Mostrando entradas con la etiqueta Rossy de Palma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rossy de Palma. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2026

Amarga Navidad (2026)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2026, 111 minutos

Amarga Navidad (2026) de Almodóvar


La enésima incursión almodovariana en el melodrama de tintes autobiográficos nos sitúa en una tesitura muy similar a la ya explorada por el manchego en títulos anteriores como, por ejemplo, Dolor y gloria (2019) o, incluso, más atrás en el tiempo, la ya mítica (y fundacional en muchos aspectos) La ley del deseo (1987). Y lo hace recurriendo a su habitual paleta de colores estridentes, ya sea en el mobiliario que rodea a los personajes o la ropa que visten (generalmente de Prada).

También se desdobla en algunos de los protagonistas, sobre todo el cineasta al que interpreta Leonardo Sbaraglia, debidamente caracterizado con un corte de pelo como el del director, si bien la réplica de éste en la ficción que está escribiendo, en un magnífico papel de Bárbara Lennie, posee también no pocos rasgos que remiten igualmente a Almodóvar. Lo cual da pie a un interesante juego de muñecas rusas cuyo sentido último parece aludir al modo en que los creadores suelen fagocitar cuanto tienen a su alrededor, ya se trate de allegados o de sus propias circunstancias.



Sin embargo, Amarga Navidad (2026) dista de ser la producción más lograda de un cineasta que hace ya tiempo que parece que tocó techo a nivel creativo. Así pues, a la sensación de déjà vu que transmiten buena parte de los elementos de su puesta en escena, aparte de la banda sonora de Alberto Iglesias o los exteriores rodados en las arenas volcánicas de las playas de Lanzarote, se unen detalles (como las dos o tres menciones a la cocaína en sus diálogos) que chirrían un poco al entrar en abierto contraste con el carácter aburguesado que destila la parafernalia con la que Almodóvar suele adornar desde hace décadas todas sus películas.

No faltan, eso sí, momentos interesantes, incluso emotivos, como la escena en la que Amaia canta a capela "Las simples cosas", tal vez porque el director de Pepi, Luci, Bom… (1980) o Entre tinieblas (1983) ha alcanzado a estas alturas de su carrera una etapa introspectiva de maestría otoñal donde ya no necesita provocar para impactar. En todo caso, sigue sabiendo sacar lo mejor de su elenco de actrices, con interpretaciones notables de Aitana Sánchez-Gijón, Milena Smit (teñida y sin teñir) y Victoria Luengo, además de innovar en determinadas secuencias con el uso del texto sobreimpreso en pantalla. Destellos de genialidad que demuestran cómo donde hay ceniza, todavía queda fuego.



domingo, 27 de noviembre de 2022

Madres paralelas (2021)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 2021, 123 minutos

Madres paralelas (2021) de Almodóvar


Otra historia rocambolesca que añadir a la filmografía de Almodóvar... Sólo que en esta ocasión el director manchego le da un inusual enfoque político al incluir referencias a la memoria histórica. Con todo y con eso, Madres paralelas (2021) sigue siendo, en esencia, una cinta muy almodovariana, por lo menos en lo que se refiere a su exultante diseño de producción (a cargo, una vez más, de Antxón Gómez) repleto de colorido y un cierto toque pop art

Y, como en anteriores entregas, el protagonismo vuelve a recaer en una Penélope Cruz cuyo papel de Janis le valdría una nueva nominación al Óscar a mejor actriz. Lo mismo que Alberto Iglesias, por cierto, otro de los habituales de la troupe, también candidato a la preciada estatuilla gracias a una banda sonora de puntuales resonancias castizas. Completan el reparto caras nuevas, como la jovencísima Milena Smit (Ana) o Israel Elejalde (Arturo), junto con nombres de la talla de Aitana Sánchez-Gijón (Teresa), Rossy de Palma (Elena) o incluso Julieta Serrano (Brígida).



No puede negarse que, pese a la sofisticación de la que ha ido revistiéndose su escritura con los años, el origen de los materiales que maneja Almodóvar a la hora de construir sus historias es, sin embargo, inequívocamente folletinesco. De ahí que recurra al tópico de las niñas intercambiadas al nacer, si bien actualizándolo mediante el recurso de las posteriores pruebas de ADN a las que se somete Janis. Lo cual enlazará, posteriormente, con las comprobaciones que llevan a cabo los familiares de las víctimas antes de reabrir una fosa de la Guerra Civil.

Todo pillado un poco por los pelos, se dirán algunos, aunque, a estas alturas, semejante reproche carece por completo de sentido, habida cuenta de lo estrambóticos que suelen ser los guiones de un cineasta habituado a hacer de la excentricidad su rasgo más distintivo. En todo caso, lo que sí que está muy bien traído es la cita final de Eduardo Galeano, bonita forma de cerrar una película tan valiente como hermosa: "No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca".



miércoles, 7 de julio de 2021

Los abrazos rotos (2009)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2009, 127 minutos

Los abrazos rotos (2009) de Almodóvar


Fiel a su empeño por establecer conexiones entre todas sus películas, Almodóvar ha decidido que su próximo largometraje se titule Madres paralelas, que es como se llamaba en la ficción uno de los filmes dirigidos por el cineasta Mateo Blanco (Lluís Homar), personaje de Los abrazos rotos (2009). Y no es, ni mucho menos, el único vínculo con el resto de su filmografía, ya que Chicas y maletas (la cinta en la que dicho director estaba trabajando cuando perdió la vista en un grave accidente de tráfico) se parece muchísimo a Mujeres al borde de un ataque de nervios (1989).

De nuevo un Almodóvar oscuro, cuasi laberíntico en una historia a base de flashbacks que transcurre a caballo entre 1992 y 2008. Negro como las arenas volcánicas de Lanzarote, a cuyas playas acuden los protagonistas para darse de bruces con un aciago destino. Hay, eso sí, breves destellos del habitual desparpajo al que nos tiene acostumbrados el manchego, como la nota histriónica que pone Carmen Machi, prolongada, aquel mismo año, en el corto La concejala antropófaga (2009).



Y en esa misma línea de congraciarse con su propio universo, son varias las actrices fetiche del realizador que aparecen fugazmente, a modo de homenaje: Chus Lampreave, Rossy de Palma, Ángela Molina, Kiti Mánver, Lola Dueñas... Todas ellas imbuidas de esa aureola tragicómica tan peculiar que caracteriza a las chicas Almodóvar.

En cambio, lo de Blanca Portillo (Judit) y Penélope Cruz (Lena) ya es otro cantar. Los suyos son papeles dramáticos, en toda regla, de mujeres que habrán de pagar un precio muy alto por amar y por amor, víctimas propiciatorias de hombres sin escrúpulos, como el opulento Ernesto Martel (José Luis Gómez), u obsesionados con terminar su obra "aunque sea a ciegas", que es lo que le ocurrirá a Mateo Blanco cuando se canse de ser Harry Caine.



domingo, 4 de julio de 2021

Kika (1993)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1993, 114 minutos

Kika (1993) de Pedro Almodóvar


Matar es como cortarse las uñas de los pies: al principio, la sola idea te da pereza, pero cuando te las cortas descubres que resulta bastante más rápido de lo que pensabas. Después crees que pasará mucho tiempo antes de volver a hacerlo, pero cuando menos lo esperas ya han vuelto a crecer...

Puede que no sea la mejor película de Almodóvar, pero, aun así, Kika (1993) marcó un punto de inflexión en la carrera del manchego. Entre otras cosas porque supuso el preludio de su madurez como autor, concretada, dos años después, en el estilo mucho más comedido de La flor de mi secreto (1995). En todo caso, quien había surgido de la contracultural Movida Madrileña no podía sino hacer honor a sus orígenes con otra historia repleta de truculencias a cuál más escabrosa.

Se ha dicho, tal vez con razón, que el haber elegido a Àlex Casanovas y Peter Coyote para los papeles masculinos no fue la decisión más acertada, tratándose de dos actores en principio tan ajenos al universo almodovariano. Circunstancia que, en el caso del intérprete estadounidense, se acentúa por el hecho de haber sido doblado, lo cual siempre resta naturalidad. De todas formas, poco importa: éste, como la gran mayoría de títulos de la filmografía de Almodóvar, es esencialmente un filme de mujeres.



Y como suele ocurrir a menudo con muchas de sus películas, en las que lo extracinematográfico se acaba imponiendo a los méritos de la propia cinta, Kika es recordada por los estridentes modelos que Gaultier diseñó para Victoria Abril (quien, por cierto, hoy 4 de julio cumple 62 años), así como por el desnudo integral que protagoniza una radiante Bibiana Fernández cuando aún se hacía llamar Bibi Andersen.

La historia de una esteticista (Verónica Forqué) a la que un buen día requieren para maquillar a un difunto que resulta que no está muerto; un novelista norteamericano que publica su primera novela en español (Me enamoré de un farsante) y al que entrevista para la televisión la madre del propio Almodóvar ("¡Cómase un chorizillo! ¡Son manchegos como yo! ¡Están muy ricos!"); una estrella del porno tras cuyo nombre artístico (Pol Bazo) se esconde el hermano prófugo de la empleada doméstica (Rossy de Palma); en fin, una reportera sensacionalista y sin escrúpulos, llamada Andrea Caracortada (Victoria Abril), dispuesta a llegar hasta donde haga falta con tal de ofrecer a sus espectadores la dosis diaria de carnaza.



viernes, 2 de julio de 2021

¡Átame! (1989)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1989, 103 minutos

¡Átame! (1989) de Almodóvar


De tan extrema que llega a ser la historia narrada en ¡Átame! (1989), el espectador se sitúa en un límite similar al que experimenta el personaje de Marina (Victoria Abril): ¿hay que dar crédito a los sentimientos manifestados por Ricky (Antonio Banderas)? ¿Está el muchacho plenamente rehabilitado tras su paso por el psiquiátrico y un largo historial de fugas? ¿O esos arranques de violencia que a veces padece hacen temer por la vida de la actriz? ¿Se puede considerar una prueba de amor el hecho de retener a alguien por la fuerza...?

La que pasa por ser una de las películas más incomprendidas de Almodóvar retoma, sin embargo, varios elementos que ya estaban presentes en títulos anteriores de su filmografía como La ley del deseo (1987), con la que comparte la presencia de un Antonio Banderas "loco de amor". Por otra parte, ¡Átame! supone un estudio certero del denominado síndrome de Estocolmo (aquél en el que la víctima desarrolla afecto hacia su secuestrador), lo cual la convierte en digna continuadora de obras maestras como El coleccionista (1965) de William Wyler. Y concluye, además, con una secuencia en el interior de un coche, donde Loles León y los ya mencionados Abril y Banderas tararean el célebre "Resistiré" del Dúo Dinámico, que pudiera recordar (quien la ha visto lo sabe) a la escena final de Viridiana (1961).

"Un puntito..., ¿no?"


Precisamente, el veterano Paco Rabal, que aquí encarnaba a un director de cine paralítico llamado Máximo Espejo, es uno de los actores estrella en un reparto en el que, aparte de rostros habituales del universo almodovariano como María Barranco, Rossy de Palma o Julieta Serrano, encontramos asimismo a doña Paquita Caballero (madre del cineasta) en una de sus pintorescas apariciones estelares. Huelga decir que, como siempre, interviene también Agustín, hermano y productor ejecutivo de la mayoría de filmes del manchego: en esta ocasión interpreta a un farmacéutico.

En cuanto a la banda sonora, cabe destacar que ésta corrió a cargo de uno de los grandes (si no el más grande): un Ennio Morricone cuya partitura, pese a no ser tan recordada como otros trabajos de su extensa carrera, no desmerece en absoluto la soberbia puesta en escena, magníficamente fotografiada por Alcaine. Después de todo lo cual, uno se acaba preguntando: ¿de verdad merecía una cinta tan notable ser calificada X para su exhibición en EE.UU.? Desde luego, estos yanquis son la monda...



jueves, 1 de julio de 2021

La ley del deseo (1987)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1987, 102 minutos

La ley del deseo (1987) de Almodóvar


En el momento en el que Pedro Almodóvar rueda La ley del deseo (1987) el director manchego acumula ya una experiencia lo suficientemente amplia como para ofrecer su primera gran obra maestra: un filme maduro, melodrama romántico y apasionado con toques de thriller policíaco, en el que al fin, tras no pocas tentativas, fructifican varios años de arduo aprendizaje cinematográfico. No en vano, su productora, a partir del éxito de esta película, se llamará El Deseo.

El triángulo amoroso que aquí se plantea comienza como un juego y acaba en tragedia. A este respecto, Pablo Quintero (Eusebio Poncela) vendría a ser el alter ego del cineasta: una celebridad caprichosa y promiscua que se deja querer por sus seguidores, quienes pasan por su vida y por su cama con la rapidez propia de aquellos años ochenta, la década del desenfreno. Quizá por ello, la puesta en escena abunda en primerísimos planos y un uso del montaje que denota esa concepción eminentemente visual de buena parte de la obra almodovariana.



Igualmente heteróclita resulta la banda sonora, mezcolanza de temas de lo más diverso en la que conviven fragmentos de Stravinsky y Shostakovich (Sinfonía nº 10) con canciones de Los Panchos o la versión de la brasileña Maysa del "Ne me quitte pas". De hecho, la utilización que se hace de cada melodía va en consonancia con el carácter de alguno de los personajes. Así pues, Antonio (Banderas) se identifica con la letra del bolero "Lo dudo", mientras que a Juan (Miki Molina) le va más el lamento afrancesado a lo Jacques Brel.

Fiel a su predilección por el pastiche kitsch (no hay más que ver el altar abigarrado de fetiches, a cuál más estrambótico, que el protagonista tiene en su apartamento), Almodóvar escribe una historia cuyo argumento discurre por los cauces habituales de su filmografía: amour fou, celos, drogas, sexo... y un Madrid nocturno en plena canícula que pasará a la historia del celuloide gracias a la célebre escena en la que Carmen Maura se hace regar por un empleado municipal.



sábado, 3 de abril de 2021

La flor de mi secreto (1995)




Director: Pedro Almodóvar
España/Francia, 1995, 103 minutos

La flor de mi secreto (1995) de Almodóvar


La flor de mi secreto es una película de "buenos sentimientos", sin que esto signifique la menor concesión al sentimentalismo. O sea, se trata de un drama duro. Aunque adoro el melodrama, esta vez me he decidido por la aridez y la síntesis. Hiel en vez de miel. Lágrimas que no sirven de desahogo, sino que ahogan. Dolor del bueno.

Pedro Almodóvar
"Génesis"
Guion de La flor de mi secreto

Una escritora de literatura rosa a la que las novelas le salen negras... Valiéndose de tan singular planteamiento, el director manchego ofrecía una de sus películas más intimistas. Y es que la crisis creativa y personal que atraviesa en la ficción Leo Macías (Marisa Paredes) le sirve a Almodóvar como pretexto para abordar algunas de sus obsesiones más recurrentes, entre ellas la figura materna (magistralmente interpretada por Chus Lampreave) o las adicciones (en este caso al alcohol). Tal vez por ello resulta relativamente fácil rastrear en La flor de mi secreto elementos que el director desarrollará con posterioridad en otros títulos de su ya extensa filmografía.

Visto así, el embrión de Todo sobre mi madre (1999), por ejemplo, ya se intuye en esta película. Y, en esa misma línea, ¿cómo no ver en la pareja de doctores encarnada por Jordi Mollà y Nancho Novo o en la coreografía de Joaquín Cortés y Manuela Vargas, al son de la "Soleá" de Miles Davis, un presagio de lo que varios años después será Hable con ella (2002)? ¿No está contenido el germen de Volver (2006) en el argumento de alguno de los relatos de la superventas Amanda Gris? Incluso "Dolor y vida" parece anunciar el título de su más reciente Dolor y gloria (2019).



Todo un universo, en definitiva, que en esta ocasión tocaba tangencialmente el conflicto de la antigua Yugoslavia a través del personaje de Paco (Imanol Arias): alto mando destinado en Bosnia y que regresará fugazmente de permiso para certificar la agonía de su propio matrimonio. También el mundillo editorial recibe alguna que otra pulla, con esos agentes de Ediciones Fascinación que atosigan a Leo noche y día diciéndole qué es lo que puede y lo que no puede escribir.

Aunque si hay un rasgo definitorio del Almodóvar más auténtico ése es su condición de cinéfilo redomado. Frases, alusiones, ambientes: todo respira un innegable aire de película. Desde la redacción del diario El País, que Leo compara con las oficinas de El apartamento (1960), hasta el brindis frente a la chimenea en plan Ricas y famosas (1981). Referencias explícitas que están presentes, asimismo, en uno de los momentos álgidos de la cinta: la soberbia escena nocturna, en una Plaza Mayor desierta, cuando el orondo Ángel (Juan Echanove), emulando a Bogart, elige una frase de Casablanca (1942) para declararle su amor a Leocadia: "Nunca olvidaré ese día: los alemanes vestían de gris y tú, de azul..."



miércoles, 24 de marzo de 2021

Julieta (2016)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2016, 99 minutos

Julieta (2016) de Pedro Almodóvar


Un Almodóvar inusualmente comedido se sumerge en el universo literario de la premio Nobel Alice Munro para convertir tres de sus relatos ("Destino", "Pronto" y "Silencio") en un filme sobre encuentros casuales y destinos trágicos. Su protagonista, interpretada por Adriana Ugarte y Emma Suárez (Goya a la Mejor Actriz) en distintos momentos de la vida del personaje, se ve abocada a una profunda crisis personal a raíz del distanciamiento con su hija Antía, hecho que le hará replantearse completamente una existencia que parecía encauzada al confort del aburguesamiento para, en su lugar, lanzarse a una frenética introspección de consecuencias imprevisibles.

En un principio, se había barajado la posibilidad de que Julieta se rodase en inglés y con Meryl Streep en el papel principal, aunque, finalmente, los responsables de El Deseo optaron por darle a la historia una ambientación más galaica que canadiense. Sea como fuere, la idea de esa fatalidad tan de tradición clásica (Julieta, no en vano, es profesora de latín y griego) subyace en el fondo de una película concebida al modo de una confesión epistolar de la madre hacia la hija.



A lo largo de esa extensa carta que redacta Julieta conoceremos los pormenores de un drama de mujeres en el que sobresalen caracteres como la inquietante Marian (Rossy de Palma) y cuya estructura gira en torno a vivencias traumáticas en las que la pérdida de un ser querido, caso de Xoan (Daniel Grao) o, posteriormente, del hijo de Antía, está relacionada con el medio acuático, ya sean las procelosas aguas del Atlántico o las de un caudaloso río suizo.

De nuevo, como suele ser habitual en muchos títulos de su filmografía, el director manchego introduce referencias artísticas de todo tipo en el relato, desde una alusión al japonés Ryuichi Sakamoto, autor, en su día, de la banda sonora de Tacones lejanos (1991), hasta la presencia de esculturas de Miquel Navarro (que pasan por ser la obra de Ava, el personaje interpretado por Inma Cuesta) o algún que otro cuadro de Richard Serra. Como no faltan, tampoco, los habituales cameos de amigos del cineasta (Bimba Bosé, David Delfín...) o de su hermano Agustín, convertido, en esta ocasión, en revisor de un tren con evidente ascendencia hitchcockiana.



martes, 12 de junio de 2018

El hombre que mató a Don Quijote (2018)




Título original: The Man Who Killed Don Quixote
Director: Terry Gilliam
España/Bélgica/Francia/Portugal/Reino Unido, 2018, 132 minutos

El hombre que mató a Don Quijote (2018)


Y cien escollos después... Las trabas que abortaron el fallido intento del ex Monty Python Terry Gilliam de llevar a la pantalla la obra cumbre de Cervantes dieron lugar al memorable documental Lost in La Mancha (2002), testamento en el que se dejaba constancia de cómo los elementos y la mala fortuna se aliaron fatalmente para impedir que Jean Rochefort y Johnny Depp encarnasen a la que, sin duda, habría sido la versión más insólita de Don Quijote y Sancho Panza.

Pero hete aquí que, al cabo de los años y de innúmeros obstáculos, el obstinado Gilliam se ha salido al fin con la suya. Y aunque de poco le fue que el productor Paulo Branco impidiese mediante una demanda que el filme clausurase la última edición del Festival de Cannes, lo cierto es que The Man Who Killed Don Quixote es ya una realidad.

Que sucumbe, sin embargo, a la tentación de incluir algún que otro toque flamenco en la banda sonora compuesta por Roque Baños. Una partitura que, en momentos puntuales, también remeda el vals de la Suite de jazz de Shostakóvich o la romanza del Concertino de Salvador Bacarisse. Tópicos tal vez inevitables cuando es un americano afincado en el Reino Unido quien se acerca a la figura del hidalgo manchego, pero que restan credibilidad al producto final.



En su personal visión del texto cervantino, Gilliam imagina que Don Quijote (Jonathan Pryce) es un zapatero llamado Javier Sánchez y que los galeotes viajan en una furgoneta de la Guardia Civil; los molinos de viento conviven con los generadores de energía eólica y Sancho (Adam Driver) es un director de cine cuya obra de juventud se parece enormemente al inacabado Quijote de Orson Welles. 

Presente y pasado, ficción y realidad, se entremezclan en un juego de planos espacio-temporales que intenta emular y/o poner al día el complejo divertimento con el que Cervantes dio carta de naturaleza a la novela moderna. Muy original a ratos, cierto, toda vez que se aprecia el inconfundible concurso de Comediants en lo que sería el equivalente de la estancia de los protagonistas con los Duques, convertidos ahora en nuevos (y horteras) ricos rusos capitaneados por Jordi Mollà, pero fallido en términos generales por un exceso de egolatría que tergiversa y aun pervierte el sentido primigenio de la obra. 

En ese aspecto, la película soñada por Terry Gilliam, aquélla que tantas veces proyectó y que tantas veces vio venirse abajo, se nos antoja mucho mejor que no lo que ha terminado siendo su concreción final. Y es que ya lo dijo Oscar Wilde: "Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede convertir en realidad..."


viernes, 29 de septiembre de 2017

Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)




Director: Pedro Almodóvar
España, 1988, 100 minutos

Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988)


Pese a ser el éxito que consagró definitivamente a Almodóvar como fenómeno de masas, en Mujeres al borde de un ataque de nervios están, sin embargo, presentes diversos aspectos sobre los que tal vez no se haya llamado la atención lo suficiente, como, por ejemplo, ese gusto tan suyo por los ángulos imposibles: así pues, nótese que cuando Pepa (Carmen Maura) revisa las llamadas que tiene en el contestador automático, la cámara se sitúa en el interior de la cinta de casete...

Aunque más importante aún sería su concepción eminentemente teatral, con una trama cuyo eje se desarrolla en el ático de Pepa, espacio recreado en los Estudios Barajas y al que el manchego quiso dar una apariencia artificial de forma premeditada: "De hecho la terraza resume un poco todo el mundo: hay un corralito con animales como en la Mancha, tiene hamacas como en Los Ángeles y palmeras como en Hawai. Esta terraza es muy importante. Todo tiene que ser muy bonito, pero nada real. Se tiene que ver que todo es falso, hecho por la mano del hombre […] Tiene que haber mucho artificio y ser muy espectacular. Esta película se podría hacer de un modo casi naturalista, pero quiero darle un tono distinto, evitando completamente el naturalismo visual. La voy a abstraer mucho de decorados y colores utilizando una estética completamente artificiosa" [palabras del director citadas por Nuria Vidal en su monografía El cine de Pedro Almodóvar, Ediciones Destino, 1989].

Julieta Serrano en el papel de la perturbada Lucía

En ese sentido (y tras la frustrada tentativa de realizar un remake hollywoodense), el que se llevase a cabo una discreta adaptación en Broadway, posteriormente repuesta en Londres con algo más de éxito, vendría a ser la consecuencia lógica ya desde la propia génesis del proyecto por parte del cineasta, si bien, en lo sucesivo, dicha estilización estará presente en buena parte de la filmografía almodovariana, siendo Átame (1989) o Kika (1993) los casos más evidentes.

Por último, otro de los rasgos distintivos de la película es que, respecto a la producción anterior de Almodóvar, Mujeres... es un filme mucho más cándido, en el que no se hace referencia a las drogas y cuyos personajes ni siquiera fuman o beben. He ahí otra de las claves que explicarían su éxito internacional, sobre todo en la puritana sociedad estadounidense, marcando el punto de inflexión en el que el otrora iconoclasta y contracultural miembro de la Movida madrileña sería definitivamente asimilado por el sistema.

Barranco, de Palma, Serrano y Maura: las chicas Almodóvar

sábado, 12 de diciembre de 2015

Anacleto: Agente secreto (2015)




Director: Javier Ruiz Caldera
España, 2015, 87 minutos

«My name is Cleto: Ana Cleto»

Anacleto: Agente secreto (2015)


La parodia española de James Bond fue creada en 1964 por el dibujante Manuel Vázquez (no Montalbán, sino el que sirviera de inspiración a otra película notable: El Gran Vázquez (Óscar Aibar, 2010). Ahora el personaje de cómic de la Editorial Bruguera tiene también su equivalente fílmico gracias al director barcelonés Javier Ruiz Caldera, quien, tras cuatro largometrajes, amenaza con adaptar próximamente a otro superhéroe carpetovetónico: Superlópez.

En esta ocasión, Imanol Arias ha sido el encargado de interpretar al agente que "nunca falla" junto a Quim Gutiérrez, su hijo Adolfo en la ficción. El reparto lo completan Berto Romero (Martín), Rossy de Palma (madre de Martín y Katia), Carlos Areces (el maléfico antagonista Vázquez), Alexandra Jiménez (Katia) y Emilio Gutiérrez Caba (el Jefe de la GP).



Han pasado los años y Anacleto es ya un agente prejubilado que peina canas. Estamos, por lo tanto, ante una puesta al día en toda regla, habida cuenta, además, de que a sus enemigos habituales han venido a sumarse unos yihadistas que custodian en mitad del desierto la prisión que alberga desde hace treinta años a su más fiero adversario. Pero para zanjar cuentas de una vez por todas con Vázquez necesitará abandonar momentáneamente la fabricación de fuets en la apacible masía que le sirve de tapadera y revelar su verdadera identidad a su hijo. Este último es un empanao de toma y daca al que la novia acaba de plantar, harta de su carácter indeciso. Aunque cuando llegue el momento de la verdad se va a rebelar como un digno sucesor del padre...

No cabe duda de que la factura del filme es, en términos generales, impecable (con sus efectos especiales, banda sonora espectacular, cameos de Buenafuente y Corbacho y todo eso). Ahora bien: lo que ya no está tan claro es si al personaje de tebeo le va bien el humor en plan La que se avecina del que se han servido el trío de guionistas formado por Alén, Corral y Navarro: no en vano, Eduardo Gómez (el actor que da vida a Máximo Ángulo en la popular serie de televisión) es uno de los secundarios. Se nos antoja que el Anacleto original era una figura mucho más simpática y entrañable que no este sofisticado pastiche a lo Torrente. Cierto que la gente ha ido a ver la peli igualmente, pero...



lunes, 6 de julio de 2015

No molestar (2014)




Título original: Une heure de tranquillité
Director: Patrice Leconte
Francia, 2014, 79 minutos

No molestar (2014) de Patrice Leconte


"Me, Myself and I" es el título de una canción interpretada por Billie Holiday en 1937, pero en la última película del francés Patrice Leconte es también el título de un álbum del clarinetista ficticio Niel Youart. Supuestamente grabado en 1958, es una rarísima pieza de coleccionista que Michel Leproux (el protagonista, interpretado por el actor de moda Christian Clavier) tiene la suerte de encontrar en un mercado de segunda mano un sábado por la mañana. Lo cierto es que el título le viene que ni pintado, puesto que Michel es un gran egoísta maniático. Así que decide anular todos sus compromisos con la finalidad de disfrutar de su última ganga.

A partir de ahí comenzarán las penalidades que el pobre Michel deberá ir toreando para gozar de "una hora de tranquilidad" y poder escuchar el disco en casa. Pero el mundo parece haberse confabulado contra él y, como si todos los que pertenecen a su entorno se hubieran puesto de acuerdo, le van atosigando uno tras otro, impidiéndole cumplir su objetivo. Su madre, su mujer, su amante, su hijo, su vecino, su amigo Pierre... hasta la empleada doméstica (a la que da vida Rossy de Palma) no le darán ni un respiro.

Michel mostrando su preciado álbum

La obra de teatro de Florian Zeller en la que se basa el guion de No molestar fue interpretada originalmente en los escenarios parisinos por Fabrice Luchini, quien finalmente declinó participar en la versión cinematográfica de Patrice Leconte. Parece como si este último le tuviese apego a este tipo de personaje tiquismiquis, ya que en su anterior Mi mejor amigo (2006) el taxista encarnado por Dany Boon también destacaba por una enfermiza tendencia a atesorar conocimientos y objetos de coleccionismo.

La gran diferencia, empero, es que si bien Bruno era un encanto de hombre con un don innato para hacer amigos, Michel, en cambio, es un tipo bastante antipático. Además que el taxista compartía su erudición con todo el mundo mientras que este doctor quiere su nutrida colección de vinilos solo para él. En todo caso, lo cierto es que Mi mejor amigo también contaba con un gran egoísta: el anticuario François (Daniel Auteuil). En palabras del director: "Michel expone todos nuestros defectos. Puedes burlarte de él, pero te sientes secretamente identificado y esperamos que tenga más problemas. Si fuera más amable, no nos haría reír..."

El director Patrice Leconte ante la discoteca de Michel