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martes, 18 de septiembre de 2018

Penèlope (2017)




Directora: Eva Vila Purtí
España, 2017, 94 minutos

Penèlope (2017) de Eva Vila

Despierta, Penélope, hija mía, para que veas con tus propios ojos lo que esperas todos los días. Ha venido Odiseo, ha llegado a casa por fin, aunque tarde, y ha matado a los ilustres pretendientes, a los que afligían su casa comiéndose los bienes y haciendo de su hijo el objeto de sus violencias.

Homero
Canto XXIII
Traducción de José Luis Calvo

Un pequeño pueblo entre las nebulosas cimas de Montserrat: Penèlope es la vieja costurera que cose y descose las hebras de sus ajados patrones. Al igual que el resto de vecinos, posee el temperamento de una generación avezada en superar mil y un escollos. Ulises, un anciano de poblada cabellera y barba blancas, regresa ahora a ese mismo lugar tras más de tres décadas de ausencia, aunque nadie, ni siquiera Penèlope, lo reconoce. Hecho que, más allá del mundo sensible, sugiere los impedimentos de todo ser humano a la hora de volver a su Ítaca particular...

Si Bajarí (2013), el anterior proyecto de la cineasta Eva Vila (Barcelona, 1975), supuso un imponente derroche de energía flamenca a cargo del clan Amaya, para la más sosegada Penèlope ha optado, en cambio, por trasladarse hasta los apacibles parajes de Santa Maria d'Oló, municipio de apenas mil habitantes donde reside buena parte de su familia, sito en la comarca barcelonesa del Moyanés y magistralmente captado por la tenue fotografía de Julián Elizalde.



Viendo la particular puesta al día que lleva a cabo Vila del mito homérico, se hace difícil no pensar en un ilustre precedente —Honor de cavalleria (2006) de Albert Serra— en el que otra figura portentosa de las letras universales, en este caso don Quijote, deambulaba por la Cataluña interior. No en vano, ambos directores nacieron el mismo año, luego no sería de extrañar que, por tratarse de miembros de una misma generación, compartan similares postulados estéticos.

Pero, como si de una parábola contemporánea se tratase, Penèlope puede leerse asimismo en clave política: que no faltan, en el trasfondo sonoro del día a día, continuas alusiones a un proceso que bien pudiera compararse con la fastidiosa presencia en la heredad del héroe desterrado de codiciosos pretendientes, ávidos de poder y dispuestos a adueñarse de sus más preciados bienes.


domingo, 24 de julio de 2016

A salvo en el infierno (1931)




Título original: Safe in Hell
Director: William A. Wellman
EE.UU., 1931, 73 minutos

A salvo en el infierno (1931) de William A. Wellman


Probablemente precursora del cine negro en varios aspectos, Safe in Hell (1931) muestra la vida que lleva una joven de Nueva Orleans en Tortugo, la pequeña isla del Caribe adonde se ha refugiado, con la ayuda de su novio marinero, huyendo de la justicia por un crimen que cree haber cometido. Aunque el ambiente opresivo que se respira en el hotel donde se aloja va a ser para la bella Gilda una pueba de fuego, teniendo en cuenta la peligrosa fauna masculina que allí se hospeda: un general golpista, un abogado corrupto, un verdugo y otros hombres tan sudorosos como libidinosos que codiciarán su compañía. Porque Gilda es una mujer de la vida y eso se ve a la legua... pero también una mujer fuerte que sabrá cómo mantener a raya a tanto moscón mientras espera el regreso de Carl (Donald Cook).



Queda claro, pues, que, vulgar y valerosa al mismo tiempo, la Gilda que interpreta Dorothy Mackaill es una especie de Penélope moderna que deberá hacer frente a una corte de pretendientes bastante sui géneris. Sólo que, viendo cómo es capaz de encender las cerillas con una sola mano, no necesitará tejer y destejer ningún sudario: ventajas de ser una femme fatale avant la lettre...



La nota de color la ponen la recepcionista Leonie (Nina Mae McKinney) y el botones Newcastle (Clarence Muse), siendo ambos un torrente inagotable de alegría que contrasta de forma muy vívida con la depravada atmósfera de aquel entorno.

En definitiva, A salvo en el infierno es un ejemplo excelente de lo que representó la época pre-code de la industria cinematográfica estadounidense: el periodo comprendido entre la introducción del sonido a finales de los años veinte y la aplicación, a partir de 1934, del estricto Código de Producción de Películas que recogía las directrices de censura.