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sábado, 28 de marzo de 2026

Persecución en Madrid (1952)




Director: Enrique Gómez
España, 1952, 87 minutos

Persecución en Madrid (1952) de Enrique Gómez


Tras permanecer recluido en un campo de concentración en la Alemania Oriental, el soldado polaco Stephan Bartek (Manuel Monroy) logra escapar junto a Diego Martín (Miguel Ángel Valdivieso), un español que lamentablemente muere abatido durante la huida. Como último deseo, Diego encarga a su amigo que le entregue una carta a su madre. Sin embargo, el periplo de Stephan no será sencillo. En París, Bartek se pone en contacto con el Comité de Ayuda a los refugiados republicanos, pero termina siendo deportado después de haber entablado amistad con un español apodado "El Málaga" (Manolo Morán). 

Ya en territorio español, Bartek localiza a la familia de su difunto compañero y entabla un romance con Teresa (Isabel de Castro), la hermana de Diego. Pero cuando todo parece que le sonríe, su nueva vida se complica al cruzarse con don Ginés Romano (Luis Pérez de León), un turbio empresario dedicado al estraperlo y al comercio clandestino. Y es que dicho individuo, que en un principio lo contrata y le pone los papeles en regla, termina arrastrando a Stephan a la criminalidad, involucrándolo en un oscuro asunto a resultas del cual acaba siendo detenido por la policía.



Pese a su título, lo cierto es que Persecución en Madrid (1952) se rodó mayoritariamente, salvo dos o tres secuencias (como unos exteriores en San Lorenzo del Escorial), en los Estudios IFI que el prolífico Ignacio Farrés Iquino poseía en Barcelona. A este respecto, llama poderosamente la atención que una de las escenas iniciales, aquélla en la que el protagonista, aún ataviado con el uniforme de presidiario, le roba la ropa a unos bañistas, se filmó en los aledaños de Sant Miquel del Fai, cuyo inconfundible salto de agua se quiere hacer pasar por algún rincón idílico a orillas del Rin.

Por lo demás, estamos ante una curiosa cinta que combina elementos policíacos con pinceladas de propagada política. Así pues, no es de extrañar que el comisario (Manuel Blas) adopte el rol de "poli bueno" en una producción que destila cierto tufillo anticomunista. Aun así, el guion de Juan Lladó no pone tanto el acento en la ideología de los personajes ("El Málaga", por ejemplo, no niega en ningún momento su condición de hombre "con ideas"), sino en el hecho de que la España de Franco sabe perdonar y acoger a quienes un día fueron disidentes. Circunstancia que el carácter de buena persona (y falso culpable) de Bartek, siempre atento con todo el mundo, relega a un segundo plano.



viernes, 24 de marzo de 2023

La familia Vila (1950)




Director: Ignacio F. Iquino
España, 1950, 71 minutos

La familia Vila (1950) de Iquino


Filme de ambientación barcelonesa en torno a las tribulaciones de una típica familia de clase media. El domicilio de la cual, dato curioso, se halla en la calle Petritxol, uno de los enclaves más emblemáticos de la ciudad. De hecho, la voz en off del prólogo glosa algunas de las particularidades del lugar, desde que en el número 4 vivió el escritor, poeta y dramaturgo Àngel Guimerà hasta la presencia, en el edificio de enfrente, de la Sala Parés, mítica galería de arte donde, además de haber expuesto "Rusiñol, Casas, Utrillo y otros" (el comentarista silencia deliberadamente el nombre de Picasso, reconocido exiliado antifranquista), se reúne la asociación de vecinos.

Es el paterfamilias don Jaime Vila, honesto empleado de la Central Harinera al que, pese a que le doblan la voz, da vida un convincente Pepe Isbert. La prole a su cargo la integran cuatro hijos: la sumisa Carmen (Maruchi Fresno), la díscola Elvira (Juana Soler, habitualmente conocida bajo el nombre artístico de Juny Orly), el futuro arquitecto Jaime (Jesús Colomer) y la revoltosa Nuri (Liria Izquierdo). Su esposa Adela (María Francés) es más alta que él y le llama siempre por el apellido, pero acata la autoridad del cabeza de familia con obediencia y dulzura.

Caricatura del padre (Pepe Isbert) realizada por su hijo (Jesús Colomer)


Los quebraderos de cabeza de tan decentes personas comienzan cuando Elvira, muchacha independiente y ansiosa de libertad, deja su trabajo en una tienda de ropa para fugarse con un rico hombre de negocios bilbaíno llamado Jorge Alsúa (Fernando Nogueras). Además, el orondo propietario de la fábrica de harina, señor Torrents (Juan de Landa), prescinde de los servicios del honorable don Jaime cuando éste se niega a participar en los oscuros tejemanejes que le propone su jefe. Y, por si no fuera poco, la hija mayor, extenuada tras forzar la vista día y noche con los encajes que borda para contribuir a la maltrecha economía familiar, se queda repentinamente ciega.

Huelga decir que tantas penurias no serán óbice para que todo salga adelante, puesto que el objetivo de un dramón de tales características no es otro sino garantizarle al espectador el consabido final edificante. De todos modos, el atractivo que hoy pueda tener para nosotros una película como La familia Vila (1950) no reside, por supuesto, en su cuestionable moralina nacionalcatólica sino en el valor documental de unas imágenes que nos muestran, por ejemplo, el parque de la Ciudadela repleto de gente bailando sardanas o "la centenaria iglesia del Pino (sic) que se eleva como un centinela protector".



domingo, 13 de noviembre de 2016

A tiro limpio (1963)




Director: Francisco Pérez-Dolz
España, 1963, 86 minutos

A tiro limpio (1963) de Paco Pérez-Dolz


Magnífico ejemplo del cine policíaco barcelonés, junto con otros títulos de Iquino o de Rovira-Beleta, A tiro limpio (dirigida en 1963 por Francisco Pérez-Dolz) es, a día de hoy, una película de culto con todas las de la ley. Y lo es por varios motivos.

En primer lugar, porque Pérez-Dolz apenas realizó dos largometrajes en un par de años y ya no volvió a firmar ninguno más (el otro fue la comedia, al servicio del humorista Cassen, El mujeriego). Pero, por otra parte, porque éste fue su proyecto más personal, con planos inolvidables que nos devuelven a una Barcelona de meublés y barracas que ya no existe.



Como el arranque, filmado en el asiento trasero de un coche en marcha conducido por Martín (Luis Peña) y Antoine (Joaquín Navales): ambos se dirigen a dar un golpe en un garaje a las 7:23 de la mañana y, mientras tanto, desde Radio Condal recitan poemas de amor de Lope de Vega y de Tirso de Molina. O aquel lavadero público, en el que los protagonistas se reúnen clandestinamente mientras las mujeres hacen la colada. O la memorable secuencia final, en la parada de metro de Lesseps (Línea 3), donde un cadáver asciende lentamente sobre las escaleras mecánicas...



Conviene no perder de vista, aun así, que estos forajidos no son delincuentes comunes sino que provienen del maquis, lo cual confería a la película un matiz político que contribuyó todavía más a mitificarla: de hecho, el mencionado Martín o Román (José Suárez) y el Picas (Carlos Otero) no dejan de estar inspirados en Facerías, el legendario guerrillero urbano cuya vida recreara, años más tarde, Carles Balagué en el documental La casita blanca (2002). Como míticos son, en otro orden de cosas, la banda sonora jazzística compuesta por el maestro Francisco Martínez Tudó o los títulos de crédito iniciales, con aquellas metralletas en blanco y negro que anunciaban cuál iba a ser el leitmotiv de la película.



En definitiva, todo en A tiro limpio (de la que Jesús Mora llegó a rodar un remake en 1998) parece haber sido concebido en estado de gracia . Y si a cuanto llevamos dicho, que no es poco, se añade el vínculo personal que, durante tres generaciones, unió a la familia Pérez-Dolz con el Colegio San Miguel, se comprenderá, aún más, por qué nos entusiasma tanto esta película. Os dejamos, pues, con una selección fotográfica de la misma.

Paco Pérez-Dolz, en un curioso cameo a lo Hitchcock

Interior del Hospital Clínico de Barcelona

Exterior del Hospital Clínico (Calle Provenza)

Román (José Suárez)

Sardanas en la plaza de la Catedral

Amor/odio: Román y Marisa (María Asquerino)

En el metro: Lesseps (Línea 3)

¡A tiro limpio!