Mostrando entradas con la etiqueta René Clément. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta René Clément. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de octubre de 2017

La Bella y la Bestia (1946)




Título original: La Belle et la Bête
Director: Jean Cocteau
Francia, 1946, 96 minutos

La Bella y la Bestia (1946) de Jean Cocteau

Érase una vez un mercader extremadamente rico que tenía seis hijos, tres varones y tres mujeres y, como este mercader era un hombre inteligente, no escatimó en la educación de su progenie, proporcionándole toda suerte de maestros. Sus hijas eran muy hermosas, especialmente la menor, quien despertaba tanta admiración en todos que desde muy pequeña la apodaron la Niña Bella, de suerte que, para envidia de sus hermanas, se quedó con tal nombre.

Madame Leprince de Beaumont
"La Bella y la Bestia"
Traducción de Vanesa G. Cazorla

Quien se haya dejado seducir alguna vez por la mágica atmósfera de cuento de hadas que el versátil Jean Cocteau acertó a recrear en su artesanal versión del ya clásico relato de Leprince de Beaumont seguramente se quedaría atónito si supiese la enorme cantidad de contratiempos a los que debieron enfrentarse él y su equipo. Dificultades derivadas, en su mayor parte, de la carestía que siguió al fin de la Segunda Guerra Mundial y que fueron desde una cámara que a duras penas rodaba en condiciones hasta las continuas entradas y salidas del quirófano de varios miembros del personal aquejados de diversos problemas de salud (Jean Marais y el propio Cocteau, sin ir más lejos, tuvieron que ser intervenidos a causa de sendos ántrax).



En el diario de rodaje que llevó a cabo durante el período de filmación, el director lo fue consignando todo cuidadosamente. De este modo, arranca pletórico el domingo 26 de agosto del 45: "Tras un año de preparativos y de obstáculos, empiezo a rodar mañana. Sería estúpido quejarse del tipo de dificultades que engendra una empresa así, porque creo que nuestro trabajo nos obliga a soñar despiertos, a soñar el más bello de los sueños." (página 21). Euforia que enseguida dará paso a la exasperación: "Esperaba que el cielo azul durase. Esperaba romper con mi ritmo habitual y disfrutar de una racha de buena suerte. He sido un ingenuo. Las mismas dificultades me persiguen y, como éstas siempre se presentan desde un ángulo distinto, me pillan de improviso. ¿Tendremos sol? ¿Tendremos un objetivo que funcione? ¿Tendremos algún otro obstáculo más? Trataré de dormir y de esperar. La espera: ésa es la tragedia del cine." (pp. 25-26).



Fatalidad que se irá concretando de un modo específico en las caprichosas condiciones atmosféricas del cielo sobre Turena. Ora radiante, ora nublo, Cocteau comprueba con impotencia cuán voluble puede llegar a ser el clima por aquellas latitudes, con lo que ello suponía para la viabilidad del proyecto: "De continuar las tormentas, nos veremos en apuros. Es extraño que empresas tan caras como el cine puedan estar a expensas de un barómetro..." (página 32). Y no sólo las inclemencias meteorológicas: el azar también quiso que las aeronaves de una cercana escuela militar sobrevolasen continuamente la casa solariega en la que se habían instalado, arruinando el audio de no pocas tomas.

Josette Day, Jean Marais y Cocteau durante una pausa del rodaje

Pero, anecdotario al margen, lo que verdaderamente llama la atención de La Belle et la Bête es su cuidado vestuario de época, al que habría que sumar la meticulosa caracterización de la criatura, especie de felino antropomorfo cuyo incómodo maquillaje le suponía al sufrido Jean Marais cinco largas horas de preparación. Y ¿qué decir de la extraordinaria creatividad con la que Cocteau, respaldado en el apartado técnico por René Clement, soluciona las más variadas circunstancias? Brazos que semejan antorchas, puertas que se abren y cierran solas, esculturas que parecen cobrar vida propia... Nunca menos fue tanto, haciendo de la necesidad virtud. Hasta el punto de que el realizador, finalmente satisfecho del resultado, asevera: "Realizamos nuestro trabajo final bajo un cielo radiante, sin una nube. Mirando atrás, bendigo las nubes: son la gloria del cielo de Turena. Incluso cuando el sol las evita, ellas otorgan a la luz una elegancia perlada. Demasiado crudo y demasiado fácil. He logrado cada plano a viva fuerza y me atrevo a decir que he hecho las cosas que quería hacer. Ningún plano me ha dejado esa leve angustia causada por la discrepancia entre lo que realmente ha sido y lo que habría podido ser. Si hay errores, son míos, de modo que no podré reprochárselos a nadie." (página 62).



P. D. Por su hermosura, no puedo resistirme a reproducir las palabras que anota Cocteau el domingo 7 de octubre de 1945 a las ocho de la mañana: "El mío es un trabajo de arqueólogo. La película existe (preexiste). Lo que tengo que hacer es descubrir dónde yace dormida y desenterrarla a fuerza de pala y pico. A veces la estropeo con mi impaciencia; pero los fragmentos que quedan intactos brillan con la belleza del mármol." (página 92).

sábado, 5 de agosto de 2017

Los felinos (1964)




Título original: Les félins
Director: René Clément
Francia, 1964, 93 minutos

Los felinos (1964) de René Clément

Quand on parlait de cet homme discret, on lui collait l'étiquette de « grand technicien ». Dans un pays qui ne jure que par « l'auteur », un tel qualificatif est péjoratif. Mais ne vaut-il pas mieux, parfois, être un grand technicien qu'un petit auteur ?

Bernard Génin
« René Clément, le perfectionniste »
Télérama, 02/03/2012

Creer que en la Francia de los sesenta sólo existió la Nouvelle Vague es tan osado como inexacto: mucho antes de que los jóvenes realizadores forjados como críticos diesen el salto a la dirección desde las páginas de Cahiers du cinéma, hubo un hombre que ya había transitado antes por esos mismos derroteros. Sin embargo, para los Godard, Truffaut y compañía el cine de René Clément mereció a menudo una cierta indulgencia compasiva, motivada por lo heterogéneo de la obra del autor de La bataille du rail (1946), en cuya filmografía la variedad de géneros tratados podría inducir a pensar en la ausencia de un estilo definido.

Algo fácilmente desmentible si revisamos películas como Les félins (1964). Ahondando en la misma línea de film noir que ya ensayara en Plein soleil (1960), Clément volvió a requerir los servicios de un Alain Delon definitivamente encasillado en el rol de buscavidas granuja y atractivo al que, tarde o temprano, la suerte deja de sonreírle. Ante sí, convertido en chófer a su servicio, tendrá a dos bellas americanas: Melinda (Jane Fonda) y la viuda Barbara (Lola Albright, fallecida, por cierto, el pasado mes de marzo a los 92 años).



El título, lo mismo en francés que en castellano, alude al carácter taimado de unos personajes sin escrúpulos, siempre dispuestos a tirar de su astucia con tal de salirse con la suya. Como Marc (Delon), de profesión manipulador: hábil con las cartas y con las mujeres, su existencia es la del don Juan acostumbrado a seducir esposas de millonarios para vivir a su costa. Hasta que tiene que salir pitando de Nueva York (donde arranca la acción) porque el airado marido de una de ellas, capo de la mafia, le envía a sus matones para que acaben con él.

Así es como recala en la Riviera francesa, donde, tras huir in extremis de sus perseguidores, logrará refugiarse en el Asilo de la redención, albergue para indigentes regentado por un sacerdote al que la señora Hill y su prima acuden dos veces por semana para llevar a cabo labores de caridad. De allí, Marc pasará a la lujosa mansión neogótica repleta de obras de arte en la que conviven ambas mujeres rodeadas de cabezas de jíbaro y espejos que esconden más de lo que reflejan...

La soberbia banda sonora del argentino Lalo Schifrin, uno de sus primeros trabajos para la gran pantalla, aportaba al conjunto ese característico dinamismo jazzístico que más tarde harían célebre sus composiciones para Hollywood (Bullit, Misión imposible, Harry el sucio...), mientras que, por otra parte, Costa-Gavras hacía sus pinitos en el mundo del cine como ayudante de dirección de Clément.


miércoles, 29 de julio de 2015

La batalla del raíl (1946)




Título original: La bataille du rail
Director: René Clément
Francia, 1946, 85 minutos

Hay películas que solo por haber sido rodadas bajo condiciones adversas, al mismo tiempo o poco después de que aconteciesen los decisivos hechos que narran, ya aparecen envueltas en un halo de leyenda. Tal es el caso, por citar únicamente algunos ejemplos célebres, de Sierra de Teruel (1945) de Malraux, Roma, ciudad abierta (1945) de Rossellini o, en menor medida, de El gran dictador (1940) de Chaplin. Y lo mismo podría decirse de La batalla del raíl, la película que dirigió René Clément a mayor gloria de los cheminots apenas liberada Francia de la ocupación nazi

El film se centra en las heroicas acciones de sabotaje que llevaron a cabo los ferroviarios de la región de Chalon-sur-Saône, durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, como parte activa de la Resistencia frente a los invasores alemanes. En la mayoría de casos, está interpretado por actores no profesionales, muchos de ellos los mismos combatientes que en la vida real tomaron parte en las acciones relatadas, lo cual confiere todavía más, si cabe, a La batalla del raíl la condición de documento histórico, casi un documental sobre la labor de tantos partisanos que dieron la vida por su país y la libertad.

No faltan, aun así, toques de humor en mitad de tanta heroicidad. Como en la escena en la que se produce el descarrilamiento aparatoso de un larguísimo convoy: entre los vagones y mercancías que sucesivamente salen disparados, el último elemento que aterrizará en tierra será un acordeón.

En reconocimiento a la valentía demostrada por todos los que participaron en dicha contienda, la película fue premiada en la primera edición del festival de Cannes.

De todas formas, el punto de vista adoptado en el film dista mucho de ser imparcial. En primer lugar, porque se trata de un encargo realizado por la Resistencia y la SNCF (red de ferrocarriles francesa), razón por la cual todos los ferroviarios son presentados como luchadores espontáneos y unidos. Hay que situar la película en su contexto político: estamos en 1946, en la inmediata posguerra, y el gobierno pretende reconciliar a todos los ciudadanos, tanto colaboracionistas como resistentes, bajo la voluntad del general De Gaulle de considerar miembros de la Resistencia a todos los franceses.

Sin embargo, todo ello no le resta ni un ápice de valor a La batalla del raíl pues, a pesar de la idealización a la que se ve sometida la figura del ferroviario, sigue siendo un testimonio directo de las técnicas que utilizó la Resistencia a la hora de sabotear las líneas de ferrocarril. Claro que, por otra parte, tampoco es de extrañar que esta misma película fuese retirada tiempo después de las salas de exhibición para no dar malas ideas a los vietnamitas que luchaban en aquel entonces por obtener su independencia de Francia...

La batalla del raíl (1946) de René Clément
Imagen tomada durante el rodaje de la película
Consecuencia de uno de los actos de sabotaje
Mensaje de De Gaulle del 18 de junio de 1940