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viernes, 26 de diciembre de 2025

Nuevas amistades (1963)




Director: Ramón Comas
España, 1963, 103 minutos

Nuevas amistades (1963) de Ramón Comas


A determinadas edades conviene dormir, en otras es conveniente no cenar demasiado, en época de exámenes es preciso no leer novelas. La vida, por cualquier parte, le ofrecía a uno aquellas saludables máximas de la sabiduría popular.

Juan García Hortelano
Nuevas amistades

Avalada por el prestigioso Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix-Barral, que le había sido concedido en 1959, la primera novela de Juan García Hortelano era objeto de su correspondiente adaptación cinematográfica apenas cuatro años después. El encargado de dirigirla, Ramón Comas, tenía en su haber la muy meritoria Historias de Madrid (1958) y aún firmaría un par de trabajos más antes de retirarse prematuramente de la realización.

No obstante, y por motivos obvios, Nuevas amistades (1963) dista de poseer la fuerza del texto en el que se basa, entre otras cosas porque la censura franquista no lo hubiese permitido. Así pues, comparada con el original, la película resulta una copia resumida y descafeinada, carente de la crítica social con la que su autor retrataba la vida ociosa de unos jóvenes de buena familia que, de un día para otro, se ven envueltos en el turbio asunto de un aborto clandestino.



En ese orden de cosas, y por más que García Hortelano colaborase en el guion de la cinta, junto con Juan García Atienza y Joaquín Bollo Muro, no hay ni rastro en pantalla de los barrios de chabolas del extrarradio madrileño ni tampoco se detallan excesivamente los preparativos y demás intríngulis a los que deben hacer frente los protagonistas. Escabrosidades que en un libro podían pasar más o menos desapercibidas, pero que, por considerarse tabú, difícilmente era viable verbalizarlas o mostrarlas en imágenes.

El resultado es un filme anodino, si bien oportunamente ilustrado con la banda sonora jazzística de Pedro Iturralde, pero desprovisto en su elenco de primeras figuras (con la excepción, en un papel secundario, de José María Rodero) y cuyo desenlace adquiere tintes moralizantes cuando el doctor amonesta a la pandilla de amigos por la irresponsabilidad de la que han hecho gala al no saber gestionar una situación que llega a desbordarlos.



martes, 10 de julio de 2018

Historias de Madrid (1958)




Director: Ramón Comas
España, 1958, 90 minutos

Historias de Madrid (1956-1958) de Ramón Comas


Ésta es la Cibeles. Una de las plazas más bonitas y concurridas de Madrid. Y ésa que hay en el centro es una servidora. Cuando ocurrieron los hechos que voy a narrar, venía observando que un personaje bajito, de aspecto malhumorado, aparecía todas las semanas el mismo día y a la misma hora por la esquina del Banco de España. La curiosidad es un defecto muy femenino y decidí seguirle. Me hubiera gustado saber qué pensaba de mí. Seguramente yo sólo era para él... eso: la Cibeles. Y nunca habría sospechado que un día lanzaría al dominio público sus deseos, dudas y vacilaciones, así como las de Mari Pepa, Rosa, Pablo, Felipe, don Higinio y tantos otros personajes relacionados en esta historia. Todos ellos sencillos, alegres y simpáticos. Características principales que adornaron y adornarán a estos habitantes de Madrid. La historia comienza un miércoles a las siete y media de la mañana y a la entrada de la iglesia de San Nicolás.

Si hace unas semanas comentábamos el caso de Once pares de botas (1954) de Rovira Beleta, una película narrada por la farola de Canaletas, ahora le toca el turno a Historias de Madrid, filme coral que supuso el debut en la dirección de Ramón Comas y que, como acabamos de ver, tiene como cronista nada más y nada menos que a toda una diosa (o a la escultura de la misma que preside la celebérrima fuente de la capital de España).

En realidad, la acción se va a situar en un modesto edificio cuyos vecinos estarán a punto de ser desahuciados por culpa de una grieta que hace temer su desmoronamiento, así como por ese "personaje bajito, de aspecto malhumorado" al que alude la Cibeles y al que interpreta el actor Mariano Azaña. Porque si algo destaca en esta película, amén de algún que otro comentario machista, es su elenco de secundarios, capitaneado por la quijotesca figura de Antonio Riquelme (don Sergio), quien no dudará en enfundarse un viejo uniforme de la guerra de Cuba para hacer frente al "ejército" de bomberos que allí se congrega manguera en ristre.



Planteamiento que posee, como se ve, su algo de contestatario y surrealista, hecho que, a buen seguro, explica los problemas que Historias de Madrid tuvo con la censura y que demorarían en cerca de dos años el estreno comercial de la cinta. En todo caso, ese punto excéntrico se concreta en diálogos como el que sigue. Tres amigas dan un paseo en barca en el estanque del Retiro:

-¿Nunca veis el agua más azul por este lado? 
-Eso es que destiñe. ¡Mira que mojarse los pies a estas horas!
-Es una costumbre que adquirí en París. Lo necesite o no, me lavo los pies dos veces al año. 
-Vamos, Rosa, no te preocupes más, no merece la pena. Todos los hombres son tontos. 
-Todos no: aún quedan algunos solteros...

Y luego están, como no podía ser menos, las canciones populares que nunca pueden faltar en un filme de tales características: el Maestro Padilla y un tal Juan Sánchez son los autores de, entre otras, "Estudiantina madrileña", "Bajo el cielo de Madrid" o "De Madrid y de Sevilla", temas de tono costumbrista e innegable sabor matritense que tienen su punto álgido cuando Rosa (María José Gil), vecinita del piso de arriba y aspirante a cupletista, participa por teléfono en un concurso radiofónico a pesar de la tromba que les está cayendo.