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sábado, 18 de enero de 2020

No es país para viejos (2007)




Título original: No Country for Old Men
Directores: Ethan y Joel Coen
EE.UU./Méjico, 2007, 122 minutos

No es país para viejos (2007)
de Ethan y Joel Coen

Antes de comentar un filme como No Country for Old Men, conviene tener en cuenta al menos dos premisas: por un lado, la contención de las actuaciones y de su puesta en escena y, en segundo lugar, su peculiar sentido del humor. De lo primero sería buena muestra el hieratismo del rostro de Javier Bardem, pero también el hecho de que varios de los crímenes cometidos tanto por Chigurh como por el cártel mejicano se producen fuera de campo (el detalle del protagonista limpiándose las botas en el felpudo justo al salir de una de las casas donde acaba de matar a alguien es, a este respecto, antológico).

¿Sentido del humor en un thriller cuasi wéstern? Pues sí: la segunda de las premisas a que antes aludíamos es, en realidad, una constante en la filmografía de estos hermanos de origen judío. Recursos como la voz en off del veterano sheriff o las batallitas de abuelo Cebolleta tejano que le suelta a su ayudante e incluso a la esposa del protagonista poseen una función decididamente caricaturesca, fruto de la visión irónica de un par de tipos, intelectualmente formados en las universidades del Este, que poco tienen que ver con el medio cultural y social en el que transcurre la historia que nos van a contar.



Es justamente a tenor de ese sustrato (¿cómo ver el corte de pelo del asesino sin esbozar una sonrisa, si hasta el propio actor quedó horrorizado con el atuendo que los Coen pretendían endosarle?) que la frialdad con la que se suceden los hechos impresiona aún más. Una acción que, de hecho, avanza a partir de lo que construyen los personajes, ya sean armas, escondrijos donde guardar el dinero o estrategias para seguir o cazar a un enemigo. Seres dotados del espíritu de supervivencia de los antiguos cowboys, capaces de curarse ellos mismos las heridas de una guerra sin cuartel.

Pero poca broma con este Chigurh, porque está dispuesto a jugarse a cara o cruz la vida del personal sin apenas pestañear. O a volarle la tapa de los sesos con la misma bombona de aire comprimido con la que hace saltar las cerraduras. Decir que está loco se queda corto: magistralmente interpretado por Bardem (quien recibió por ello un merecidísimo Óscar, el primero para un actor español), Chigurh pasará a la historia como una de las encarnaciones del mal más inquietantes jamás vistas en una pantalla.


lunes, 30 de abril de 2018

Tres anuncios en las afueras (2017)




Título original: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri
Director: Martin McDonagh
EE.UU./Reino Unido, 2017, 115 minutos

Tres anuncios en las afueras (2017)


Poco se puede añadir a lo mucho que ya se ha dicho a propósito de una de las sensaciones del año pasado. Con un par de Óscars en su haber, Tres anuncios en las afueras (2017) se inscribe en la particular nómina de películas contundentes ambientadas en la América profunda que, como la magnífica Comanchería (David Mackenzie, 2016), han sido dirigidas por cineastas británicos. En ese aspecto, ni el londinense Martin McDonagh ni el escocés Mackenzie desentonan un ápice a la hora de captar la pulsión que palpita bajo la corteza de estos wésterns modernos.

Que, en el caso que nos ocupa, posee además la singularidad de darle un enfoque femenino al género a través de la insistente demanda de justicia por parte de la madre que ve con estupor cómo pasan los meses sin que la policía de la pequeña localidad de Ebbing (Missouri) avance en las pesquisas para identificar a los asesinos de su hija. Una Frances McDormand pletórica, y digna merecedora del premio de la Academia a la mejor actriz, que no oculta el haberse inspirado en John Wayne a la hora de componer su personaje.



Aunque, en realidad, Three Billboards... es un filme coral por lo que tiene de análisis sobre cómo la ira engendra más ira entre los habitantes de una humilde comunidad del centro de los Estados Unidos: como si de las piezas de un dominó se tratase, las decisiones que toma uno afectan irremediablemente a las vidas de sus vecinos. Todo está conectado: los anuncios que pone Mildred, con la enfermedad incurable del sargento Willoughby (Woody Harrelson); la ineptitud del oficial Dixon (Sam Rockwell, el otro premiado por su papel), con el incendio de la comisaría... Y así sucesivamente, hasta que alguien decida romper el círculo vicioso de una vez por todas. Es, al respecto, conmovedora la escena en la que Red (Caleb Landry Jones) y Dixon comparten habitación de hospital y el primero, en lugar de dar rienda suelta a su rencor, opta por ofrecerle al otro, dejándolo sobre su mesilla, un vaso de zumo con una caña.

Porque, a pesar de todo el humor negro que destila la cinta, lo que realmente la hace interesante es la reflexión que lleva implícita sobre cómo a menudo tendemos a prejuzgar a los demás: en un alarde de valentía, Martin McDonagh hace que sus personajes cuestionen la profesionalidad de la policía, aludiendo abiertamente al racismo de sus agentes o mostrando en imágenes lo excesivo de unos métodos que, en el caso de Dixon, distan bastante de ajustarse a la legalidad vigente, para, más tarde, sorprendernos con su lado más humano a la hora de hacer prevalecer la justicia.


jueves, 30 de noviembre de 2017

La delgada línea roja (1998)




Título original: The Thin Red Line
Director: Terrence Malick
EE.UU., 1998, 170 minutos

La delgada línea roja (1998) de Terrence Malick


La Muestra de cine espiritual llega a su fin un año más. La sesión de clausura en la sala Laya de la Filmoteca de Catalunya contaba esta tarde con la presencia del Padre Peyo Sánchez y de José María Caparrós Lera, quien ha presentado The Thin Red Line (1998). En opinión del historiador, la cinta de Malick vendría a ser el reverso de otro filme bélico estrenado el mismo año: la propagandística Saving Private Ryan. Con la salvedad, nada desdeñable, de que la película de Steven Spielberg fue premiada con cinco premios Oscar, mientras que ésta no obtendría ni uno solo de entre las siete nominaciones que previamente había recibido.

En esencia, dicha adaptación de la novela homónima de James Jones contenía los mismos elementos que han hecho insufrible la filmografía posterior de su director y de los que ya hemos ido dando cumplida cuenta en anteriores entradas de este blog, por lo que no vale la pena enumerarlos por enésima vez. Aunque sí que es cierto, por otra parte, que aquí el grado de contención era todavía algo mayor.

Jim Caviezel (Soldado Witt)


Rodada en las islas Salomón, La delgada línea roja narraba la batalla de Guadalcanal mediante un reparto que combinaba sabiamente los nombres de estrellas consagradas (Nick Nolte, John Travolta) con los de jóvenes actores que iban a dar mucho que hablar en años venideros: Jim Caviezel, Sean Penn, George Clooney, Adrien Brody... Pese a que a este último le tocara padecer la habitual manía del cineasta de cortar (cuando no eliminar) la presencia de algún actor en el montaje definitivo. Como también puede observarse el influjo de Kubrick en alguna que otra escena. Pero no tanto el cuasi místico de 2001, sino el pacifista de Senderos de gloria (1957) en la secuencia en la que Elias Koteas se niega a obedecer las órdenes suicidas de su superior (Nick Nolte). 

Comoquiera que sea, Malick ponía fin a un silencio de veinte años con una película coral que iba a obtener el codiciado Oso de Oro en Berlín. Prestigio que, después, él mismo se ha encargado de ir dilapidando en títulos posteriores a fuerza de recrearse, una y otra vez, en un esteticismo tan reiterativo como innecesario.

Nick Nolte (Teniente coronel Gordon Tall)