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lunes, 11 de octubre de 2021

Apaga... y vámonos (1981)




Director: Antonio Hernández
España, 1981, 105 minutos

Apaga... y vámonos (1981) de Antonio Hernández


La irregular trayectoria del director Antonio Hernández depara sorpresas de todo tipo. Desde espléndidos dramas familiares como En la ciudad sin límites (2002), soporíferas recreaciones históricas al estilo de Los Borgia (2006), trepidantes road-movies en la línea de Lisboa (1999), olvidables productos televisivos tipo El gran marciano (2001) y hasta una magnífica ópera prima, titulada F.E.N. (1980), en la que se analizaban las consecuencias de haber padecido la educación nacionalcatólica del régimen franquista.

Currículum de lo más dispar, así pues, cuya segunda entrega había sido la estrambótica comedia Apaga... y vámonos (1981), coescrita junto a su hermano Avelino y protagonizada por él mismo. Gustavo, el personaje al que da vida, es un antihéroe en toda regla, inventor por más señas, al que unos agentes confunden con un terrorista, motivo por el que será conducido a dependencias policiales para que preste declaración. La cual se acaba convirtiendo en un larguísimo flashback que ocupa la mayor parte del metraje.

Aunque parezca Frank Zappa, éste es Antonio Hernández...


La acción se retrotrae entonces hasta 1961, momento en el que el niño Gustavo inicia su despertar en el seno de la típica familia tronada. De la madre (Amparo Baró), mujer con vocación militar y más sorda que una tapia, se nos dice que intentó por tres veces ingresar en el regimiento de zapadores, si bien fue rechazada en todas ellas a causa "de un pequeño defecto físico". El padre, en cambio, responde al mismo perfil de sabio despistado que heredará el protagonista. De hecho, el hombre falleció una noche aciaga a consecuencia del despegue fallido de la nave espacial, construida con sus propias manos, con la que pretendía viajar a un rincón indeterminado de la galaxia llamado Vesta...

Aparte del bigotazo que luce Antonio Hernández (y de sus escasas dotes para la interpretación...), lo más llamativo de la cinta es una heterogeneidad de registros que hacen de ella un producto inclasificable, a medio camino entre demasiadas cosas, casi ninguna convincente. Tiene su poco de parodia, con ribetes de ciencia ficción, y mucho de comedia romántica, sobre todo en lo tocante a la relación fallida de Gustavo con Betty (Virginia Mataix). Y también un breve papel de Fernando Fernán-Gómez, ya en el tramo final, encarnando a un viejo erudito amnésico.



lunes, 4 de enero de 2021

Los Borgia (2006)




Director: Antonio Hernández
España/Italia, 2006, 142 minutos

Los Borgia (2006) de Antonio Hernández


Tal y como aborda esta película la figura del papa Alejandro VI y de su estirpe (es decir, según lo que marca la leyenda negra gestada en torno a los Borgia), el espectador tiene la impresión de que el patriarca Rodrigo (Játiva, 1 de enero de 1431-Roma, 18 de agosto de 1503) fue una especie de Padrino renacentista. Lo cual no deja de ser llamativo, ya que algo mafioso debieron de tener las intrigas palaciegas protagonizadas por esta familia noble cuando, casualmente, la novela póstuma de Mario Puzo The Family (2001; Los Borgia, en su traducción castellana) abordaba los mismos hechos y personajes.

En manos de Antonio Hernández y con un despliegue de medios considerable, procedentes de la participación en el proyecto de Antena 3 y el Grupo Planeta, el filme denota una factura meticulosa en lo tocante a la dirección artística (vestuario, localizaciones en Italia y España...), pero, al mismo tiempo, una cierta languidez en cuanto al desarrollo argumental, tal vez motivada por el excesivo metraje de lo que estaba llamado a ser también una serie televisiva.



Queda por ver si Rodrigo de Borja fue realmente ese ser maquiavélico que Lluís Homar encarna a la perfección en la pantalla o si, por contra, se trató de un gran mecenas que favoreció el desarrollo de las artes y las letras. Bien mirado, resulta más que probable que ambas facetas sean verídicas, si bien la trama que nos ocupa se centra especialmente en los aspectos más truculentos de un linaje ávido, tal y como señalaba el eslogan publicitario de la cinta, de "ambición, pasión y poder". Fatalidad a la que se hallan expuestos quienes hacen de la parentela una cuestión trascendental. Tal y como, en un momento dado, le espeta el papa a su hija: "Tu vida es un asunto de Estado. Los sentimientos son para la plebe. Nosotros tenemos un destino". Y es que si una cosa sabe a ciencia cierta el sumo pontífice es aquello de que: "Más difícil que gobernar El Vaticano es gobernar una familia".

Digno heredero de las apetencias de su padre, y una vez dispensado de las obligaciones adherentes al cardenalato, el impetuoso César (Sergio Peris-Mencheta) se lanza a una vorágine conquistadora que le llevará a enfrentarse con los Sforza, los Orsini y con todo aquél que ose insinuar algún tipo de relación incestuosa con respecto a su hermana Lucrecia (María Valverde). Urdimbre de maquinaciones de la que nadie está a salvo y cuyas fatídicas consecuencias demuestran el carácter voluble de la fortuna.



domingo, 3 de enero de 2021

En la ciudad sin límites (2002)




Director: Antonio Hernández
España/Argentina, 2002, 125 minutos

En la ciudad sin límites (2002) de Antonio Hernández


La irregular trayectoria del salmantino Antonio Hernández (Peñaranda de Bracamonte, 1953) ha deparado, sin embargo, alguna que otra perla, como este intenso drama familiar en torno a un anciano gravemente enfermo (interpretado por Fernando Fernán Gómez) que se debate entre la demencia y las deudas pendientes con un oscuro pasado. La ciudad inconmensurable a la que alude el título es París, aunque también pudiera tratarse, en clave metafórica, de una referencia a los recovecos de la memoria.

Escrita en colaboración con el malogrado Enrique Brasó (1948–2009), la génesis del proyecto se remonta a los inicios como director de Hernández, quien habría contado, sucesivamente, con Fernán Gómez, Emilio Gutiérrez Caba o Federico Luppi para el papel principal. Y así, tras numerosos avatares, hasta acabar siendo, al cabo de los años, una coproducción con Argentina en la que también participaron varios intérpretes de dicha nacionalidad (Leonardo Sbaraglia, Leticia Brédice, Alfredo Alcón...).



Lo más llamativo de su argumento, premio al Mejor Guion en los Goya de 2003, es que durante los primeros compases de la película parece coquetear con una amplia gama de géneros (suspense, fantástico, thriller...) para terminar adentrándose en la enigmática relación que unió en el pasado a dos antiguos militantes comunistas.

Aun así, En la ciudad sin límites encierra, por encima de todo, un hermoso ejemplo de complicidad paternofilial, con una suerte de hijo pródigo (Sbaraglia) que regresa, después de varios años de ausencia, para convertirse en intercesor del padre agonizante mientras el resto de miembros de la familia, capitaneados por la adusta Marie (Geraldine Chaplin, Goya a la Mejor Actriz de Reparto), se pelea por la cuantiosa herencia del patriarca.



domingo, 28 de enero de 2018

F.E.N. (1980)




Director: Antonio Hernández
España, 1980, 106 minutos

F.E.N. (1980) de Antonio Hernández


Como ocurre con tantos títulos rodados durante la Transición, F.E.N. posee, ya desde su mismo título (las iniciales de "Formación del espíritu nacional", asignatura de obligado estudio durante el franquismo), una singularidad que la hace especial: lo que vamos a ver es, en realidad, un ajuste de cuentas, aunque habrán tenido que pasar muchos minutos hasta que, finalmente, seamos conscientes de ello.

Aprovechando las vacaciones de verano, Paco (Chema Muñoz) y Octavio (Joaquín Hinojosa) someten a tres sacerdotes de un colegio religioso a similares vejaciones que las que ellos padecieron durante su infancia. De modo que se invierten los roles y son los antiguos alumnos quienes llevan sotana y los curas quienes hacen gimnasia en el patio de la escuela.



Por su contenido abiertamente anticlerical, podría decirse que F.E.N. vendría a ser la pesadilla de cualquiera de los alumnos de ¡Arriba Hazaña! (1978), película en la que, curiosamente, también intervenía Héctor Alterio.

Por lo del intercambio de papeles, en cambio, entroncaría con clásicos como El sirviente (1963) de Losey, aunque tiene también su punto de Funny games (1997 o 2007) avant la lettre.