Mostrando entradas con la etiqueta Frank Ferguson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Frank Ferguson. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2020

Ven tras de mí (1949)




Título original: Follow Me Quietly
Director: Richard Fleischer
EE.UU., 1949, 60 minutos

Ven tras de mí (1949) de Richard Fleischer

Para ser una cinta de apenas una hora de duración, Follow Me Quietly engloba una enorme variedad de registros: es, por encima de todo, un thriller policíaco en el que el detective Harry Grant (interpretado por William Lundigan) se afana por descubrir la verdadera identidad de un asesino en serie que se hace llamar El Juez; pero cuando se cruce en su camino una reportera fisgona que responde al nombre de Ann Gorman (Dorothy Patrick) la trama virará por momentos hacia la comedia romántica.

Detrás de tan original propuesta encontramos de nuevo a Richard Fleischer, el director todoterreno que, por aquellos años, se dedicaba a rodar películas de cine negro de bajo presupuesto, si bien, andando los años, abarcaría producciones más ambiciosas dentro del género de la ciencia ficción.



En Ven tras de mí la mayor parte de la acción transcurre de noche y bajo una intensa lluvia, tesitura que The Judge suele aprovechar para dar rienda suelta a sus arrebatos criminales. Aunque Grant ideará un curioso sistema para desenmascarar al culpable y, en lugar de un retrato robot, manda construir una réplica de tamaño natural, de modo que los testigos son conducidos a una rueda de reconocimiento cuyo ocupante principal es un maniquí.

Ya en la escena culminante, cuando el sospechoso número uno se vea acorralado en lo alto de una compleja estructura metálica, se hará evidente que padece algún tipo de trastorno mental, puesto que la sola visión de un surtidor del que brota abundante agua desencadena uno de sus repentinos raptos maníacos. Así que misión cumplida: muerto el perro se acabó la rabia y el policía y la periodista regresan al bar donde se conocieron, enternecedoramente acaramelados.


viernes, 20 de marzo de 2020

Atrapados (1949)




Título original: Caught
Director: Max Ophüls
EE.UU., 1949, 88 minutos

Atrapados (1949) de Max Ophüls

Pese a ser menos recordada que Carta de una desconocida (1948), Atrapados se encuentra, sin embargo, entre los títulos más relevantes de los que Max Ophüls dirigió durante su etapa americana. Interés que radica, por paradójico que parezca, en cómo la película deja entrever la influencia excesiva de los modelos hollywoodenses que la inspiraron. Los cuales serían básicamente dos: por una parte, un cierto aire de suspense hitchcockiano, deudor de cintas como Rebecca (1940) o Sospecha (1941), al situar a la protagonista en el interior de una jaula dorada cuyo guardián es un marido tan inquietante como apuesto y, en segundo lugar, la no menos turbadora presencia de un multimillonario posesivo y atormentado a lo Citizen Kane (1941).

Robert Ryan y Barbara Bel Geddes

A este respecto, todo parece indicar que el guion de Arthur Laurents, basado en la novela de Libbie Block, se inspiró vagamente en la figura del magnate Howard Hughes a la hora de crear el personaje de Smith Ohlrig (Robert Ryan). Menos materialista que Charles Foster Kane, la actitud que Ohlrig adopta ante su esposa oscila, no obstante, entre una indiferencia glacial la mayor parte del tiempo y puntuales brotes psicóticos que revelan una naturaleza enfermizamente posesiva. Hasta el extremo de que Leonora (Barbara Bel Geddes) se verá forzada a huir del "confort" de Long Island para trabajar como secretaria en la modesta consulta del doctor Quinada (James Mason).

Barbara Bel Geddes y James Mason

Empoderamiento avant la lettre, la valentía que demuestra Leonora abandonando las garras de su marido la sitúan entre las heroínas más audaces del Hollywood clásico: contribución genial al cine estadounidense por parte de un cineasta como Ophüls, cuya proverbial fama de gran conocedor de la psique femenina se hacía de nuevo manifiesta.

Tal vez el desenlace adolezca, en forma de happy ending, de las consabidas imposiciones por parte de una industria que estaba lejos de poder apreciar el verdadero talento de un artista de la altura de Max Ophüls. Y así, en lugar de seguir la vía psicoanalítica de Recuerda (Spellbound, 1945) o los retorcimientos del cine negro, Caught acaba siendo una historia convencional de redención: la de una cenicienta moderna que, tras dar sus primeros pasos como modelo en una ridícula academia para señoritas, comprueba en primera persona cómo su sueño infantil de encontrar al Príncipe Azul se puede convertir en una cárcel.