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sábado, 8 de julio de 2023

El arte de amar (2011)




Título original: L'art d'aimer
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2011, 85 minutos

El arte de amar (2011) de Emmanuel Mouret


Cuando se estrenó en España L'art d'aimer (2011) se pretendió vender el producto como "La nueva comedia romántica del protagonista de Intocable". Y todo porque el actor François Cluzet, que acababa de cosechar un enorme éxito comercial interpretando a un tetrapléjico, intervenía en uno de los episodios del filme. Lo cierto es que poco o nada tenía que ver una historia con la otra, aunque también es verdad que de no haber sido por esa circunstancia, por completo oportunista, la película que nos ocupa difícilmente se habría llegado a estrenar aquí.

Dos son las influencias más notables que se pueden rastrear en la puesta en escena ideada por Emmanuel Mouret. Por una parte, los aforismos sobreimpresionados en pantalla que sirven de presentación para cada segmento remiten vagamente al cine de Rohmer, sobre todo si se tiene en cuenta el trasfondo moral que en cierta manera poseen los hechos descritos. En cambio, el otro modelo que presumiblemente le sirve de inspiración sería tal vez Woody Allen, considerando la comicidad de la mayor parte de situaciones expuestas.



A grandes rasgos, son las siguientes: un joven compositor (Stanislas Merhar) sueña con encontrar al amor de su vida; una mujer que lleva todo un año sin tener relaciones sexuales (Julie Depardieu) recibe la generosa oferta de una amiga suya (Pascale Arbillot) que le propone que se acueste con su marido para, poco después, terminar suplantando a otra amiga (Judith Godrèche) y así yacer a oscuras con el tímido y también librero Boris (Laurent Stocker). Achille (François Cluzet) se enamora perdidamente de su nueva vecina (Frédérique Bel), quien llama a su puerta en camisón para pedirle un poco de café. En otra subtrama, la estabilidad de un matrimonio de mediana edad se ve amenazada cuando la esposa (Ariane Ascaride) se siente atraída por cada guaperas que se cruza en la calle. Por último, una joven pareja (Gaspard Ulliel y Élodie Navarre) sienten celos de sus respectivas infidelidades.

El melancólico tercer movimiento (Poco allegretto) de la Sinfonía número 3 de Brahms actúa de leitmotiv a lo largo de una cinta cuyos personajes acaban coincidiendo los unos con los otros, a veces sin ser conscientes del drama personal al que cada uno de ellos se enfrenta. Y para cohesionarlo todo y darle forma de relato aleccionador, la voz en off de Philippe Torreton encarna al narrador de esta particular antología amorosa.



lunes, 3 de julio de 2023

Las cosas que decimos, las cosas que hacemos (2020)




Título original: Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2020, 123 minutos

Las cosas que decimos, las cosas que hacemos (2020)


El preciosismo que transmiten las imágenes de Les choses qu'on dit, les choses qu'on fait (2020), en especial cuando la acción se sitúa en plena naturaleza, queda además subrayado mediante una banda sonora repleta, entre otras, de piezas tan célebres como el "Claro de luna" de la Suite Bergamasque de Debussy, la Gymnopédie Nº1 de Satie o el Adagio para cuerdas de Samuel Barber. Tópicos que, unidos a la morosidad de sus dos horas largas de metraje, conforman una película donde los devaneos amorosos de sus protagonistas parecen estar conectados por una especie de armonía universal.

En ese sentido, el guion del propio Emmanuel Mouret se recrea en los mismos lugares comunes, de un romanticismo sofisticado, por los que transita buena parte de su filmografía, adoptando, en esta ocasión, una estructura que bien pudiera recordar a la de determinadas novelas decimonónicas. Así pues, Daphné (Camélia Jordana) y Maxime (Niels Schneider) se explicarán el uno al otro los pormenores de sus respectivas relaciones sentimentales, hasta que finalmente, a fuerza de confidencias, termine saltando la chispa entre ambos.



El problema es que, tal y como reza el título del filme, a menudo media una distancia enorme entre lo que se dice y lo que se hace. De hecho, los personajes de las diversas tramas se unen y se separan con una facilidad pasmosa, dando a entender el carácter volátil de la pasión. Lo cual no impide, por otra parte, que tanto ellos como ellas se entreguen recíprocamente mientras arde el deseo en sus corazones.

De hecho, el viejo filósofo de ese documental en cuyo montaje trabaja Daphné aporta algunas claves al respecto: "El ser humano es feliz no poseyendo, sino dando..." Sabias palabras que contrastan con el sufrimiento de quienes se aferran a una aventura más allá del momento presente. Porque si alguna lección encierra esta historia, con todos sus enredos y demás complicaciones, es que hay que vivir el instante.



viernes, 14 de abril de 2023

Le père de mes enfants (2009)




Título en español: El padre de mis hijos
Directora: Mia Hansen-Løve
Francia/Alemania/Bélgica, 2009, 110 minutos

Le père de mes enfants (2009) de Mia Hansen-Løve


Comienza Le père de mes enfants (2009) al ritmo desenfadado y alegre del "Egyptian Reggae" de Jonathan Richman and The Modern Lovers, como si se quisiera dar a entender que ésta va a ser una película de tono burlesco o, por lo menos, más bien cómica. También los títulos de crédito, con los nombres de los intérpretes en diferentes colores que aparecen y desaparecen de la pantalla, mientras se muestran imágenes del bullicio parisino, parecen anunciar el carácter dinámico de la cinta.

Durante cincuenta minutos, aproximadamente, se confirman esas primeras impresiones, ya que se alternan escenas familiares junto con el día a día de Grégoire Canvel (Louis-Do de Lencquesaing), un entusiasta productor cinematográfico independiente, responsable de Moon Films. Sin embargo, los sucesivos reveses financieros a los que debe enfrentarse la empresa conducirán al hombre a tomar una decisión drástica que hace que el argumento dé un giro de ciento ochenta grados.



Para su segundo largometraje, agraciado con el premio especial de la crítica Un certain Regard en Cannes y, al año siguiente, el Lumière al Mejor Guion, la directora Mia Hansen-Løve se inspiró en el caso real de Humbert Balsan (1954-2005), actor y productor con el que ella misma había trabajado en su ópera prima. Además del ya mencionado Louis-Do de Lencquesaing, en el papel principal, completaron el reparto la italiana Chiara Caselli, como esposa, y Alice de Lencquesaing, hija mayor del primero en la ficción y en la vida real.

Con inusitada madurez para una cineasta que aún no había cumplido la treintena, Hansen-Løve resuelve satisfactoriamente el reto de combinar en un mismo filme el drama y el verismo cotidiano. Y no sólo eso, sino que además aprovecha para indagar en los entresijos de lo que supone la conciliación de dos mundos en apariencia antagónicos: la estabilidad familiar y personal, por un lado, y, en segundo lugar, una industria despiadada, la del cine, en la que levantar sueños y proyectos puede llevarse por delante las ilusiones del más pintado.



lunes, 12 de agosto de 2019

Un verano en Ibiza (2019)




Título original: Ibiza
Director: Arnaud Lemort
Francia/Bélgica, 2019, 87 minutos

Un verano en Ibiza (2019) de Arnaud Lemort


Hace unos días escuché por la radio, en el repaso que dedican cada viernes a propósito de los estrenos de la semana, cómo ponían a parir Un verano en Ibiza. Y sí: ni es un filme de Bergman ni aspira a competir con los de Godard, eso enseguida salta a la vista. Como tampoco se entiende la manía que tienen algunos de cargarse, sistemáticamente, el cine popular. Digámoslo bien alto y bien claro: por la misma razón que no se le pueden pedir peras a un olmo, no deberían exigírsele sesudas reflexiones a una comedia que ha sido concebida con la única y muy noble finalidad de hacernos pasar el rato.

Porque eso es lo que garantiza la cinta del francés Arnaud Lemort a todo aquel que esté dispuesto a echarse unas risas a costa de las dichosas vacaciones estivales, el turismo de masas y los conflictos generacionales. Por no hablar de esas familias reconstituidas, como la que forman Philippe (Christian Clavier) y Carole (Mathilde Seigner), en las que ambos miembros aportan hijos o hijas de una relación anterior.



De hecho, tanto el uno como la otra no parecen haber superado aún que sus antiguas parejas los abandonasen, si bien ello no impide que se esfuercen en iniciar juntos una nueva vida, a pesar de que los hijos adolescentes de Carole no conecten demasiado con el podólogo Philippe y lo que ellos consideran sus gustos de "carroza". No obstante, si han acabado todos en Ibiza no ha sido por él, partidario de pasar unos días de asueto en la casa de campo de sus padres, sino para recompensar las buenas notas de Julien (Leopold Buchsbaum).

Bien: esto es lo que da de sí una comedia veraniega de sol y playa. Aunque, entre tópico y tópico (drogas, macrodiscotecas, esnobismo, amores juveniles...), se permite alguna que otra referencia cinéfila (¡quién lo iba a decir!). Es el caso de ese poco frecuente fenómeno óptico que se produce en el preciso instante de la puesta de sol, "el rayo verde" lo llaman, que Philippe insiste en mostrar a los suyos y que el bueno de Éric Rohmer inmortalizó en el filme homónimo de 1986.


viernes, 12 de abril de 2019

Un pueblo y su rey (2018)




Título original: Un peuple et son roi
Director: Pierre Schoeller
Francia/Bélgica, 2018, 121 minutos

Un pueblo y su rey (2018) de Pierre Schoeller


Demasiada solemnidad y poca realidad. O lo que viene a ser lo mismo: mucho Delacroix y apenas nada de Bresson. Porque a pesar de un cuidado diseño de vestuario y de sus localizaciones esmeradamente elegidas y/o reconstruidas, Un peuple et son roi no pasa de ser, sin embargo, un simple cromo histórico lastrado por las interpretaciones excesivamente enfáticas de su prestigioso elenco de actores. Con esto no se pretende desmerecer el trabajo del director Pierre Schoeller, sino simplemente recordar que el cine es (debería ser) otra cosa.

A buen seguro que los profesores de Historia, a la hora de ilustrar en sus clases lo que supuso la Revolución Francesa, sacarán un enorme partido de los vehementes discursos de Robespierre (Louis Garrel) o de Marat (Denis Lavant) en la recién inaugurada Asamblea Nacional. Pero, aun así, el simple espectador, el cinéfilo que, todavía en 2019, se adentra en la penumbra de la sala de proyecciones en busca de un ápice de verdad, difícilmente puede, tras dos horas de recreación reverencial y marmórea, salir del todo satisfecho.

Louis Garrel caracterizado como Robespierre


Hay, eso sí, determinados momentos en los que se produce algún que otro hallazgo. Como la escena en la que los protagonistas, miembros del Tercer Estado, contemplan absortos la demolición de la Bastilla: al sentir sobre sus rostros los rayos de sol, hasta entonces ocultos por las torres de la fortaleza, experimentan una fascinación similar a la de los simios de 2001 frente al monolito. Un influjo, el de Kubrick, que, por extraño que parezca, volvemos a percibir en escenas de interior, iluminadas con velas, un poco a lo Barry Lyndon. A fin de cuentas, ¿no fue precisamente Kubrick quien pasó décadas preparando un megalómano proyecto, que nunca llegaría a materializarse, sobre Napoleón?

Titular Un pueblo y su rey una película que versa, entre otras cosas, sobre la ejecución de Luis XVI deja la puerta abierta a posibles interpretaciones sobre la simpatía que, a día de hoy, algunos franceses puedan sentir hacia la figura del monarca guillotinado. En cualquier caso, las calles de París se llenan últimamente de otro tipo de "revolucionarios", los gilets jaunes ("chalecos amarillos") cuyas reivindicaciones, como las de los sans culottes de hace más de dos siglos, aspiran a saciar la sed de justicia social de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.


viernes, 4 de mayo de 2018

Una pareja perfecta (2005)




Título original: Un couple parfait
Director: Nobuhiro Suwa
Japón/Francia, 2005, 104 minutos

Una pareja perfecta (2005) de Nobuhiro Suwa


Si en H Story (2001) los personajes de Nobuhiro Suwa recreaban el universo de Hiroshima mon amour (1959), Un couple parfait representó una suerte de puesta al día en clave zen del rosselliniano Viaggio in Italia (1954). Así pues, al igual que sucedía con Ingrid Bergman y George Sanders en las ruinas de Pompeya, Valeria Bruni Tedeschi y Bruno Todeschini viven su progresivo distanciamiento con las esculturas del Museo Rodin como telón de fondo.

Aun así, y a pesar de la ambientación parisina y de la nacionalidad de los intérpretes, la contemplativa puesta en escena elegida por Suwa resulta profundamente oriental, con largos silencios en los que la cámara permanece estática mientras se da rienda suelta a la improvisación de los actores. Hay, por tanto, algo de Ozu en la forma de rodar, pero también del John Cassavetes que gustaba de alargar eternamente las escenas, lo cual demuestra la confluencia de modelos que se dan cita en el personal estilo de este cineasta japonés afincado en Francia.



¿Es irónico el título de la película? En esto, como suele ocurrir cuando entran en juego los sentimientos, ni es posible ponerse de acuerdo ni tampoco Suwa parece dispuesto a dar una respuesta taxativa. Porque si bien Marie y Nicolas son vistos por su entorno más inmediato como el arquetipo de pareja feliz ("Non ! Pas vous !", responde horrorizado Vincent al conocer la noticia de que van a divorciarse), el espectador juega, en cambio, con la ventaja de asistir a los continuos reproches que ambos se dedican en la intimidad.

¿Significa, entonces, que la relación ideal es la que se establece entre personas que discuten por un sí o por un no? Mal síntoma si una pareja no riñe de vez en cuando, desde luego. Aunque, al respecto, la propuesta y frase memorable de Un couple parfait es aquella de que el matrimonio, un poco como ocurre con el permiso de conducir en algunos países, debería ser revisable cada cinco o diez años. Tal vez de este modo las crisis cíclicas que genera toda convivencia pasarían a ser vistas como una oportunidad y no como una vivencia traumática.


viernes, 27 de abril de 2018

El león duerme esta noche (2017)




Título original: Le lion est mort ce soir
Director: Nobuhiro Suwa
Francia/Japón, 2017, 103 minutos

El león duerme esta noche (2017)


Expectación y lleno absoluto en la sala grande de la Filmoteca para asistir al estreno del último filme del japonés afincado en Francia Nobuhiro Suwa. Máxime cuando es el propio realizador quien se ha desplazado hasta la capital catalana para presentar Le lion est mort ce soir (el título proviene de la misma canción que sirvió de base en el musical de Disney). Cinta que cuenta, además, con la presencia estelar de Jean-Pierre Léaud, el mítico actor fetiche de la Nouvelle vague, quien en esta ocasión interpreta un papel de claras resonancias autobiográficas.

Señalaba Octavi Martí antes de la proyección que se trata de una historia de fantasmas, si bien los fantasmas personales de un hombre atormentado por la desaparición prematura de la que fuese el gran amor de su vida. De ahí que, al verse conminado a escenificar ante la cámara su propia muerte, Jean decida refugiarse en la vieja mansión abandonada donde aún habita la presencia de Juliette (Pauline Étienne).



Ejercicio metacinematográfico en el que asistimos al rodaje de varias películas, una dentro de la otra, el lánguido sosiego de Jean se va a ver repentinamente alterado cuando un grupo de niños irrumpa en la casa deshabitada en busca de localizaciones para filmar. ¿Intenta decirnos Suwa, a través de semejante subterfugio, que el cine debería ser ese juego entusiasta en vez de la compleja y profesional parafernalia a la que asistimos en las escenas que abren y cierran el filme? Probablemente, a juzgar por las palabras tan sumamente encomiásticas que dedica Jean a sus jóvenes amigos cuando presencia, proyectado sobre una modesta sábana, el resultado final de la peli que han hecho juntos.

O quizá no haya sido todo más que un sueño, apenas otra cabezada en la tediosa existencia de un actor que presiente el final de sus días y que intenta darse ánimos a sí mismo pensando que los momentos más interesantes en la vida de un hombre se viven entre los setenta y los ochenta años.


lunes, 13 de junio de 2016

Francofonía (2015)




Título alternativo: Le Louvre sous l'occupation
Director: Aleksandr Sokurov
Francia/Alemania/Holanda, 2015, 88 minutos

Francofonía (2015) de Aleksandr Sokurov


Lo último de Sokurov es un filme que por diversos motivos recuerda a su película más laureada: El arca rusa. Si en 2002 el cineasta optó por situar la acción en el Hermitage, ahora le toca el turno al Louvre parisino. Pero lo que entonces fue fastuosidad en una sola toma en Francofonía se expresa a través de una caligrafía mucho más convencional, lo cual no es impedimento para llevar a cabo una obra igualmente interesante.

La voz del propio director nos pone en situación mediante un diálogo por Skype con un tal Dick, responsable de transportar un valioso cargamento artístico a través de las procelosas aguas del océano. El destino final de dichos cuadros se intuye desastroso, como también parecía que iba a serlo durante la ocupación nazi el de la colección que alberga la pinacoteca fundada por Napoleón. Personaje, este último, que como tantos otros fantasmas que un día habitaron el lugar vaga por sus pasillos a la espera de que alguien se digne a prestarle un poco de atención.

Marianne y Napoleón


Quizá pecando de un cierto afán didáctico, Sokurov opta por explicar los orígenes del museo mediante la recreación del paisaje originario en el que se estableció el castillo/fortaleza que con el devenir de los siglos acabaría siendo el complejo que hoy conocemos. Error en el que vuelve a insistir al explicar en qué consistió el régimen de Vichy: total, para ofrecer una imagen de los alemanes tan perversamente provocadora como inaceptable desde el punto de vista histórico. Viene a decir Sokurov que los nazis eran en realidad unos enamorados de la cultura francesa, refinados degustadores de las exquisiteces de la Ciudad de las Luces, y que fueron personajes como Franz Wolff-Metternich (Benjamin Utzerath) quienes contribuyeron, a menudo contraviniendo las órdenes de sus superiores, a evitar un espolio que parecía inevitable.

Aunque el máximo responsable de trasladar las telas a lugares más seguros, como ya hiciera al ayudar a evacuar el Museo del Prado en vísperas de la Guerra civil española, parece ser que fue Jacques Jaujard, alto funcionario de la administración de bellas artes al que da vida el actor Louis-Do de Lencquesaing.

Al margen de la veracidad de los hechos expuestos, lo realmente atractivo de Francofonía es ese halo de misterio, casi espectral, que en determinados momentos hace que los personajes de La libertad guiando al pueblo o La balsa de la medusa sean capaces de cobrar vida para deambular por las galerías del Louvre en busca del eslabón perdido entre la pintura y el cine.

lunes, 3 de agosto de 2015

Unos días para recordar (2014)










Título original: Bon rétablissement !
Director: Jean Becker
Francia, 2014, 81 minutos

Unos días para recordar (2014) de Jean Becker

El veterano Jean Becker contraataca con un nuevo título que añadir a su ya fructífera filmografía (con esta, ya son dieciocho las películas que ha dirigido): Unos días para recordar (o, según el original francés, Que te mejores). Pierre Laurent (el personaje que interpreta Gérard Lanvin) despierta un día en el hospital sin recordar cómo ha llegado allí. Nosotros sabemos que salió despedido de su coche y que cayó al Sena desde lo alto de un puente, pero no mucho más.

Conforme avance la historia, iremos descubriendo algunos aspectos de su pasado: el trabajo en una plataforma petrolífera en Terranova, un grave accidente laboral, la muerte de su esposa, una amante pianista...

Su hermano Hervé (Jean-Pierre Darroussin) lo va a visitar al hospital de vez en cuando, pero no será el único: por su habitación irán desfilando su amigo Serge, el inspector de policía que se ocupa de su caso, el joven que lo salvó de morir ahogado, una paciente de catorce años que se apropia de su ordenador portátil... Y luego están las enfermeras, sobre todo Myriam (Claudia Tagbo) con la que tomará más confianza.

Siendo todos muy diversos y diferentes entre sí (en cuanto a raza, clase social, edad o nivel cultural), Pierre, sin embargo, aprenderá algo de cada uno de ellos, sobre todo a ser más tolerante y no tomarse muy en serio la vida: a fin de cuentas, nadie sale vivo de ella...

Pierre (Gérard Lanvin) en plena rehabilitación
Pierre hará muy buenas migas con la enfermera Myriam (Claudia Tagbo)
El realizador Jean Becker