Mostrando entradas con la etiqueta Éric Caravaca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Éric Caravaca. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de julio de 2025

Tres amigas (2024)




Título original: Trois amies
Director: Emmanuel Mouret
Francia, 2024, 117 minutos

Tres amigas (2024) de Emmanuel Mouret


Fiel a su estilo, inconfundiblemente deudor de Rohmer y el mejor Woody Allen, el cineasta francés Emmanuel Mouret se lanza en Trois amies (2024) a uno de esos típicos enredos en los que al final se pierde la cuenta de quién engaña a quién y de quién está enamorado cada personaje. Aunque esto último casi forma parte de las convenciones propias del género y es posible que ni ellos mismos lo tengan del todo claro.

Por otra parte, el hecho de que los protagonistas sean amigos cuyas trayectorias se entrelazan le otorga a la trama un matiz aún más rocambolesco, si cabe, por lo que tiene de "doble traición" el convertir a amantes y cornudos, al mismo tiempo, en confidentes de sus aventuras amorosas.



Sin embargo, la cinta encierra una sorpresa a nivel narrativo al hacer que el narrador de los acontecimientos sea un difunto (Vincent Macaigne), lo cual aporta una nota luctuosa al conjunto, alejándolo de la frivolidad propia de lo que sería un simple vodevil en sentido estricto. Así pues, el espíritu de Victor no sólo nos pone en antecedentes mediante su voz en off, sino que él mismo asistirá perplejo a algunos de los acontecimientos protagonizados por su viuda.

Maestro indiscutible de las comedias románticas inteligentes y los dramas sutiles que exploran la complejidad de las relaciones humanas, Mouret regresa a las pantallas con la misma elegancia y agudeza que caracteriza sus trabajos anteriores. Y lo hace, en esta ocasión, para dejar en el aire preguntas como si una relación puede subsistir sin amor o, incluso, a propósito del verdadero significado de la pareja y el adulterio en la vida adulta.



viernes, 6 de septiembre de 2024

Soldados de Salamina (2003)




Director: David Trueba
España, 2003, 119 minutos

Soldados de Salamina (2003) de David Trueba


Fue en el verano de 1994, hace ahora más de seis años, cuando oí hablar por primera vez del fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas. Tres cosas acababan de ocurrirme por entonces: la primera es que mi padre había muerto; la segunda es que mi mujer me había abandonado; la tercera es que yo había abandonado mi carrera de escritor. Miento. La verdad es que, de esas tres cosas, las dos primeras son exactas, exactísimas; no así la tercera. En realidad, mi carrera de escritor no había acabado de arrancar nunca, así que difícilmente podía abandonarla. Más justo sería decir que la había abandonado apenas iniciada.

Javier Cercas
Soldados de Salamina

¿Qué es un héroe? La protagonista de Soldados de Salamina (2003) no sólo se plantea dicha pregunta a sí misma, sino que la hace extensiva a sus alumnos universitarios, tal vez con el afán de hallar una respuesta que le dé la clave de la investigación que está llevando a cabo en torno a un oscuro episodio de la Guerra Civil e incluso, en último término, de sus más hondas inquietudes íntimas y personales.

Precedida del enorme éxito editorial de la novela, la adaptación cinematográfica de David Trueba introducía algunos cambios sustanciales respecto al texto de Javier Cercas, sobre todo en lo que se refiere a la condición femenina del personaje central, Lola (Ariadna Gil), que en el libro, siguiendo un juego típicamente cervantino, era el propio Cercas. Tampoco queda ni rastro del escritor Roberto Bolaño, si bien el estudiante mejicano Gastón (Diego Luna) cumple un papel remotamente parecido. También Conchi (María Botto) adquiere mayor protagonismo, aparte de una dimensión más frívola al convertirla en vidente televisiva con inclinaciones lésbicas.



Lo que sí se mantiene bastante, y es un gran acierto, es esa mezcla entre ficción y documental que entronca directamente con el carácter metaficcional de la novela. Así pues, además de una trama en la que Ramon Fontserè encarna al falangista Rafael Sánchez Mazas, se incluye al mismo tiempo el testimonio de personas reales, entre ellos el de Chicho Sánchez Ferlosio, fallecido pocos meses después del estreno de la película y que relata las particulares condiciones en las que tuvo lugar el fusilamiento fallido de su padre.

Magnífica fotografía de Aguirresarobe y banda sonora a base de piezas del estonio Arvo Pärt. En cambio, del montaje y puesta en escena, quizá lo menos logrado sean los insertos que en ocasiones pretenden subrayar determinados aspectos o directamente facilitar su comprensión por parte del espectador. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando Miquel Aguirre (Lluís Villanueva) hace notar a Lola que el libro Yo fui asesinado por los rojos, de Jesús Pascual, se editó en 1981, momento en el que se aprovecha para incluir fugazmente unas imágenes del 23F y así establecer una conexión entre la intentona golpista y la ideología del autor. Minucias, totalmente comprensibles desde una óptica comercial, que quedan compensadas a partir del momento en el que cobra protagonismo la figura de Miralles (Joan Dalmau) y la incógnita a propósito de cuál pudo ser la causa de que un jovencísimo miliciano optase finalmente por no disparar y así salvarle la vida a Sánchez Mazas.



sábado, 10 de junio de 2023

Todo ha ido bien (2021)




Título original: Tout s'est bien passé
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2021, 113 minutos

Todo ha ido bien (2021) de François Ozon


Emotiva cinta en torno al siempre controvertido asunto de la eutanasia, Tout s'est bien passé (2021) nos devuelve al Ozon más intimista, capaz de abordar temáticas que toquen la fibra del espectador, tal y como ya hiciera en anteriores títulos de su prolífica filmografía como, por ejemplo, Mi refugio (2009) o El tiempo que queda (2005). En ese aspecto, la situación de un octogenario gravemente impedido tras sufrir un derrame cerebral (magníficamente interpretado por André Dussollier) propicia que el director francés lleve a cabo un delicado ejercicio de introspección que tiene su principal baza en la entrega de las dos hijas del hombre (Sophie Marceau y Géraldine Pailhas) a la hora de eludir los escollos legales que pudieran impedir el cumplimiento de la última y conmovedora voluntad paterna.

Sin embargo, la relación familiar entre unos y otros a lo largo de los años no ha sido precisamente un camino de rosas, en especial con la madre (Charlotte Rampling), escultora de renombre pero desdichada a causa del infeliz matrimonio con un individuo que jamás ocultó sus inclinaciones homosexuales. De hecho, aún pulula por el hospital un curioso personaje (Grégory Gadebois) cuyo vínculo con el anciano irá paulatinamente quedando claro conforme los familiares venzan sus reticencias iniciales para permitirle el acceso a la habitación.



El protagonismo, no obstante, recae plenamente sobre Emmanuèle (Marceau), escritora e hija "predilecta" del convaleciente pese a las muchas rencillas que la mujer arrastra de una infancia difícil junto al ahora venerable anciano y que irá sucesivamente rememorando mediante diversas secuencias retrospectivas. Ante ella se abre, por tanto, el espinoso dilema, en forma de sándwich mordido, de si ayudar a morir al que fuera un mal padre no será, al mismo tiempo, un cruel ajuste de cuentas.

Basada en la obra autobiográfica de una antigua guionista del propio Ozon, Emmanuèle Bernheim (1955-2017), la película plantea cuestiones de hondo calado ético que el cineasta resuelve con su habitual estilo entre melodramático y ligeramente frívolo. A destacar la presencia en el reparto de Éric Caravaca, en el papel de Serge Toubiana, y, sobre todo, de la legendaria Hanna Schygulla como responsable de la organización helvética que garantiza la muerte digna de quienes se acogen a sus servicios.



jueves, 25 de abril de 2019

Gracias a Dios (2018)




Título original: Grâce à Dieu
Director: François Ozon
Francia/Bélgica, 2018, 137 minutos

Gracias a Dios (2018) de François Ozon


Encargar a François Ozon que escriba y dirija una película sobre los casos de pederastia en el seno de la Iglesia vendría a ser, salvando las distancias, como pedirle a Almodóvar que realizase el spot publicitario para la campaña electoral de Vox: lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. Bueno, imposible: cosas más raras se han visto. De hecho, ahora que lo pienso, La mala educación (2004) se acercaría bastante a dicho enfoque. Pero a lo que me vengo a referir es a que no hace falta esperar a la publicación del resultado final para saber de antemano que éste será forzosamente tendencioso.

Pues bien: dicho y hecho. Lo último del prolífico director francés responde al nada inocente título de Grâce à Dieu y posee una estructura un tanto errática (por no decir desconcertante). Comienza con el relato en primera persona de Alexandre (Melvil Poupaud) —cuarenta años, padre de familia numerosa, católico practicante—, aunque la acción irá gradualmente alejándose de este supuesto "protagonista" hasta convertirse en coral.



Porque será la decisión de este primero de dar el paso y denunciar ante los tribunales unos hechos acaecidos muchos años atrás la que desencadene un crucial efecto dominó, de modo que buen número de antiguos Scouts, víctimas de los abusos del padre Preynat (Bernard Verley), unan sus fuerzas para sentar al pedófilo en el banquillo.

El tema, de candente actualidad, pone encima de la mesa un asunto no menos espinoso: el del silencio, cuando no encubrimiento, por parte de la jerarquía eclesiástica y hasta de algunas familias creyentes cuya fe, más ciega que sincera, abocó a los Emmanuel (Swann Arlaud), Gilles (Éric Caravaca) o François (Denis Ménochet) de turno a padecer graves secuelas psicológicas ya en la edad adulta. Cuestión delicada donde las haya que Ozon resuelve con más o menos destreza si no fuera por esos inquietantes insertos (y de ahí el elemento tendencioso al que antes aludíamos) en los que un Preynat de áspero semblante conduce de la mano a sus tiernos efebos hasta el cuarto oscuro.


jueves, 10 de mayo de 2018

Amante por un día (2017)




Título original: L'amant d'un jour
Director: Philippe Garrel
Francia, 2017, 76 minutos

Amante por un día (2017) de Philippe Garrel


Nacido en París en 1948, el cine de Philippe Garrel plantea no pocos paralelismos con el de los autores de la Nouvelle vague francesa, de la que podría considerarse un epígono. Algo que parece corroborar su último filme, L'amant d'un jour, narración en austero blanco y negro de dos relaciones sentimentales que se desarrollan simultáneamente: la de un profesor de filosofía (Éric Caravaca) y su joven alumna (Louise Chevillotte) y la de la hija del primero (Esther Garrel) con un muchacho (Paul Toucang) que primero la abandona y con el que más tarde logrará reconciliarse.

Sin embargo, el encanto deliciosamente naif que poseían las películas de un Truffaut o del primer Godard aquí se vuelve impostado, como si los signos de los tiempos que corren, presididos por la apatía (cuando no por una beligerancia galopante), no pudiesen encajar el sencillo relato en tercera persona de unos personajes que aún se mueven por el impulso de sus respectivas pasiones amorosas.

Éric Caravaca (Gilles) y Louise Chevillotte (Ariane)


Pasa un poco lo mismo con la voz en off de Laetitia Spigarelli, que supone un recurso más bien anacrónico, tan inverosímil como los sucesivos encuentros sexuales de Ariane en los lavabos de la facultad: hace medio siglo hubiesen representado una forma transgresora de mostrar la realidad de la juventud, mientras que hoy a uno se le escapa la risa al contemplar escenas como la intentona suicida de Jeanne, dispuesta a saltar desde la ventana de su apartamento por despecho amoroso.

Ante una evidencia tan flagrante no nos queda más remedio que admitir que el espíritu de mayo del 68, loable por lo reivindicativo de unos postulados que aspiraban a mejorar el mundo, hoy da lugar, en cambio, a propuestas de una sensiblería inasumible cuando se aplica a los actuales modos de hacer cine. Sólo así, en un contexto general de nostalgia hacia el legado de los ya mencionados astros de la época dorada del cine francés, cabe interpretar el premio que se otorgó ex aequo el año pasado en Cannes (que no en Marienbad) a Amante por un día y a Un sol interior de Claire Denis, otra película fallida y que ya tuvimos ocasión de comentar aquí hace algunas semanas.

Los Garrel: padre e hija durante el rodaje

martes, 7 de noviembre de 2017

Nuestra vida en la Borgoña (2017)















Título original: Ce qui nous lie
Director: Cédric Klapisch
Francia, 2017, 113 minutos

Nuestra vida en la Borgoña (2017)

Por enésima vez, nos llega una película francesa rodada en provincias. Que es como decir que París está ya muy visto. Y aunque, ciertamente, la capital del país vecino anda más que trillada, comienza a oler a chamusquina eso de que un filme sirva para promocionar una región determinada que, a su vez, financia parcialmente la producción del mismo.

En el caso de Nuestra vida en la Borgoña (título de lo más ramplón que viene a sustituir al francés Lo que nos une), poco podemos comentar a nivel cinematográfico: mozalbetes cariacontecidos por los reveses de una vida que ellos consideran durísima, pero que en la escena siguiente dan botes de alegría por esto o por aquello; viñedos y demás paisajes pintorescos filmados del derecho y del revés en todas y cada una de las estaciones del año; catas continuas (como si entender de vinos fuese coser y cantar); un hijo pródigo que viene y que va sin que ni él mismo tenga muy claro el porqué; en definitiva, rencillas familiares entre hermanos que, sin embargo, acabarán por unirles en aras de la supervivencia de la finca paterna...



Absoluta sensación de déjà vu, no sólo por la temática vitivinícola y demás topicazos a lo Falcon Crest, sino sobre todo por un aire general de telefilme de sobremesa. A lo que cabría añadir la inverosímil relación de Jean (Pio Marmaï) con una española australiana (María Valverde) o la, a nuestro modo de ver, desaprovechada presencia de Éric Caravaca haciendo de padre del clan, en apenas algunos flashes, en los que quizá habría valido la pena profundizar.

Por todo lo cual, uno no puede más que sentirse decepcionado ante una historia que de forma injustificada se alarga hasta las casi dos horas de metraje, cuando habría sido perfectamente plausible condensarla en noventa minutos.