic criminal convencional para sumergirnos en un delirio carnal, místico y claustrofóbico donde el horror nace de la dependencia emocional absoluta entre sus protagonistas.



Así pues, lo que empieza como un drama de suspense sobre timos financieros se transforma rápidamente en una espiral de celos psicóticos, ya que Gloria no soporta ver a Michel acostándose o flirteando con sus "presas". Cada mirada, cada muestra de afecto (incluso impostada) desata en ella una furia homicida. De modo que Michel, un hombre esencialmente cobarde y manipulador, se ve superado por el monstruo que él mismo ha despertado y, paradójicamente, queda atrapado por el terror y la fascinación que le produce Gloria. Hasta el extremo de que entre ambos se establece una entidad simbiótica en la que ella es la fuerza bruta y destructiva, mientras que a él le corresponde el rol de catalizador.

Tampoco el título "Alléluia" es gratuito, sino que se adivina una dimensión religiosa y ritual en el trasfondo de la película. En ese orden de cosas, el sexo, el asesinato y la devoción se confunden en una suerte de liturgia pagana. Al mismo tiempo, Gloria resulta terrorífica, cierto, pero, de algún modo, también trágica; es una mujer devorada por un vacío existencial tan grande que sólo puede llenarse con la sumisión o la destrucción. En cambio, Michel responde a un perfil que pasa de depredador seguro de sí mismo a rehén de los acontecimientos, cuya masculinidad se desmorona ante el ímpetu primitivo que representa su pareja. Una exploración salvaje del amour fou llevado a sus últimas y más sangrientas consecuencias, donde el amor ya no es una fuerza redentora, sino una enfermedad mental contagiosa y mortal.



Calvario (2004)




Título original: Calvaire
Director: Fabrice du Welz
Bélgica/Francia/Luxemburgo, 2004, 88 minutos

Calvario (2004) de Fabrice du Welz


Un modesto cantante de variedades, de nombre artístico Marc Stevens y cuyo repertorio hace las delicias de las jubiladas que acuden a sus recitales en centros cívicos y salas de fiesta de pueblo, termina recalando con su destartalada furgoneta en las profundidades de una remota aldea perdida en medio del bosque. Lo que no imagina el bueno de Marc es que bajo la aparente calma del lugar le aguardan los más crueles suplicios...

Ópera prima del belga Fabrice du Welz, en Calvaire (2004) se daban ya cita una serie de elementos que el director de la misma iría reutilizando a partir de entonces una y otra vez, obsesivamente, a lo largo de los veinte años que, de momento, abarca su filmografía. Por ejemplo nombres como Gloria y Bartel, en esta ocasión aplicados al extraño dueño de la pensión local (Jackie Berroyer) y a la esposa que un buen día decidió abandonarlo, o la presencia de Laurent Lucas encabezando el reparto en la que supuso la primera colaboración del cineasta con su actor fetiche.



Valiéndose de una puesta en escena que pudiera recordar remotamente a clásicos como Deliverance (1972), du Welz construye, sin embargo, una pesadilla en la que no escatima emociones fuertes de todo tipo, no aptas para paladares sensibles y, al mismo tiempo, idóneas para los habituales del Festival de Sitges, adonde la película obtuvo en su momento un sonado éxito. Y es que el verdadero horror de Calvaire radica no sólo en la violencia física, sino en la aniquilación del yo. Marc vive de su imagen, de seducir (aunque sea a un público anciano) y de su voz. Pero al ser atrapado por Bartel es obligado a transformarse físicamente en Gloria. Du Welz filma este proceso no como un fetiche, sino como una violación psicológica absoluta en la que el protagonista se convierte en un lienzo en blanco sobre el que un hombre desquiciado proyecta sus traumas de abandono.

Por otra parte, el paisaje de las Ardenas no es un entorno natural precisamente hermoso, sino que se trata más bien de una trampa claustrofóbica, un limbo del que es imposible escapar. En ese sentido, si hay una secuencia que define la genialidad retorcida de la película, es la memorable escena de la taberna del pueblo. En un lugar habitado exclusivamente por hombres embrutecidos, uno de ellos comienza a tocar un piano desafinado mientras los demás bailan en un trance casi hipnótico. Una escena carente de diálogos que destila, no obstante, una tensión insoportable, capturando a la perfección la demencia colectiva de una comunidad endogámica y olvidada por el mundo. No se trata, pues, de una película cómoda, sino de un viaje en el que se subvierten las expectativas del cine de terror comercial sustituyendo los sustos fáciles por una atmósfera de degradación constante. Y es que a través de la figura de su protagonista se muestra un calvario en el sentido más bíblico de la palabra: la crucifixión de la dignidad humana en un rincón del mundo donde la cordura murió hace mucho tiempo.



lunes, 26 de agosto de 2019

Una íntima convicción (2018)




Título original: Une intime conviction
Director: Antoine Raimbault
Francia/Bélgica, 2018, 110 minutos

Una íntima convicción (2018) de Antoine Raimbault


Una película de juicios a la antigua usanza, pero con el aliciente de que muestra las interioridades del aparato judicial francés a partir de un caso verídico, algo no muy frecuente en comparación con la acostumbrada presencia en el cine de Hollywood de la maquinaria procesal norteamericana. En todo caso, de un tiempo a esta parte no son pocos los títulos de la cinematografía gala en los que el poder persuasivo de la palabra posee un papel preponderante: Una razón brillante (Le brio, 2017), A viva voz (À voix haute, 2016), etc., etc.

De ser cierto lo que indican los créditos finales, Nora (Marina Foïs) es el único personaje ficticio de cuantos intervienen en Une intime conviction. Todos los demás, incluido el letrado Eric Dupond-Moretti (Olivier Gourmet), aparecen con los mismos nombres que en la vida real, lo cual da una idea del grado de implicación del debutante Antoine Raimbault a la hora de documentarse para el que ha sido su primer largometraje.



Éste es un filme en el que se emplea muy a menudo el vocablo verdad, esa criatura escurridiza tras la que media humanidad anda a vueltas y que es tan cambiante como el parecer de cada cual. En ese sentido, Nora está convencida de la inocencia de Viguier (Laurent Lucas) y removerá Roma con Santiago hasta conseguir que se repita el juicio. Queda claro, pues, que para esta cocinera con vocación de abogada defensora no hay más certeza que el hecho de que el acusado no mató a su mujer, por lo que no se arredrará ni ante la incomprensión de su entorno familiar y laboral ni ante cualquier otro impedimento con tal de que se haga justicia.

Lo preocupante vendrá cuando la obsesión por el tema adquiera tintes enfermizos, llegando a poner en peligro no sólo su estabilidad personal (es madre soltera de un menor y mantiene una relación con un compañero de trabajo), sino incluso su integridad física. Y es que tantas horas escuchando, en busca de alguna pista, las cintas con los centenares de conversaciones telefónicas de los encausados son capaces de desquiciar a cualquiera. Con todo, y tras arduos esfuerzos, servirán para que el discurso final del letrado, en la más pura tradición de los clásicos del género, sea un soberbio ejercicio de elocuencia de los que hacen historia.


martes, 26 de septiembre de 2017

Jacques (2016)




Título original: L'odyssée
Director: Jérôme Salle
Francia/Bélgica, 2016, 122 minutos

Jacques (2016) de Jérôme Salle


La inconfundible voz en off de Rafael Taibo solía acompañar en nuestro país las imágenes de los documentales sobre el mundo submarino de Jacques-Yves Cousteau (1910–1997). Pero aparte de la imagen estereotipada del anciano comandante a bordo del Calypso, ataviado con su habitual bonete rojo, poco es lo que en realidad sabemos de una figura capital en la historia de los movimientos en pro de la preservación del medio ambiente.

Por eso el director Jérôme Salle, responsable (doce años atrás) de la muy estimable Anthony Zimmer, decidió embarcarse en este biopic a propósito de la controvertida personalidad de un hombre cuyo recuerdo comenzaba a desvanecerse entre las nuevas generaciones. Y no es que se haya centrado, precisamente, en la biografía oficial del submarinista para la elaboración del guion, sino que, más bien, su equipo y él han intentado reconstruir la parte más humana y menos conocida de la trayectoria del que fuera ídolo de masas gracias a sus trabajos divulgativos para la televisión.



Preciosista y a veces un tanto frívola, L'Odyssée tiene, sin embargo, como mérito principal la asombrosa transformación de su actor protagonista, un Lambert Wilson cuyo asombroso parecido con el homenajeado hace que nos olvidemos, por momentos, de que estamos viendo un filme de ficción.

Durante las más de dos horas de metraje, acompañadas por la siempre sugerente música del aclamado Alexandre Desplat, veremos al personaje manejarse entre los suyos, con las luces y sombras de un hombre al que la fama tal vez alejó en exceso, durante algún período de su vida, de su esposa Simone (Audrey Tautou) y de sus hijos (en especial Philippe, interpretado por Pierre Niney, el actor de moda en el cine francés).

Pierre Niney (izquierda) y Lambert Wilson caracterizados

lunes, 15 de mayo de 2017

Los demonios (2015)




Título original: Les démons
Director: Philippe Lesage
Canadá, 2015, 118 minutos

Los demonios (2015) de Philippe Lesage


A nuestro juicio, tres son los momentos clave en Les démons (2015). El primero de ellos tiene lugar en los vestuarios de la piscina: mientras Félix y su amigo encierran en una taquilla al otro menor, vemos cruzar al fondo a un adulto. Sin llegar a detenerse, contempla la escena durante unos segundos para, acto seguido, desaparecer indiferente por nuestra derecha. Podría haber intervenido, evitando así el vano sufrimiento de alguien más débil. Pero no: lo que hagan los demás no es asunto suyo. El segundo de dichos instantes esenciales se produce durante la escena en la que el socorrista baja de su coche para engatusar a la posible víctima que acaba de divisar en plena calle: justo cuando parece haberse ganado la confianza del chico diciéndole que conoce a su madre y lo convence para que se vaya con él, aparece una mujer en la puerta de un comercio. Es evidente que la señora debe de haber escuchado la conversación o que, como mínimo, ha sido testigo de algún gesto que inequívocamente denote el embaucamiento que acaba de tener lugar. Y, sin embargo, no dice nada. Parece como si la impasibilidad fuese la que rige el mundo. De modo que cuando Félix, ya casi al final de la película, desista de seguir tirando de la bolsa de basura semienterrada que acaba de encontrar en el bosque (he ahí el tercer momento clave), podemos decir que ha terminado de contagiarse, definitivamente, de la maldad que lo rodea.



Algún publicista desaprensivo ha tenido a bien parangonar la ópera prima de Philippe Lesage (quien hasta ahora sólo había dirigido documentales) con el cine de Haneke, lo cual es poco menos que una condena, puesto que un debutante difícilmente ganará en la comparación con un maestro de sobras consagrado. En todo caso, sí que es cierto que alguna pequeña pincelada puede recordar a Caché (2005), sin que ello implique necesariamente el hablar de influencia. Así pues, Los demonios compartiría con la obra del alemán esa inquietante desmitificación de la inocencia infantil en la sociedad del teórico bienestar, a la par de una turbadora sensación de que las cosas verdaderamente importantes suelen acontecer fuera de campo.

Sólo faltaría añadir el uso certero de determinados fragmentos musicales (temas de La Pasión según San Mateo de Bach o Finlandia de Sibelius) para que el resultado final sea una radiografía precisa de esos fantasmas que enturbian la conciencia de los personajes. Inseguridades que van a condicionar, y de qué manera, su normal desarrollo afectivo o sexual tanto en el ámbito familiar como en el escolar.

P.D.: Quienes hayan reparado en el oscuro profesor que a duras penas puede caminar apoyándose sobre una muleta, deberán saber que está interpretado por el propio Philippe Lesage, director de la película.


jueves, 23 de marzo de 2017

Crudo (2016)




Título original: Grave
Título alternativo: Raw
Directora: Julia Ducournau
Francia/Bélgica, 99 minutos, 2016

Crudo (2016) de Julia Ducournau


Hay miles de formas de arrancar una película, pero sólo está al alcance de muy pocas el conseguir impactar a las retinas del siglo XXI: una muchacha se aproxima por el margen derecho de una solitaria carretera secundaria para, acto seguido, esconderse con sigilo en el arcén. De repente, irrumpe un automóvil en sentido contrario y ella aprovecha entonces para arrojarse bajo sus ruedas...

Los más avispados del lugar ya se habrán dado cuenta de que estamos hablando de la escena inicial de Crudo, uno de esos filmes que dejan huella. Porque realmente hace falta tener estómago para aguantarla sin que te vengan arcadas. Por eso, que nadie se llame a engaño. El que avisa no es traidor: aquello de "contiene imágenes que pueden herir gravemente su sensibilidad" en este caso se queda corto. Mejor estar prevenido.

Si, aun así, todavía hay aguerridos que decidan adentrarse por los intrincados vericuetos de las andanzas de Justine (Garance Marillier) durante su primer año en la Facultad de Veterinaria, se encontrarán con una historia en la que, más allá de sus escenas gore, se tratan temas como el miedo a ser rechazado y hasta dónde están dispuestos a llegar los adolescentes con tal de ser aceptados por el grupo. Lo cual nos lleva, inevitablemente, a las novatadas que deben soportar muchos alumnos al incorporarse a un nuevo centro educativo. Por supuesto que la joven directora Julia Ducournau carga en exceso las tintas en lo que supone su debut en la gran pantalla. De hecho, uno se pasa buena parte del metraje pensando: "Y ahora se despertará" o "seguro que es todo una pesadilla..." Tan exagerado es todo lo que se nos muestra. Pero no: ni la protagonista está soñando ni, por desgracia, nosotros tampoco.



Y, claro: la hiperbólica y difícil relación que Justine y su hermana Alexia (Ella Rumpf) mantienen con la carne tal vez esconda, en realidad, la obsesiva inquietud de muchos jóvenes de hoy en día por la alimentación (en exceso o por defecto). Vinculada, por otra parte, con el sexo y con los excesos de todo tipo: son varios los momentos de juerga gamberra universitaria que se viven en Grave (Raw es su título internacional).

En fin: siempre es un consuelo pensar que la película está coproducida por la novia del Presidente de la República Francesa, una Julie Gayet que, con su nombre en los títulos de crédito, le da empaque y prestancia a una producción que corría el riesgo de ser denostada por lo explícito de su contenido. Y, ¿qué decir de Laurent Lucas? Que es ese actor acostumbrado a formar parte del elenco de cintas a cuál más inquietante (Harry, un ami qui vous veut du bienLemming, ambas de Dominik Moll) y que aquí interpreta a un padre de familia que, en el plano final, nos dará la clave para entender a fondo la trama.