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domingo, 30 de septiembre de 2018

La loba y la paloma (1974)




Director: Gonzalo Suárez
España/Francia, 1974, 83 minutos

La loba y la paloma (1974) de Gonzalo Suárez


Entre los muchos engendros concebidos por Gonzalo Suárez a lo largo de su irregular carrera se encuentra este filme de reducido reparto y espléndidos exteriores asturianos. Y que, como volvería a suceder dos años más tarde en Beatriz (1976), estaba protagonizado por una exuberante Carmen Sevilla.

El argumento de La loba y la paloma, un tanto previsible y pillado por los pelos, lo escribieron conjuntamente el propio Suárez y Juan Cueto, con quien ya había colaborado en el guion de Morbo (1972). Gira en torno a una codiciada estatuilla prehistórica, hecha de oro y piedras preciosas, cuyo paradero sólo es conocido por una joven muda (Muriel Catalá): la hija del hombre que halló la pieza en una gruta frente al mar y que murió asesinado a manos de su socio. María, testigo accidental del brutal suceso, perdió a consecuencia de ello el habla y el juicio, por lo que se hará difícil dar con el tesoro.



Aparte de las ya mencionadas Carmen Sevilla y la francesa Muriel Catalá, el resto del elenco de actores lo formaron el británico Donald Pleasence (1919–1995) en el papel de Martín Zayas; el norteamericano (aunque afincado en Gran Bretaña) Michael Dunn (1934–1973), quien interpreta al diminuto Bodo; Aldo Sambrell (1931–2010), dando vida al bestial Atrilio, y José Jaspe (1906–1974), encargado de meterse en la piel de Acebo, el padre de María. Un dato curioso: ni Dunn ni Jaspe llegaron a ver estrenada la película, puesto que ambos fallecieron antes de septiembre del 74.

Los espacios claustrofóbicos, así como un cierto ambiente de pesadilla, presiden buena parte de la película, rodada entre Villaviciosa, Llanes y otras pequeñas localidades del litoral cantábrico. Vista con cuarenta años de distancia, La loba y la paloma aparece envuelta de un candor completamente ajeno a la voluntad de quienes la crearon, probablemente porque ni Carmen Sevilla parece la mejor opción para un papel de semejantes características ni el incipiente erotismo de la cinta contribuye a mantener vivo el espíritu de thriller psicológico con el que fue concebida.


domingo, 3 de julio de 2016

Morbo (1972)




Director: Gonzalo Suárez

España, 1972, 86 minutos

Carátula de la BSO compuesta por Jacques Denjean (Bocaccio / RCA)

Quiero que me mates. No puedo vivir entre estos árboles carbonizados en esta casa, a oscuras, sentada en la silla oyendo lo que tú has visto a escondidas. ¡Ojalá el rayo me hubiera caído encima! ¡Ojalá no me hubiera salvado de las llamas...!

Alicia (Ana Belén) y Diego (Víctor Manuel) son una joven pareja de recién casados que, con su coche rojo y una caravana cargada con los (en opinión de ambos) inútiles regalos de boda, se disponen a iniciar en el campo su luna de miel. Principio de una vida en común y preludio de las primeras fisuras en la relación que los une. Y todo por su incontrolada "atracción hacia los acontecimientos desagradables" que se irán sucediendo a su alrededor. Porque esa es, precisamente, según el diccionario, la tercera acepción de la palabra morbo.

No se puede decir que Gonzalo Suárez y Juan Cueto escribiesen un filme de suspense convencional. En ese sentido no hay trampa ni cartón, como lo demuestra el hecho de que la película comience con una escena en la casa abandonada donde tendrá lugar el desenlace: la voz en off de los antagonistas manteniendo una sobrecogedora conversación en la que ella, mientras presumiblemente se prueba un traje de novia, se lamenta de la belleza perdida como consecuencia de un incendio hace que, nada más empezar, desaparezca buena parte del misterio, puesto que con los indicios que recibe el espectador ya puede hacerse una idea de lo que acabará sucediendo.

Más bien habría que hablar, entonces, de thriller psicológico, reforzado por el uso sistemático de metáforas visuales que traducen en imágenes lo que están viviendo Alicia y Diego, como la pareja de hámsteres enjaulados que se acaban devorando o la oruga negra que trepa por el muñeco de la novia del pastel nupcial, la misma novia en cuyos ojos alguien clavará una horquilla...

En definitiva, cabe suponer que Morbo intentaba ser una sátira cruel del matrimonio burgués como institución obsoleta y represora, pero (ironías del destino) para lo que sirvió realmente fue para que Víctor y Ana mantuviesen un idilio durante el rodaje que, poco después, se concretaría en una sólida relación de pareja que aún dura hoy en día...

Mención aparte merece la excelente banda sonora que compuso para la ocasión el francés Jacques Denjean (1929-1995) y que, gracias a la magia de internet, es posible escuchar íntegramente a través del blog https://estudiodelsonidoesnob.wordpress.com/2014/03/.