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domingo, 15 de octubre de 2017

La patria chica (1943)




Director: Fernando Delgado
España, 1943, 77 minutos

La patria chica (1943) de Fernando Delgado


Justo después de Fortunato, película que ya tuvimos ocasión de comentar aquí hace algunas semanas, el director Fernando Delgado acometía el proyecto de La patria chica, musical folclórico al servicio de Estrellita Castro basado en un asunto original de los hermanos Álvarez Quintero y con partitura de Ruperto Chapí.

Su argumento, de tan manido, se resume en pocas líneas: un empresario parisino, interpretado por Juan Calvo, que responde al aciago nombre de Monsieur Renard ("zorro" en francés), se desplaza hasta Sevilla para contratar un cuadro flamenco y llevárselo en tren a su país. Tras haber hecho lo propio en Zaragoza con una rondalla de joteros, llegada a París tres días antes, la compañía al completo se reúne en la Fonda España, regentada por el orondo Romeu (Manuel Requena). Pero Renard, acuciado por las deudas, se da a la fuga dejándolos en la estacada.



Ante lo desesperado de su situación, Pastora recurrirá al pintor José Luis (Salvador Soler) antiguo novio para el que solía posar en la capital andaluza. De hecho, existe la posibilidad de que Míster Blay (un rico extranjero al que da vida Félix de Pomés) compre por una importante suma un retrato suyo. Pero al contemplar al natural la belleza de la modelo se olvidará enseguida del cuadro... Lo cual no sólo hace peligrar el dinero que les permitiría volver a España, sino que genera una fuerte rivalidad entre el acaudalado varón y el mañico Mariano (Pedro Terol), quien de tanto reñir con Pastora se ha enamorado perdidamente de ella.

Típica producción Cifesa, La patria chica pretendía aprovechar la fama de la obra adaptada aunando en un solo filme dos modelos de probado éxito: el andalucismo de comedias como Suspiros de España (Benito Perojo, 1939) y el toque aragonés de Nobleza baturra (Florián Rey, 1935). Añadiendo, por otra parte, el patrioterismo tan en boga en el cine franquista. No en vano, la fonda adonde recalan los personajes se llama España con toda la intención, ya que en ella se reúnen coterráneos de diversas regiones de la geografía nacional, como el pintor Españita (Salvador Rapallo), ausente durante quince años de su Cádiz natal. Recurso que, poco tiempo después, se pondría de nuevo en práctica en La nao Capitana (Florián Rey, 1947), donde un barco rumbo al nuevo mundo con tripulantes de distinta procedencia cumplía similar función que el mencionado hotel.


sábado, 14 de mayo de 2016

La revoltosa (1950)




Director: José Díaz Morales
España, 1950, 90 minutos

La revoltosa (1950) de José Díaz Morales

No tienes que decirme nada: ya sé que soy un pobretón que no tiene dónde caerse muerto. Un don nadie. Pero nunca hubiese creído que tú eras capaz de irte con un hombre por su dinero. Veleta que gira al viento del más fuerte. La revoltosa del barrio que se vende. Eso eres tú...

Madrid, 1897: los compases de la música de Ruperto Chapí ilustran una innecesaria introducción basada en vistas panorámicas de la capital. Tras de la cual arranca la historia de los amoríos entre la Mari Pepa (una Carmen Sevilla a la que doblaron la voz) y Felipe (Tony Leblanc). No es que esta versión, dirigida por José Díaz Morales, añada gran cosa a la zarzuela original, si bien contiene un par de momentos destacables, ambos en el tramo final del filme: uno es la interpretación del dúo «¿Por qué de mis ojos los tuyos retiras?», que la pareja protagonista, en lugar de cantarlo ellos mismos, ve cómo otros lo representan en un teatro como parte de la función que han ido a ver. El otro corresponde al zapateado que Felipe imagina en los tejados de Madrid y que dota a la escena de un componente onírico del que tal vez careciese el libreto de Fernández Shaw y López Silva.

En cuanto al gracejo popular de los diálogos, estos mantienen la misma frescura con la que fueron concebidos y suponen, como es habitual, uno de los puntos fuertes del mal llamado "género chico". Para muestra un botón. Felipe, un mozo de cuerda (lo de "mozo" es un decir) y una oronda señora (Julia Lajos) se resguardan de la lluvia en un portal:

SEÑORA: Bueno, hay perros que parecen personas o viceversa. 
MOZO: ¿Lo de viceversa va por mí?
SEÑORA: ¡Ah, no sea usted cursi! Lo de viceversa es un símil. 
MOZO: ¿Un símil? ¿De señora o de caballero?
SEÑORA: Ay, gracioso, pero plebeyo. Ay, oh... ¿Es de usted? 
FELIPE: No, señora. 
SEÑORA: Será de aquí, de este buen mozo. 
MOZO: ¿Lo de "buen mozo" es pitorreo? 
SEÑORA: Lo digo por la cuerda. 
MOZO: Me tranquilizo, porque daño representa usted más que yo. 
SEÑORA: Pues usted es tan viejo que de chico tenía que jugar solo porque no había niños. (RÍE) Y usted, no se ría, que se pone muy feo.
FELIPE: ¿Quién? ¿Yo? 
SEÑORA: Usted. 
FELIPE: Ah, creí que era yo. 
SEÑORA: ¿Eh? 
FELIPE: Bueno, ya ha escampado. A aliviarse. 
SEÑORA: Da gusto cuando le dan a una buenas tardes con educación. Adiós, señor duque. Bueno, y usted, ¿qué? 
MOZO: Con usted nada, porque tiene más cuerda que yo. 
SEÑORA: Beso a usted la mano. 
MOZO: Pues yo no. ¡Adiós, esqueleto!