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miércoles, 6 de julio de 2016

¿Ángel o diablo? (1945)




Título original: Fallen Angel

Director: Otto Preminger
EE.UU., 1945, 98 minutos

¿Ángel o diablo? (1945) de Otto Preminger

    XI
—Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?
                                        —No es a ti, no.
—Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin.
Yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas?
                                        —No, no es a ti.
—Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz.
Soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte.
                                      —¡Oh ven, ven tú!

Puede que el Cine negro americano nada tenga que ver con las Rimas de Bécquer, pero viendo ¿Ángel o diablo? de Otto Preminger es fácil pensar en el poema anterior, toda vez que Eric Stanton (Dana Andrews) se debate entre la pasión arrebatadora de la morena Stella (una camarera interpretada por Linda Darnell) y el amor incondicional de la rubia June (la rica heredera a la que da vida Alice Faye). Lo cual tendrá unas consecuencias que van más allá de la simple elección caprichosa de la una o de la otra, puesto que estamos ante una historia de redención: la del timador de poca monta que encarrilará definitivamente su vida gracias al afecto que encuentra en su mujer. Esposa, todo hay que decirlo, con la que Eric acaba de contraer matrimonio por interés y a la que también él servirá de salvación que la libere del influjo de su posesiva hermana Clara (Anne Revere).

Stella (Linda Darnell) y Eric (Dana Andrews)

June (Alice Faye) y Eric (Dana Andrews)


Es Eric, por tanto, el ángel caído (caído en una pequeña ciudad de provincias) al que alude el título original. La clave nos la proporciona el siguiente diálogo del film:

June Mills: I need you, Eric.
Eric Stanton: [sarcastically] You need me, right.
June Mills: You're my husband, and I'm your wife.
Eric Stanton: Right out of a book, again.
June Mills: Yes, out of a book: "We were born to tread the earth as angels, to seek out heaven this side of the sky. But they who race above shall stumble in the dark, and fall from grace."
Eric Stanton: Go on. Sounds good.
June Mills: "Then love alone can make the fallen angel rise. For only two together can enter Paradise."

June: Te necesito, Eric.
Eric Stanton: [con sarcasmo] Me necesitas, sí.
Junio Mills: Eres mi marido y yo tu mujer.
Eric Stanton: ¡Vaya: Otra frasecita sacada de un libro...!
Junio Mills: Sí, de un libro: "Hemos nacido para pisar esta tierra como ángeles, para tratar de buscar el Paraíso a este lado del cielo. Pero los que se dedican a corretear de aquí para allá deberían tropezar en la oscuridad, y caer en desgracia."
Eric Stanton: Continúa. Eso suena muy bien.
Junio Mills: "Entonces, sólo el amor puede hacer que el ángel caído se levante. Porque sólo dos que vayan juntos podrán entrar en el Paraíso."

Suena a Milton, pero no es de Milton. En todo caso, la cita resume a la perfección la vocación moralizante de una película que nos mantendrá en vilo hasta el final, preguntándonos quién puede ser el asesino: ¿será el misterioso Profesor Madley (John Carradine)? ¿O el pusilánime Pop (Percy Kilbride)? ¿Habrá sido Eric...?

domingo, 18 de octubre de 2015

Un rayo de luz (1950)




Título original: No Way Out
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1950, 106 minutos

Un rayo de luz (1950) de Joseph L. Mankiewicz


Nominada al Oscar al mejor guion, Un rayo de luz (1950) supuso el debut oficial de Sidney Poitier. Con apenas 22 años interpreta a Luther Brooks, un joven médico residente que debe enfrentarse a los prejuicios raciales de su entorno, comenzando por la pareja de delincuentes convalecientes tras un tiroteo a los que se ve obligado a atender. Richard Widmark encarna a Ray Biddle, el intolerante hermano superviviente e instigador de los disturbios contra Brooks. Y todo porque Ray cree erróneamente que es el tratamiento aplicado por el doctor el que ha matado a su hermano.



El resto del reparto lo completan Linda Darnell como Edie Johnson (la cuñada de Ray), Stephen McNally (el doctor Wharton, verdadero valedor de Luther) y Harry Bellaver (miembro mudo y bastante rudo del clan Biddle).



Tal y como ya habían hecho previamente cintas del tipo La barrera invisible de Elia Kazan (1947, Gentleman's Agreement) o años después Adivina quién viene esta noche de Stanley Kramer y de nuevo con Poitier como protagonista (1967, Guess Who's Coming to Dinner), Un rayo de luz pretende hacer reflexionar al espectador americano de la época hasta qué punto puede ser racista sin saberlo una sociedad teóricamente basada en el principio democrático de igualdad de todos sus ciudadanos.


Mankiewicz (centro) dirigiendo a Poitier y a McNally

domingo, 4 de octubre de 2015

Carta a tres esposas (1949)




Título original: A Letter to Three Wives
Director: Joseph L. Mankiewicz
EE.UU., 1949, 103 minutos

Carta a tres esposas (1949) de Joseph L. Mankiewicz


Tres son las esposas, como reza el título de esta inteligente comedia de Mankiewicz, que estando a punto de embarcarse reciben una carta de parte de la astuta Addie Ross, supuestamente la mejor amiga de cada una de ellas. La misiva les anuncia (así, como quien no quiere la cosa) que en breve se fugará con el marido de una de las tres.

La zozobra se instalará a partir de ese momento en sus corazones: Rita (Ann Sothern) se preguntará por qué su marido (un apuesto profesor interpretado por Kirk Douglas) se ha puesto el traje azul un sábado por la mañana si no tiene que ir a trabajar; Lora Mae (Linda Darnell) dudará de su experimentado esposo (su antiguo jefe, un rico propietario de tiendas al que da vida Paul Douglas); finalmente, Deborah (Jeanne Crain) recelará de los elogios dedicados por su cónyuge al vestido de otra mujer...



Como no podía ser menos, el filme fue premiado con el Óscar al mejor guion y otro para el mejor director. El desasosiego de las tres protagonistas queda perfectamente retratado mediante los más variados recursos. Por ejemplo, el punto de vista va saltando de una a otra (lo cual volvería a ocurrir, por cierto, en Eva al desnudo), dejándose escuchar sus obsesivos temores al compás de algún ruido repetitivo (el traqueteo del tren, el goteo de un grifo o la brisa en un parque).

Como igualmente original es el hecho de que la tal Addie no llegue a aparecer nunca en pantalla: sólo escucharemos su meliflua voz en off, perteneciente a la actriz Celeste Holm. Se dice, por otra parte, que para conseguir que Linda Darnell pusiera cara de asco al mirar una supuesta fotografía de Addie que posee su marido, lo que había en realidad al otro lado del marco de plata era la foto de Otto Preminger, director del que no guardaba especialmente un grato recuerdo tras actuar a sus órdenes dos años antes en Ambiciosa.

También hay que mencionar el alegato que lleva a cabo el personaje de Kirk Douglas en favor de la educación y contra el contenido idiotizante de la televisión. De hecho, este profesor se destacará como un enamorado de la música de Brahms (y de ahí su comprensible enfado cuando la jefa de su mujer rompa uno de sus preciados discos).

En la misma línea de un Lubitsch, Carta a tres esposas es, por derecho propio, un ejemplo canónico de elegancia en el cine, fino sentido del humor en los diálogos y estructura narrativa perfecta.

La congoja se refleja en el rostro de las tres protagonistas