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domingo, 26 de abril de 2026

Mystery Train (1989)




Título en español: Tren misterioso
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón, 1989, 110 minutos

Mystery Train (1989) de Jim Jarmusch


Las tres historias que integran Mystery Train (1989) transcurren simultáneamente en una decrépita ciudad de Memphis, cuna del rocanrol y de su más célebre artista, Elvis Presley, pero también símbolo de la recesión económica que asolaba entonces al conjunto de la sociedad estadounidense. Asimismo, sus personajes son o bien mitómanos, como la pareja japonesa del primer segmento ("Lejos de Yokohama"), forasteros de paso, como la viuda italiana del segundo ("Un fantasma"), o simples inadaptados, caso de los protagonistas de la última parte ("Perdidos en el espacio"). Outsiders, todos ellos, cuyo denominador común es la soledad existencial.

A este respecto, parece como si Jarmusch pretendiese desmitificar el sueño americano mediante una colección de calles desiertas, edificios ruinosos y estaciones de tren solitarias. Sin embargo, el cineasta sabe encontrar una belleza poética en esa decadencia, la misma que recorre toda su filmografía con la mira siempre puesta en captar un mundo de silencios resignados, de conformismo no exento de ironía, en definitiva, la cara oculta del American Way of Life.



El punto en el que convergen los tres episodios es el destartalado Arcade Hotel, regentado por un recepcionista impasible (interpretado por el legendario bluesman Screamin' Jay Hawkins) y un botones algo distraído (Cinqué Lee). Allí coincidirán, en un preciso instante, todos los personajes, sin que los unos tengan noticia de los otros. Es más bien el espectador quien se da cuenta de ello gracias a determinados indicios: una canción que suena de madrugada en la radio, el tren que pasa a la misma hora, un disparo en mitad de la noche...

En ese mismo orden de cosas, el fantasma de Elvis, la visita fugaz al Sun Studio o a Graceland (que no llega a aparecer en pantalla) configuran un paisaje humano sumamente melancólico, consolidando una narrativa fragmentada que influiría directamente en obras posteriores de directores como Quentin Tarantino. Meditación sobre el paso del tiempo y la naturaleza transitoria de la vida, la propuesta de Jarmusch nos recuerda que todos somos huéspedes de paso en un hotel llamado mundo, cada uno con nuestra propia banda sonora y nuestros propios fantasmas.



viernes, 24 de abril de 2026

Los muertos no mueren (2019)




Título original: The Dead Don't Die
Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón/Suecia, 2019, 104 minutos

Los muertos no mueren (2019) de Jim Jarmusch


Cuando a un autor le da por hacer cine de género, lo más probable es que su película no guste ni a unos ni a otros. Algo así debió de sucederle a Jim Jarmusch al presentar The Dead Don't Die (2019), cinta de temática a priori tan alejada del resto de su filmografía como lo son los zombis. Unos muertos vivientes, por cierto, que en su apariencia y forma de salir de las tumbas recordaban enormemente a los del videoclip "Thriller" (1983) de Michael Jackson, dirigido por John Landis y recreación en clave cómica, a su vez, del imaginario concebido por George A. Romero a finales de los sesenta.

No obstante, salta en seguida a la vista la intencionalidad paródica de un filme que, como ya sucediera con el wéstern en Dead Man (1995), la figura del samurái en Ghost Dog (1999) o los vampiros de Sólo los amantes sobreviven (2013), revierte las convenciones del género con el objetivo de desmitificar el American Way of Life. Así pues, la apacible Centerville (al igual que Akron, la ciudad natal de Jarmusch) constituye el paradigma de una comunidad en la que nunca ocurre nada y cuyos habitantes, hastiados por el tedio que les devora, asisten impasibles a la irrupción de unas criaturas a las que hay que cortarles la cabeza para neutralizarlas.



De la misma manera que en Flores rotas (2005), le viene muy bien a la cinta la cara de chiste de Bill Murray, encargado de interpretar al parsimonioso y pragmático sheriff Cliff Robertson, si bien es el oficial Peterson (Adam Driver) quien parece saber que están en una película de Jim Jarmusch. De hecho, el recurso de la metaficción no hace sino subrayar la inevitabilidad del desastre, consecuencia del fracking polar que altera la rotación de la Tierra, detiene los relojes, vuelve locos a los animales y, por último, reanima a los muertos.

Envuelta en el particular ritmo lacónico del cineasta, esta pieza de nihilismo autoconsciente no escapa a sus habituales guiños mitómanos (buen ejemplo de ello es esa lápida del cementerio local en la que puede leerse el nombre de Samuel Fuller, uno de los ídolos de juventud de Jarmusch), como tampoco renuncia a la sátira mordaz sobre el consumismo salvaje de nuestra era cuando muestra a cadáveres deambulando en busca de Chardonnay o señal de Wi-Fi y Bluetooth, en lo que supone una forma de sugerir que ya estamos muertos por dentro, pegados a las pantallas y a las posesiones materiales.



viernes, 25 de enero de 2019

El gran Lebowski (1998)




Título original: The Big Lebowski
Directores: Joel Coen y Ethan Coen
EE.UU., 1998, 117 minutos

El gran Lebowski (1998) de Joel y Ethan Coen


¿Qué ingredientes se deben dar cita en una película para que ésta se convierta en objeto de culto? De haber una respuesta específica a tan capciosa pregunta, probablemente consistiría en un listado de elementos que, en su mayor parte, se hallan presentes en El gran Lebowski. Por ejemplo, un protagonista de lo más peculiar que suelte frases lapidarias (sobre alfombras o sobre Vietnam, eso da igual), pero susceptibles de convertirse, con el tiempo y una caña, en aforismos que cualquier cinéfilo reconozca y aun utilice de vez en cuando. O que tenga algún hábito fácilmente identificable, como el beber White Russians con la misma frecuencia y avidez que quien come caramelos.

A los hermanos Coen los pintaron para fabricar filmes memorables según la anterior fórmula, lo mismo en el terreno de la comedia (Arizona Baby, O Brother!) que en el del thriller (No es país para viejos). Y a menudo con ese toque ligeramente kafkiano, heredado tal vez de una cierta tradición judía, que los convierte en dignos herederos, salvando las distancias, de otros hermanos que marcaron época: los Marx.

El Nota (por siempre jamás unido a la imponente efigie de Jeff Bridges) es, por así decirlo, la versión sofisticada de un zángano: un individuo sin oficio ni beneficio, hippy trasnochado, fan de los Credence y, al igual que la singular corte de secundarios que lo rodean, empedernido jugador de bolos. De entre estos últimos, comparte protagonismo con The Dude el orondo Walter (John Goodman), especie de gurú-sionista converso-veterano de guerra cuyo paso por el ejército le dejó notables secuelas en su particular forma de percibir la realidad.



Y así podríamos seguir hablando, largo y tendido, de la pléyade de antihéroes, la mayoría episódicos, que pueblan el reparto de El gran Lebowski y que, como el arrogante y hortera Jesús Quintana (John Turturro) en el ámbito de la bolera, se irán cruzando en el accidentado camino de El Nota para dar con la solución que lo libere del mortificante acoso de un multimillonario en silla de ruedas y su cortejo de matones nihilistas.

Sin embargo, valdría la pena llamar la atención, por último, a propósito de la enorme cantidad de referencias cinéfilas (otro de los rasgos definitorios, por cierto, del estilo de los Coen) que encierra un filme como éste y que van, entre muchas otras, desde el jefe de policía de Malibú remedando al sargento Hartman de La chaqueta metálica (1987) hasta la oreja arrancada de un mordisco y escupida al aire, en el clímax de la historia, que alude claramente a El expreso de medianoche (1978).


domingo, 2 de julio de 2017

Reservoir Dogs (1992)




Director: Quentin Tarantino
EE.UU., 1992, 99 minutos

Reservoir Dogs (1992) de Quentin Tarantino


Se han dicho tantas cosas a propósito de Tarantino y de sus películas (¡hay hasta quien se ha dedicado a contar cuántas veces se dice la palabra fuck a lo largo de la peli!) que a estas horas de la noche a cualquiera se le haría un poco cuesta arriba el tener que comentar Reservoir Dogs. Pero, bueno: ahí va.

De entrada, a uno (que nunca la había visto hasta hoy) le sorprende la enorme cantidad de diálogo que hay. De lo que se infiere una primera premisa: lejos de ser un filme de acción, Reservoir dogs es, ante todo, un brillante ejercicio teatral.

Dos: su estructura caleidoscópica, con continuos saltos temporales, es uno de los atractivos en una cinta en la que más importante que lo que se cuenta es cómo se cuenta.



Tres: ésta fue la película que dio el espaldarazo definitivo a la carrera de Tarantino. A nadie sorprende, pues, que, dado el éxito obtenido, para su siguiente proyecto (la aclamada Pulp Fiction) decidiera ahondar en similares situaciones y personajes, igualmente ataviados con el mismo atuendo.

En conclusión: más allá de la sangre, la ultraviolencia y el lenguaje soez, en Reservoir Dogs, bajo el eterno dilema de quién es el traidor dentro de un grupo, lo que encontramos es un fenomenal trabajo de actores muy cercano (voluntaria o involuntariamente) al imaginario shakespeariano de la lucha por el poder.


jueves, 23 de julio de 2015

Coffee and Cigarettes (2003)




Director: Jim Jarmusch
EE.UU./Japón/Italia, 2003, 95 minutos

Coffee and Cigarettes (2003) de Jim Jarmusch


Las once historias que conforman Coffee and Cigarettes (2003) no solo tienen el tabaco y el café como denominador común (como es lógico) sino también el hecho de que los actores se interpretan a sí mismos. Además, ya señaló Jim Jarmusch que había decidido filmarlas en blanco y negro porque esos son los colores, respectivamente, de los cigarrillos y de la infusión.

Otro nexo de unión es la comicidad de todas ellas, a menudo rozando el absurdo. Es el caso, por ejemplo, del segmento titulado "Jack le enseña a Meg su bobina Tesla", en el que Jack y Meg White (del grupo de rock The White Stripes) un poco más y se electrocutan bajo el pretexto de que "la tierra es un conductor de la resonancia acústica" (frase atribuida al inventor de origen serbio).

Destacan, igualmente, por lo ingenioso de sus planteamientos "Primas", en el que Cate Blanchett se desdobla en dos personajes distintos que comparten pantalla, y "¿Primos?", en el que Alfred Molina revela al también actor Steve Coogan que son parientes muy lejanos. Lo curioso del caso es que las evasivas del segundo acabarán convirtiéndose en súplicas cuando descubra que Molina es amigo de Spike Jonze.

En un principio, Coffee and Cigarettes empezó siendo un cortometraje en 1986 (de hecho, es el primer segmento: "Strange to Meet You", con Roberto Benigni y Steven Wright), al que seguirían otras dos versiones, una en 1989 ("Gemelos", protagonizada por los hermanos Joie Lee y Cinqué Lee y Steve Buscemi en el papel del camarero que expone la teoría del hermano mellizo de Elvis, así como unos supuestos comentarios racistas que hizo el rey del Rock & Roll) y otra en 1993 ("Somewhere in California", con la participación de los cantantes Iggy Pop y Tom Waits).


"Somewhere in California": Iggy Pop y Tom Waits
"Jack le enseña a Meg su bobina Tesla": con el retrato de Lee Marvin
"Cousins": Cate Blanchett en el doble papel de Cate / Shelly
"¿Primos?": Alfred Molina y Steve Coogan