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martes, 5 de mayo de 2026

Intimidad (2001)




Título original: Intimacy
Director: Patrice Chéreau
Francia/Reino Unido/ Alemania, 2001, 120 minutos

Intimidad (2001) de Patrice Chéreau


Hay ocasiones en las que un papel encasilla e incluso estigmatiza de por vida a una actriz. Casos célebres serían los de Maria Schneider tras El último tango en Paris (1972) o el de la neozelandesa Kerry Fox por Intimacy (2001), cinta con varias escenas de contenido sexual explícito, incluida una felación, en la línea de otras producciones de la misma época como, por ejemplo, 9 songs (2004) de Michael Winterbottom o Batalla en el cielo (2005) del mejicano Carlos Reygadas.

Dejando a un lado dicha polémica, la puesta en escena de Patrice Chéreau aborda cuestiones tradicionalmente consideradas tabú (por lo menos en pantalla) como el hecho de mostrar la sexualidad de unos personajes cuya relación escapa, asimismo, de lo que se suele considerar convencional. En todo caso, los encuentros furtivos entre Claire (Kerry Fox) y Jay (Mark Rylance) ponen de manifiesto la necesidad de contacto físico por parte de dos desconocidos que dan rienda suelta a sus instintos al margen de los dictados de una sociedad en la que no terminan de encajar.



En ese sentido, Claire encarna a una esposa y actriz amateur cada vez más insatisfecha ante la evidente incomprensión que experimenta hacia ella su marido taxista (Timothy Spall), mientras que Jay nunca llegó a identificarse plenamente con el papel de padre de dos chavales, por lo que abandonó a su familia. De ahí que ambos busquen fuera de los cauces habituales esa intimidad a la que alude el titulo de una película que en su día resultó bastante controvertida.

En realidad, Chéreau no filma el sexo de forma erótica o glamurosa, sino que los cuerpos de Rylance y Fox son cuerpos reales: pálidos, con imperfecciones, sudorosos. Así pues, la cámara se sitúa tan cerca de ellos que la piel se convierte en un paisaje. Lo cual resulta clave para entender que el sexo es el único lenguaje que les queda. Estudio descarnado sobre la soledad en el seno de una gran metrópolis y la desesperada búsqueda de conexión humana en un Londres gris y desolado, la cinta, ganadora del Oso de Oro en Berlín, sigue siendo, un cuarto de siglo después de su estreno, una de las exploraciones del deseo más crudas y honestas en el cine contemporáneo.



viernes, 13 de febrero de 2015

Mr. Turner (2014)












Director: Mike Leigh
Reino Unido, 2014, 150 minutos

"The Sun is God!"




El cineasta británico Mike Leigh pone en escena en Mr. Turner los últimos veinticinco años de la vida del genial pintor inglés Joseph Mallord William Turner (1775–1851). Aunque en lugar de llevarlo a cabo según la consabida fórmula de ascenso, caída y posterior salvación del biografiado (pauta usual de este tipo de cine), lo realiza mediante un entramado de episodios que pone de manifiesto todas las paradojas de tan torturado artista. Así tendremos ocasión de asistir, pues, a la existencia que lleva Turner (interpretado por Timothy Spall) en Chelsea: dando un paseo por la campiña para tomar notas del paisaje, viajando, codeándose con la élite local, frecuentando algún que otro prostíbulo... Pero, por encima de todo, Turner pinta sus inmortales lienzos y defenderá hasta las últimas consecuencias su personal concepto del arte frente a los usos y costumbres entonces imperantes.



Reconocido e ilustre miembro de la Royal Academy of Arts, el pintor vive junto a su padre y una fiel ama de llaves. Sin embargo, a pesar de su celebridad también será objeto de las burlas de una parte del público y de la sociedad inglesas (desprecio de la reina incluido). Hondamente afligido tras la muerte del padre, Turner decidirá entonces recluirse. Pero su anodina vida da un giro cuando conoce a Mrs Booth (Marion Bailey), quien posee una modesta casa de huéspedes con vistas al mar.

Muy interesante, por otra parte, resulta la banda sonora a cargo de Gary Yershon (colaborador habitual de Mike Leigh y de insignes instituciones británicas como la Royal Shakespeare Company o el National Theatre). En cuanto a la dirección de fotografía de Dick Pope, logra con creces que su uso del color, la luz y las diferentes texturas esté en consonancia con la estética más reconocible del pintor protagonista. Casi nada...

Mike Leigh (centro) durante el rodaje