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miércoles, 26 de junio de 2019

Rosita, la cantante callejera (1923)




Título original: Rosita (a Spanish Romance)
Directores: Ernst Lubitsch y Raoul Walsh
EE.UU., 1923, 98 minutos

Rosita, la cantante callejera (1923)
de Ernst Lubitsch


Mary Pickford, la "novia de América", no quedó muy satisfecha con el resultado final de esta producción de época (la primera que dirigía el afamado Ernst Lubitsch en Hollywood). De ahí que la actriz y productora —uno de los cuatro pilares fundacionales de la United Artists junto con su marido Douglas Fairbanks, Charles Chaplin y David W. Griffith— resolviese destruir todas las copias de la película. Todas... menos la cuarta bobina, donde, al parecer, sí que había actuado a la altura de sus propias expectativas.

Ha sido, precisamente, dicho rollo, más un negativo en ruso que se conservaba en los archivos del MoMA, lo que ha permitido restaurar este filme ambientado en la Sevilla dieciochesca. Un ambiente de refinamiento y boato en el que irrumpe, como un torbellino, la figura procaz de Rosita.



Atmósfera carnavalesca y decorados monumentales en los que, amén de cientos de extras, intervinieron dos personalidades que, en años sucesivos, estarían llamadas a destacar en la floreciente meca del cine: William Cameron Menzies en la dirección artística y Mitchell Leisen como responsable del diseño de vestuario. Raoul Walsh, además, colaboró en la realización, pese a que no aparece acreditado.

La clave de la trama es una canción difamatoria que la deslenguada muchacha se atreve a entonar en público contra el monarca y que suscitará las iras del cortejo real, pero también, por esas ironías del destino, la querencia del propio rey... Soberbio pastiche de mantillas y peinetas, repleto de todos los tópicos habidos y por haber, aunque, al mismo tiempo, con un cierto toque reivindicativo por lo que tiene de alegato a favor de la libertad de expresión tanto de la mujer como de las clases subalternas.


viernes, 19 de abril de 2019

La vida futura (1936)


















Título original: Things to Come
Director: William Cameron Menzies
Reino Unido, 1936, 90 minutos

La vida futura (1936) de William Cameron Menzies

El siempre clarividente H. G. Wells no sólo escribió la novela en la que se basa esta fantasía distópica, sino que todo apunta a que fue él mismo quien comenzó a dirigirla. No obstante, y dada su escasa pericia en este tipo de labores, no tuvo más remedio que ceder el timón al más bregado William Cameron Menzies, prestigioso director artístico (tres años más tarde trabajaría en Lo que el viento se llevó) que, de vez en cuando, también ejercía como realizador.

Things to Come presentaba un escenario escalofriantemente apocalíptico según el cual la humanidad se vería, en pocos años, al borde del colapso. Lo cual, dicho sea de paso, era bastante cierto, habida cuenta de la contienda mundial que se avecinaba y que Wells fue capaz de vaticinar con estremecedora precisión. De hecho, la película muestra cuál va a ser el devenir del planeta durante los próximos cien años, deteniéndose en 1940, 1966, 1970 y el 2036.

H. G. Wells (izquierda) sentado con los protagonistas de la película

Lo más relevante de cada una de esas fechas es que comenzará la Segunda Guerra Mundial (1940), extendiéndose durante décadas y asolando la Tierra; que una epidemia de peste causará estragos en 1966 y que, finalizada ésta (1970), la civilización renacerá de sus cenizas. Por último, el 2036 marcará la llegada del hombre a la luna y el inicio de la carrera espacial.

Pocas veces un filme de ciencia ficción ha dado en el clavo con tanta exactitud a la hora de predecir nuestro futuro inmediato, si bien la cosa flojea un tanto cuando se trata de mostrar cómo será la moda en el siglo XXI: ataviados con vistosas túnicas de inspiración grecolatina, los habitantes de Everytown no tienen pinta de ir muy cómodos, la verdad...