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jueves, 30 de agosto de 2018

Grupo salvaje (1969)




Título original: The Wild Bunch
Director: Sam Peckinpah
EE.UU., 1969, 145 minutos

Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah


¿Cuántos tiros se llegan a disparar en Grupo salvaje? ¿Mil? ¿Dos mil? ¿Un millón? En cualquier caso, es casi seguro que la cinta debe de figurar en el Libro Guinness de los récords por éste o algún otro asunto parecido. En el plano estrictamente cinematográfico, baste decir que sobran presentaciones para lo que es ya hoy un clásico incontestable en su género, lo que dio en llamarse y se sigue llamando wéstern crepuscular.

Cuando ya se le daba por muerto, Peckinpah en Estados Unidos y los italianos del espagueti en Europa demostraron que aún quedaba un amplio margen por explorar, no tan estilizado ni apolíneo como la senda marcada por los Ford, Hawks y demás deidades de la época dorada, sino más brusco y estéticamente mugriento. Probablemente, fue Lang, merced a la fisicidad con que filmara las refriegas entre pistoleros en películas como Rancho Notorius (1952), uno de los primeros en sentar las bases de lo que sería la posterior evolución del género.



Que Peckinpah, sabedor de que el progreso que trajo consigo el siglo XX era, en buena medida, incompatible con el aura romántica del lejano oeste, no dudará en trasladar al Méjico del desierto de Sonora, espacio mítico donde aún se mantenían intactas aquellas esencias y, por ende, idóneo para prolongar la larga tradición de enfrentamientos suicidas entre clanes rivales.

En el caso de The Wild Bunch ello implica traiciones entre antiguos compañeros, y de ahí los ajustes de cuentas que habrán de dirimir las facciones lideradas por Deke (Robert Ryan) y Pike (William Holden), así como una manifiesta corrupción a todos los niveles (político, económico, militar...) encarnada en la figura del General Mapache (Emilio Fernández) y su amplia cohorte de prosélitos y soldaderas. De todo lo cual resulta un cóctel, sin duda, explosivo, pero cuya pólvora, por mor de su ya mencionado carácter decadente, irá aderezada con unas gotas de comicidad, que se manifiesta, por ejemplo, en escenas como la de la ametralladora desbocada.


sábado, 8 de abril de 2017

Junior Bonner (El rey del rodeo) (1972)




Título original: Junior Bonner
Director: Sam Peckinpah
EE.UU., 1972, 100 minutos

Junior Bonner (El rey del rodeo) (1972) de Sam Peckinpah


Wéstern y crepuscular son dos términos que bien podrían considerarse sinónimos de Sam y de Peckinpah. Títulos como Duelo en la alta sierra (1962), Grupo salvaje (1969) o Pat Garrett y Billy the Kid (1973) son sólo una muestra de la contribución del director a dicho género.

Escrita por Jeb Rosebrook, Junior Bonner traducía en imágenes las andanzas de una vieja gloria del rodeo, encarnada por el actor Steve McQueen, mediante la habitual retahíla de insertos, zoom y abuso de la cámara lenta que caracteriza el estilo de Peckinpah. Aunque, extrañamente, la ultraviolencia quedaba esta vez fuera del repertorio.

La acción se sitúa a principios de julio del 71, coincidiendo con los festejos del Independence Day en Prescott (Arizona). JR Bonner, jinete curtido en el arte de montar a pelo potros salvajes y reses vacunas bravas, regresa al hogar para reencontrarse con un padre de lo más díscolo (Robert Preston), una madre (Ida Lupino) resignada a que su marido se entienda con una enfermera y un hermano menor (Joe Don Baker) dispuesto a enriquecerse con la venta de las tierras familiares.

Pese a lo recurrente del tema, ya presente en clásicos como The Misfits (1961) de Huston, éste volvía a ser, una vez más, cómo el progreso capitalista está devorando el estilo de vida tradicional del oeste americano. De ahí que el personaje principal se identifique con el disparatado proyecto de su padre, quien pese a hallarse hospitalizado sueña con irse a Australia en busca de oro y de ganado, en lugar de apoyar los prósperos negocios del hermano.

Y como metáfora del apego por las viejas formas de vida, de la irracional oposición a los avances del liberalismo mercantilista, el reto de mantenerse durante al menos ocho segundos sobre Sunshine, la indómita res que, como el auge del capitalismo salvaje, parece imparable.