Mostrando entradas con la etiqueta Sean Connery. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sean Connery. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de febrero de 2023

Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991)




Título original: Robin Hood: Prince of Thieves
Director: Kevin Reynolds
EE.UU., 1991, 155 minutos

Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991)


Más recordada por la machacona balada de Bryan Adams que encabezaba su banda sonora que no por sus escasos méritos cinematográficos, Robin Hood: Prince of Thieves (1991) adolece de los mismos defectos que la mayoría de blockbusters estrenados en los ochenta y primeros noventa: personajes planos, un guion repleto de tópicos y una historia tan confusa como endeble. Poco importa, puesto que el tipo de espectador al que iba dirigida prefería la acción al conflicto dramático y tanto le daba no ya el rigor histórico de los hechos expuestos, sino la propia verosimilitud de la trama.

En ese mismo orden de cosas, los diálogos contienen no pocas bromas, muchas de ellas improvisadas durante el rodaje, aportando un ligero sesgo humorístico en la línea del modelo que algunos años antes había fijado Rob Reiner con La princesa prometida (The Princess Bride, 1987). Buena parte de esas réplicas jocosas fueron ocurrencia del actor Alan Rickman (1946-2016), encargado de dar vida al malévolo Sheriff de Nottingham, en su afán por darle algo más de sustancia al personaje.



Aunque si algún atractivo tuvo la cinta para el público de aquel entonces fue la presencia estelar de Kevin Costner en el papel de antiguo cruzado que, tras regresar a su Inglaterra natal en compañía del sarraceno Azeem (Morgan Freeman), se verá obligado a vengar la memoria de su difunto padre con la ayuda de un grupo de forajidos que se oculta en las profundidades del bosque de Sherwood.

La espectacularidad de la puesta en escena, con la cámara volando sobre la punta de una flecha, por ejemplo, fue de las que marcan época, hasta el extremo de que cabría preguntarse si los organizadores de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92 tuvieron en mente esta película a la hora de decidir que otro arquero tan diestro como Robin de Locksley, en este caso Antonio Rebollo, encendiese el pebetero del estadio de Montjuïc bajo la atenta mirada de los espectadores de medio mundo.



sábado, 18 de febrero de 2023

Robin y Marian (1976)




Título original: Robin and Marian
Director: Richard Lester
EE.UU., 1976, 107 minutos

Robin y Marian (1976) de Richard Lester


Hay ocasiones en las que la ficción parece tan hecha a la medida de los protagonistas de una historia que las circunstancias de los personajes encajan perfectamente con las de sus intérpretes. Tal fue el caso de Sean Connery y Audrey Hepburn en Robin and Marian (1976), recreación de lo que pudiera haber sido la madurez del mítico arquero cuando, al cabo de los años, se reencuentra con su antiguo amor de juventud. 

Lo cierto es que tanto él, ahora convertido en un tipo medio calvo de poblada barba gris, como ella, metida a monja de clausura, son encarnados a la perfección por dos actores que para entonces ya habían dejado atrás el máximo esplendor de sus respectivas carreras (la Hepburn, de hecho, llevaba una década retirada de la interpretación, mientras que la imagen de Connery se hallaba lejos de la del apuesto Agente 007 que en su día le diera la fama).



Con un breve pero intenso papel, metiéndose en la piel del decrépito rey Ricardo Corazón de León, Richard Harris eleva el nivel interpretativo de la cinta hasta darle un cierto toque shakespeariano que le venía muy bien al enfoque riguroso, nada idealizado, con el que el director Richard Lester imagina una Edad Media de villorrios malolientes y llanuras polvorientas cuyos exteriores se rodaron íntegramente en España. Lo cual propició, dato curioso, que una jovencísima Victoria Abril (cuando aún firmaba con su verdadero nombre, Victoria Mérida Rojas) debutase con una fugaz aparición de inocente esposa del rey Juan (Ian Holm).

Tal y como plantea la trama, el guion de James Goldman aúna dos modelos en apariencia muy distintos. Uno sería el de la recreación histórica a lo Espartaco (Spartacus, 1960), con el grupo de forajidos entrenándose en las profundidades del bosque a las órdenes de Robin y Little John (Nicol Williamson) y a la espera de dar el gran golpe contra el poder del sheriff de Nottingham (Robert Shaw). El otro, más reflexivo, en torno a los vaivenes de una relación de pareja, remite a otro título también protagonizado por Audrey Hepburn: Dos en la carretera (Two for the Road, 1967). Sea como fuere, el caso es que el final, uno de los más emotivos que jamás se hayan filmado, aúna definitivamente los destinos de estos dos compañeros de viaje con una flecha que apunta hacia el infinito y un primer plano de unas manzanas maduras, casi podridas, que ya habían aparecido al principio del filme y que representan una metáfora explícita del final de la vida.



martes, 20 de diciembre de 2022

Zardoz (1974)




Director: John Boorman
Irlanda/EE.UU./Reino Unido, 1974, 107 minutos

Zardoz (1974) de John Boorman


"Si esto es pensamiento intelectual, entonces el Pato Donald merece el Premio Nobel". Así se refería a Zardoz (1974) el autor de una contundente reseña sobre la película que apareció publicada en las páginas del Daily Express. De lo cual se infiere la pésima recepción que en su momento mereció una cinta masacrada por crítica y público hasta el extremo de que, según algunas fuentes, muchos espectadores que salían horrorizados de los cines desanimaban a quienes esperaban en la cola antes de entrar, lo cual contribuiría más aún a su estrepitoso descalabro en taquilla.

Lo cierto es que el propio John Boorman, director y guionista del engendro, admitiría tiempo después que por aquellos días se hallaba tan enganchado a las drogas que ni él mismo tiene muy claro de qué trataba el argumento de una historia repleta de incongruencias. Baste decir que la acción se sitúa en un lejano 2293, cuando las condiciones de vida en la Tierra se han vuelto tan sumamente hostiles que apenas cinco clanes (los brutales, los eternos, los renegados, los apáticos y los feroces exterminadores) se reparten los escasos recursos del planeta.



Sin embargo, el paso del tiempo, siempre tan caprichoso en lo que a modas y gustos se refiere, ha convertido en título de culto lo que en el momento de su estreno no pasó de simple fracaso comercial. Tanto es así que hoy se nos aparece como una rareza digna de estudio, en torno a temas como la inmortalidad o las relaciones de poder, cuyos personajes habitan en la burbuja del Vórtice bajo la atenta supervisión del todopoderoso Tabernáculo (especie de cerebro electrónico que permite presagiar la importancia que la inteligencia artificial llegará a tener en nuestro día a día).

Queda para la posteridad el peculiar atuendo que luce Sean Connery en su papel del aguerrido Zed: una exigua vestimenta, tan sensual como hortera, que sería la prueba fehaciente de lo desesperado que debió de sentirse el intérprete escocés, en horas bajas tras abandonar la franquicia Bond. Como también llama poderosamente la atención esa enorme cabeza flotante de piedra que incita a la violencia desaforada de sus adeptos mientras escupe rifles por la boca.



miércoles, 29 de abril de 2020

El nombre de la rosa (1986)




Título original: The Name of the Rose
Director: Jean-Jacques Annaud
Alemania/Italia/Francia, 1986, 130 minutos

El nombre de la rosa (1986)
de Jean-Jacques Annaud

Era una hermosa mañana de finales de noviembre. Durante la noche había nevado un poco, pero la fresca capa que cubría el suelo no superaba los tres dedos de espesor. A oscuras, en seguida después de laudes, habíamos oído misa en una aldea del valle. Luego, al despuntar el sol, nos habíamos puesto en camino hacia las montañas.

Umberto Eco
El nombre de la rosa
Traducción de Ricardo Pochtar

Trasladar a Sherlock Holmes a las oscuras tinieblas de la Edad Media fue la genial idea que tuvo el italiano Umberto Eco (1932-2016) para dotar a su obra más célebre, una novela ambientada en las lóbregas dependencias de una abadía benedictina, de la necesaria dosis de suspense que todo thriller requiere. Así pues, Guillermo de Baskerville vendría a ser el equivalente medieval del detective británico y su novicio Adso de Melk, el Watson de turno. Claro que, tratándose de la invención de un erudito de la altura intelectual de Eco, no podían quedar ahí las alusiones y homenajes de carácter literario. Jorge de Burgos y su biblioteca laberíntica, por ejemplo, son una clara referencia a Jorge Luis Borges. Y el recurso de fingir que las memorias de Adso llegaran casualmente a manos del autor, como si de un personaje real se tratase, no deja de ser un subterfugio de evidentes resonancias cervantinas (quijotescas, para ser más exactos).

Cuenta Jean-Jacques Annaud que, al leer semejante historia, quedó de inmediato fascinado por el libro, por lo que, dejando de lado cualquier otro proyecto, se enfrascó durante cinco años en la génesis de una ambiciosa superproducción internacional. Y de la misma manera que en La guerre du feu (1981) se había propuesto representar al hombre de las cavernas como nunca antes se le había visto en una pantalla de cine, en El nombre de la rosa la premisa fue mostrar el medievo con inusitado rigor histórico. De ahí el esmero en elegir cuidadosamente a los extras en función de unos rasgos faciales particularmente marcados (caso del jorobado Salvatore, magistralmente interpretado por Ron Perlman) o la meticulosidad con la que los miembros del clero lucen sus cráneos tonsurados.



También se puso especial interés en los decorados, levantando la espectacular torre octogonal cuyo interior alberga esa magnífica colección de incunables entre los que se hallaría la codiciada Segunda Poética de Aristóteles, consagrada al estudio de la comedia y, por ende, objeto de encendidas controversias en una época en la que la risa era vista como una amenaza capaz de poner en peligro el sacrosanto temor de Dios. Dos nombres ilustres de la talla de Dante Ferretti (diseño de producción) y Tonino Delli Colli (fotografía), que habían trabajado a las órdenes de Pasolini o de Fellini, fueron los encargados de recrear, hasta el más mínimo detalle, el oscurantismo de aquel período.

Por último, merece la pena destacar un reparto encabezado por Sean Connery y Christian Slater. El primero se hallaba, por aquel entonces, en horas bajas (de hecho, la Columbia se negó a financiar el proyecto si él era el protagonista), aunque su papel de franciscano perspicaz, enemigo de la superstición, acabaría contribuyendo enormemente a reflotar la carrera del antiguo Agente 007. Slater, en cambio, era por aquel entonces un adolescente de apenas quince años que, según cuentan, se enamoró verdaderamente de Valentina Vargas, la joven que daba vida al único amor terrenal de Adso y rosa anónima de la que, muchos años después, todavía se acordará al redactar sus memorias.


sábado, 6 de abril de 2019

Los héroes del tiempo (1981)




Título original: Time Bandits
Director: Terry Gilliam
Reino Unido, 1981, 116 minutos

Los héroes del tiempo (1981) de Terry Gilliam


Sólo la fecunda imaginación de los Monty Python Terry Gilliam y Michael Palin podía concebir una banda de ladrones enanos dedicada a los viajes en el tiempo. Dicho y hecho: con su habitual creatividad desbordante y cáustico sentido del humor, Time Bandits lo mismo discurre durante las campañas napoleónicas que en plena Edad Media; nos conduce ante el mítico rey Agamenón (que, según parece, era igualito que Sean Connery) o presenta a Robin Hood (John Cleese) como si fuese el Duque de Kent saludando a los futbolistas antes de un encuentro ("Jolly good! Jolly good!"). Y eso sin mencionar que tanto el Diablo (David Warner) como el mismísimo Creador del Universo (Ralph Richardson) cuentan con papeles destacados en el reparto.

Un agujero negro en el interior del armario de la habitación de Kevin (Craig Warnock), un niño ignorado por sus padres (a quienes parecen interesarles más los electrodomésticos ultramodernos o los estúpidos concursos televisivos en lugar de su propio hijo) que acabará refugiándose en un mundo de fantasía en el que no hay límites y donde todo es posible. Planteamiento del que, años más tarde, se servirá Guillermo del Toro en El laberinto del fauno (2006), pero que en el caso de Time Bandits tiene su referente más inmediato en El Mago de Oz (1939).



Desde los enanitos, que recuerdan a los Munchkins, hasta el detalle de que, una vez despierto, Kevin comprueba con sorpresa que el jefe de bomberos comparte un enorme parecido físico con el rey Agamenón, todo concuerda puntualmente con el recorrido que Dorothy y sus amigos llevan a cabo desde Kansas hasta la Ciudad Esmeralda.

El ex Beatle George Harrison tuvo mucho que ver en la producción de esta película, llegando a hipotecarse para obtener los cinco millones de dólares que costó el rodarla (recaudaría más de cuarenta y dos...). El tema central de la banda sonora, "Dream Away", también es suyo.