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martes, 6 de julio de 2021

Volver (2006)




Director: Pedro Almodóvar
España, 2006, 121 minutos

Volver (2006) de Pedro Almodóvar


Si La mala educación (2004) había sido una película muy masculina, para su siguiente proyecto, en cambio, Almodóvar decidió contar una historia manchega de fantasmas que girase en torno a un verdadero matriarcado. Volver (2006) no sólo supuso el reencuentro, tras casi dos décadas sin haber trabajado juntos, entre el cineasta y Carmen Maura, sino que, además, le valió una merecidísima nominación al Óscar a Penélope Cruz por su papel de Raimunda (galardón que, por cierto, aún se le resistiría un par de años más, hasta Vicky Cristina Barcelona).

Con ese título de tango (aflamencado en la versión de Estrella Morente que "canta" Penélope), Volver nos habla del eterno retorno, de viejas rencillas familiares que el paso del tiempo ayuda a curar a base de comprensión y generosidad. También es un homenaje (otro más, tras títulos tan emblemáticos como Todo sobre mi madre, 1999) a la figura materna, cuyo espíritu se aparece a las hijas al cabo de los años con la intención de esclarecer los secretos que ésta se llevó consigo a la tumba.



Se trata, por tanto, de un Almodóvar que coquetea con el más allá, pese a que su cine sea muy de aquí. Capaz de liquidar al macho a manos de su prole como ya hiciera en la célebre escena del jamonazo de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Un autor que indaga en sus propias raíces y que no duda, según declaran los créditos finales, en nombrar "asesoras de asuntos manchegos" a sus hermanas Antonia y María Jesús. De ahí que Chus Lampreave esté tan propia cuando dice aquello de "¡Que tengáis cuidaíco!"

La acogida que tuvo la película a nivel de público y de crítica fue excelente, agraciada con cinco Goyas y otros tantos trofeos en los European Film Awards, amén del premio colectivo que recibieron en Cannes las actrices protagonistas, además del de Mejor Guion. Y toda esa repercusión internacional por una cinta inequívocamente provinciana en la que las intérpretes se dan sonoros besos de abuela, Sole (Lola Dueñas) se monta una peluquería ilegal en casa, Agustina (Blanca Portillo) acude a un programa de telebasura para ventilar sus miserias y Raimunda ocupa el bar del vecino. Con lo que queda de sobras demostrada la máxima de que "no hay nada más universal que lo local".



martes, 22 de junio de 2021

Fin de curso (2005)




Director: Miguel Martí
España/Portugal, 2005, 90 minutos

Fin de curso (2005) de Miguel Martí


Jaime (Jordi Vilches) es el típico adolescente larguirucho y patoso que pasa desapercibido entre sus compañeros de clase, razón por la que éstos lo apodan "El hombre invisible". El hecho de que su padre regente una empresa de pompas fúnebres y lo acompañe al instituto a bordo del coche mortuorio tampoco ayuda mucho. Sin embargo, se acerca el final de curso y los alumnos deben decidir cuál será el destino de su viaje de estudios. Los pijos, liderados por Borja (Pau Roca) y Marta (Aida Folch) se decantan por París, mientras que el grupito chungo de Kaos (Álvaro Monje) y Noa (Yohana Cobo) preferiría ir a Benidorm...

Tras haber ensayado una historia de enredo, al más puro estilo americano y protagonizada por veinteañeros, en Slam (2003), Miguel Martí situaba el argumento de su siguiente largometraje en las aulas del Liceo español de Lisboa: centro educativo cuyo claustro de profesores acoge a docentes en apariencia tan serios como el temible João (Heitor Lourenço) y donde los estudiantes, más interesados por las drogas, el sexo y el alcohol que no por aprender, se agrupan en torno a dos bandos antagónicos entre los que Jaime irá oscilando como un péndulo.



Decididamente, no estamos ante la mejor película de la historia. Ni siquiera pasaría por una buena comedia adolescente. En todo caso, baste decir que reúne los tópicos habituales respecto a la idea de hasta qué punto son importantes las relaciones interpersonales cuando uno está buscando su lugar en el mundo. O, como afirma el protagonista en un momento dado, "si no te gusta el cómic que te tocó vivir, ponte a dibujar otro".

Lo demás es puro gamberreo: bromas de mal gusto y otras vulgaridades que, lejos de lo que pudiera pensarse, no son exclusivas de nuestra cinematografía, sino que tienen su parangón en cintas como, por ejemplo, la francesa Les beaux gosses (Riad Sattouf, 2009). No faltan, eso sí, guiños cinéfilos como la carrera de coches nocturna, que remite directamente al imaginario de American Graffiti (George Lucas, 1973), demostrando que, a pesar de tanta chabacanería y onanismo reiterativo, existe por parte del director una voluntad explícita de rendir homenaje a los clásicos del género. A fin de cuentas, aquí no hay mayor ambición que hacernos pasar un buen rato.