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viernes, 30 de enero de 2026

Sólo el cielo lo sabe (1955)




Título original: All That Heaven Allows
Director: Douglas Sirk
EE.UU., 1955, 89 minutos

Sólo el cielo lo sabe (1955) de Douglas Sirk


Hablar de Douglas Sirk es hablar de melodrama, subgénero que alcanzó su máxima perfección de la mano de un cineasta nacido en Hamburgo en 1897 y fallecido en Lugano (Suiza) en 1987, pero que desarrollaría la mayor parte de su carrera en el Hollywood de la época dorada. Es en ese contexto de apogeo de una forma rigurosamente artesanal de entender la producción cinematográfica en el que se inscribe All That Heaven Allows (1955), historia de la pasión amorosa entre dos seres, Cary y Ron, magistralmente interpretados por Jane Wyman y Rock Hudson, respectivamente, a los que la diferencia de edad y las convenciones sociales parecen separar de modo irremisible.

A este respecto, el hecho de que una viuda de buena familia entable una relación sentimental con su jardinero levanta ampollas en la pequeña localidad de provincias en la que transcurre la acción, máxime teniendo en cuenta que él es mucho más joven que ella (si bien, en la vida real, Wyman y Hudson apenas se llevaban ocho años). El caso es que el clasismo y el edadismo que imperan en aquel ambiente puritano se alían en contra de la pareja, generando la incomprensión y aun el rechazo de la mayor parte de quienes los rodean, incluidos los hijos de Cary, temerosos de que la madre haya olvidado demasiado pronto a su difunto esposo.



La extraordinaria fotografía en tecnicolor de Russell Metty, unida a la partitura de Frank Skinner que constituye la banda sonora de la película, actúan de marco idóneo para una puesta en escena de extrema elegancia y contención en la que Sirk, además, se permite incluir símbolos de origen bíblico, como la paloma y el ciervo, ya presentes en el Cantar de los cantares, que denotan la sutil carga erótica y morbosa (según la estricta moral norteamericana de aquel entonces) que destilan los hechos expuestos. Simbología que tiene también su correlato a nivel visual: los azules fríos de la casa de Cary representan su soledad y su "prisión" de cristal, mientras que los tonos cálidos y dorados de la cabaña de Ron equivalen a la libertad y la vida auténtica, motivo por el que entre sus lecturas de cabecera se halla el Walden de Thoreau.

Crítica feroz (aunque soterrada) y estéticamente impecable a la hipocresía de la clase media estadounidense de los años cincuenta, la escena en la que los hijos de Cary le regalan a ésta un televisor para que le haga compañía (en lugar de alentar su relación con Ron) supone una de las metáforas más devastadoras jamás filmadas a propósito de la alienación doméstica. Lo cual demuestra que, a diferencia de muchos de sus coetáneos, Sirk no juzga a los amantes, sino que más bien apuesta por romper con las jaulas de oro que nos atenazan y que, por desgracia, demasiado a menudo construimos nosotros mismos.



lunes, 31 de agosto de 2020

Cuando llegue septiembre (1961)




Título original: Come September
Director: Robert Mulligan
EE.UU., 1961, 112 minutos

Cuando llegue septiembre (1961)
de Robert Mulligan


Nadie diría que el mismo director que apenas un año después brindó la magnífica To Kill a Mockingbird (1962) fuese el responsable de esta intrascendente comedia romántica ambientada en Italia. Pero así son las cosas en la lucrativa meca del cine, hasta el extremo de que, aparte del mencionado Mulligan, todo un tótem de la relevancia de Raoul Walsh se ocupara de las labores de producción.

La historia no puede ser más bobalicona: un apolíneo hombre de negocios estadounidense llamado Robert Talbot (Rock Hudson) se desplaza, como cada mes de septiembre, hasta su lujosa mansión romana. Pero una vez allí descubrirá, para su asombro, que el mayordomo se ha tomado la licencia, a espaldas de su legítimo propietario, de convertirla en hotel durante el resto del año. Por si no fuera poco, su prometida, la alocada Lisa (Gina Lollobrigida), amenaza con casarse con un aburrido inglés que no se separa nunca de sus adustas hermanas.



Aun así, el encanto de Talbot hará que las aguas vuelvan a su cauce hasta que el grupo de jóvenes turistas norteamericanas que se alojan en casa del magnate entren en contacto con una pandilla de veinteañeros de la misma nacionalidad, ávidos de entablar amistad con sus bellas compatriotas y, de paso, rivalizar en galanura con el mismísimo anfitrión, al que los muchachos consideran un vejestorio engreído (y algo de razón no les falta, más por lo segundo que por lo primero).

Factura impecable (en CinemaScope, Technicolor y espectacular Panavisión), un reparto de atractivos intérpretes (con unos jovencísimos Sandra Dee y Bobby Darin enamorándose a uno y otro lado de la pantalla), canciones y algún que otro número de baile son varios de los elementos de una película en la estela de Roman Holiday (1953) o los enredos acaramelados a lo Doris Day y con Rock Hudson explotando descaradamente su faceta de heredero de Cary Grant, cuya vis cómica intenta emular por todos los medios, aunque sin brillar a la misma altura.


sábado, 20 de junio de 2020

Winchester 73 (1950)




Título original: Winchester '73
Director: Anthony Mann
EE.UU., 1950, 92 minutos

Winchester 73 (1950) de Anthony Mann


Más que por James Stewart, Winchester 73 está protagonizada por un rifle: objeto al que se le atribuyen propiedades casi mágicas y que irá pasando de mano en mano como si de un preciado talismán se tratase. En realidad, el codiciado modelo "One of One Thousand", también conocido como "The Gun That Won the West", no deja de ser el McGuffin o pretexto necesario para articular una estructura episódica y hacerla avanzar hasta que quede saciada la sed de venganza que mueve al protagonista y que es el único y verdadero motor de la acción.

Trama que arranca un 4 de julio en Dodge City cuando está a punto de comenzar un concurso de tiro en el que Lin McAdam (Stewart) y su irreconciliable oponente Dutch Henry Brown (Stephen McNally) tendrán ocasión de demostrar sus respectivas habilidades en el manejo del gatillo: célebre es, a este respecto, la escena en la que ambos miden su puntería disparando sobre un dólar lanzado al aire. Aunque una cierta nota cómica se cuela en este primer acto, con el mítico Wyatt Earp (Will Geer) ejerciendo de sheriff local y reconvertido en entrañable abuelo Cebolleta que obliga a todo el mundo a que le entregue las armas con tal de tener la fiesta en paz.

El actor Will Geer interpreta al mítico Wyatt Earp


Winchester 73 supuso un punto de inflexión en la carrera del director Anthony Mann (1906–1967) y, sobre todo, en la de un James Stewart encasillado, hasta aquel entonces, en papeles eminentemente burlescos de galán patoso, pero que, a partir de esta película, tendría ocasión de explorar registros de mayor profundidad psicológica. Fue también el inicio de una colaboración fructífera entre ambos, así como la primera vez que una estrella de Hollywood se decantaba por obtener, en lugar de su sueldo astronómico, un porcentaje de lo recaudado en taquilla (lo cual le acabaría reportando pingües beneficios al actor, amén de crear un precedente que, andando el tiempo, cambiaría radicalmente las reglas del juego en la meca del cine).

Por otra parte, el espectador atento descubrirá en papeles secundarios a futuros astros del celuloide como Rock Hudson (haciendo de joven jefe indio) o Tony Curtis, quien interpreta a un soldado de caballería que interviene fugazmente. No obstante, son los aspectos derivados de la lucha fratricida que alienta en el trasfondo del argumento los que, en puridad, cabe tener en cuenta como primordiales y definitorios de lo que aquí se cuenta. De hecho, en un principio era Fritz Lang, cineasta forjado en las tortuosas fabulaciones del expresionismo europeo, el elegido para dirigir una historia cuya intrincada red de pasiones explica la predilección por los planos en contrapicado del duelo final entre las rocas o las siluetas de los jinetes recortadas sobre el horizonte.