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domingo, 12 de febrero de 2023

El pequeño Robin Hood (1975)




Director: René Cardona
Méjico, 1975, 84 minutos

El pequeño Robin Hood (1975) de René Cardona


Tres generaciones de la familia Cardona se daban cita en este filme de aventuras a medio camino entre el wéstern cómico y el puro entretenimiento familiar. Fue su director el mítico René Cardona (1906-1988), el mismo cubano, afincado en Méjico, que dirigiera a Lola Flores en La faraona (1956) y que aquí se reserva uno de los papeles principales: el del artista ambulante Aramis. El guion corrió a cargo de su hijo, René Cardona Jr. (1939-2003), mientras que el protagonismo absoluto fue a parar al nieto, la estrella infantil René Cardona III (1962-2021), quien aparece acreditado bajo el nombre artístico de Al Coster.

A pesar de que su título remita a la Edad Media, lo cierto es que la acción de El pequeño Robin Hood (1975) transcurre en las áridas llanuras del far west. Un viejo charlatán de feria, gitano por más señas, recorre los caminos a bordo de su carromato. Le acompañan una chimpancé, llamada Lucifer, y un niño arquero que hace las delicias del público gracias a la habilidad que demuestra en el manejo de las flechas. De hecho, el plato fuerte del espectáculo consiste en hacer gala de su puntería mediante un blanco que colocan sobre el pecho del anciano.



Pero una mujer a punto de dar a luz y su hija se van a cruzar en el destino de ambos, aparte de que el comisario de la región, sabedor de que el viejo y el niño suelen aprovecharse de la concurrencia para, con ayuda de la mona, sustraer alguna que otra cartera, los acusa de robo. Y por si todo esto no fuera poco, un grupo de peligrosos forajidos planea asaltar la diligencia del ferrocarril, así como el atraco de una sucursal bancaria.

Han pasado muchos años desde que los Cardona concibieron este proyecto y, a día de hoy, tal vez pudiera cuestionarse la vigencia de una historia que ha quedado en muchos aspectos obsoleta. Sin embargo, es esa misma ingenuidad que transmiten el argumento y los personajes la que constituye, al mismo tiempo, el principal atractivo de una película tan entrañable como hermosa.



martes, 2 de junio de 2020

La Faraona (1956)




Director: René Cardona
Méjico, 1956, 85 minutos

La Faraona (1956) de René Cardona


A tanto llegó en su día la celebridad alcanzada por Lola Flores que incluso los grandes estudios mejicanos, por aquel entonces una potencia cinematográfica de primer orden, se disputaban la presencia de la tonadillera para que protagonizase algún que otro musical como el que ahora nos ocupa.

No puede decirse que el argumento de La Faraona (1956) sea precisamente una historia verosímil o ni tan siquiera elaborada. Se trata, más bien, de un pretexto para el lucimiento de su protagonista. O dicho con otras palabras: aquí lo más importante son los números en los que se canta y se baila, mientras que los diálogos no pasan de ser un mero relleno.



Una joven gitana española, que responde al nombre artístico de Pastora Heredia (Lola Flores), recibe la noticia de que su abuelo, un millonario mejicano, acaba de fallecer en el país azteca. Y allí se planta, ni corta ni perezosa, en compañía de su troupe flamenca, para descubrir que el anciano en cuestión, contrariamente a lo que le habían asegurado, sigue vivito y coleando.

Aparte de la omnipresente Faraona o de los consabidos tópicos que infaman a su raza, como la cleptomanía del gracioso José Jeromo (Florencio Castelló), el otro gran aliciente de la película es la participación del célebre compositor Agustín Lara haciendo de sí mismo. De hecho, habrá ocasión de escuchar, entre otras muchas, la popular "Madrid", si bien la apoteosis final (en rutilante Eastmancolor que contrasta con el blanco y negro del resto de la cinta) es una imaginativa coreografía a partir del Bolero de Ravel.


martes, 27 de junio de 2017

Allá en el Rancho Grande (1936)




Director: Fernando de Fuentes
Méjico, 1936, 95 minutos

Allá en el Rancho Grande (1936)


Argumento mínimo y el máximo número posible de tópicos: Allá en el Rancho Grande constituye el principal exponente del tipo de cine que encarnó durante decenios las esencias de lo mejicano. O, por lo menos, de la imagen mental que el resto del mundo se hacía de aquel país. Así pues, la amistad desde la infancia entre el amo de una hacienda y su caporal, unido al conflicto suscitado entre ambos a raíz de sentirse atraídos por la misma mujer, no son más que un mero pretexto para filmar números musicales, peleas de gallos y charros vestidos de mariachi.

Dicho así parece que la película no tenga mayor mérito, lo cual dista enormemente de la realidad. Sobre todo porque esta primera versión del clásico de Fernando de Fuentes encierra frases memorables, como aquella que un picadísimo José Francisco (Tito Guízar) le espeta a su oponente como remate del huapango que acaban de trovar: "¡Eso que me has dicho en verso me los vas a sostener en prosa! ¡Y ahora mismo!" Y todo porque las malas lenguas del lugar están poniendo en entredicho la honra de su amada Cruz (Esther Fernández).



La sesión de esta tarde en la Sala Laya de la Filmoteca de Catalunya ha servido, además, para hacer entrega del Premio Film-Historia que concede el Centro de Investigaciones del mismo nombre de la Universidad de Barcelona. Que en la edición de este año ha recaído, precisamente, en la obra de un autor azteca: Crónica de un encuentro. El cine mexicano en España (1933-1948) de Ángel Miquel.

El propio Miquel, visiblemente emocionado, ha recogido el diploma que lo acredita como ganador de manos del jurado, presidido por Magí Crusells. Aunque, acto seguido, también ha habido tiempo para hacer lo propio con algunos estudiantes de bachillerato cuyo trabajo de investigación versaba sobre temática cinematográfica. Tras lo cual se ha pasado a la proyección de Allá en el Rancho Grande, en su día premiada en Venecia, con fotografía del mítico Gabriel Figueroa y un hito de la cinematografía mejicana a pesar de la visión tremendamente paternalista que ofrece del patrón, visto como figura protectora que debe velar por el bien de todos sus lacayos.