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lunes, 31 de octubre de 2022

Generación (1955)




Título original: Pokolenie
Director: Andrzej Wajda
Polonia, 1955, 87 minutos

Generación (1955) de Andrzej Wajda


Arranca Pokolenie (1955) con una magistral panorámica de casi 360º que termina convirtiéndose en un largo plano secuencia a través de un mísero barrio de chabolas a las afueras de Varsovia. Sin embargo, la banda sonora de Andrzej Markowski transmite mientras tanto la idea de que, a pesar de las penurias que puedan estar soportando, los habitantes de aquel poblado son pobres pero honrados. Luego la voz en off del protagonista acabará de poner al espectador en situación, dando a entender que todo lo que sigue no es sino un largo flashback a propósito de lo que fue su juventud y toma de conciencia política.

Primer largometraje en la filmografía de Wajda, la película que nos ocupa iniciaba también su Trilogía de la Guerra, completada en años sucesivos por La patrulla de la muerte (Kanal, 1957) y Cenizas y diamantes (Popiól i diament, 1958). Títulos, todos ellos, caracterizados por un realismo no exento de la distancia necesaria para juzgar los terribles acontecimientos que en ellos se exponen. En ese sentido, la historia del joven Stach (Tadeusz Lomnicki), pese a reflejar el heroísmo del pueblo polaco en su lucha contra el invasor nazi, contiene, asimismo, elementos que lo alejan del típico tono propagandístico auspiciado por el régimen comunista.



Por otra parte, la presencia de Polanski entre el grupo de amigos del protagonista aporta una nota curiosa en un filme donde lo ideológico se mezcla con las ilusiones propias de la edad. De ahí que los personajes, ladronzuelos de carbón o aprendices en algún taller de mala muerte, acaben involucrándose en la lucha armada como si de un juego se tratase. Candidez que, en lo referente a Stach, se hace todavía más evidente por el hecho de que su activismo nace de la atracción que siente hacia la bella líder estudiantil Dorota (Urszula Modrzynska).

De todo lo cual se puede concluir que es esa vertiente humana la que aporta autenticidad al relato. Especialmente si se tiene en cuenta que el sacrificio de la generación a la que alude el título no ha sido en vano, como lo atestigua el relevo implícito en el plano final, con todos esos nuevos adeptos para la causa que la cámara muestra en contrapicado con la intención de realzar el sentimiento de esperanza en un futuro mejor.



jueves, 25 de julio de 2019

Decálogo, ocho (1990)




















Título original: Dekalog, osiem
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia/Alemania, 1990, 55 minutos

Decálogo, ocho (1990) de Krzysztof Kieślowski

"No dirás falso testimonio ni mentirás". Que la protagonista del capítulo octavo del Decálogo sea una distinguida profesora universitaria de ética no es precisamente casual, ya que lo que va a destaparse es un oscuro episodio de su pasado que pondrá en tela de juicio la presunta rectitud moral de la mujer.

Pero también asistimos a la trascendental confrontación de Elzbieta (Teresa Marczewska) con su verdadera identidad: la de la niña judía que en 1943 a punto estuvo de morir a manos de los nazis y que, milagrosamente, salvó el pellejo para convertirse, años más tarde, en una eminente investigadora norteamericana experta en el tema del holocausto.

El colaboracionismo es, por definición, uno de los asuntos más incómodos que puedan abordarse tanto en el plano de la ficción como, sobre todo, en el estrictamente historiográfico. De ahí que Piesiewicz y Kieślowski, ya de por sí ambiguos en el tratamiento de la mayoría de sus guiones, eviten en éste de un modo especial el hablar a las claras, limitándose a diseminar, aquí y allá, leves indicios que permitan desentrañar la auténtica naturaleza de los personajes. Como ese vecino de Zofia (Maria Koscialkowska) que presume orgulloso de su colección de sellos alemanes o el hijo ausente de la mujer, que se niega a vivir con ella porque quizá intuye la implicación que tuvo su madre con el genocidio.


sábado, 13 de julio de 2019

El azar (1981)




Título original: Przypadek
Director: Krzysztof Kieślowski
Polonia, 1981, 118 minutos

El azar (1981) de Krzysztof Kieślowski


Una acción tan sencilla como tomar un tren a tiempo o perderlo puede cambiar radicalmente el destino de una persona. Ésta es la premisa de la que partió el polaco Krzysztof Kieślowski para crear una de sus obras maestras más redondas: El azar

Rodada en 1981 y secuestrada durante seis años por las autoridades comunistas, Przypadek viene a ser una suerte de ejercicio de estilo, muy crítico con el opresivo régimen estatal, que se articula en tres episodios y un prólogo en torno a las posibles vidas del joven Witek (Boguslaw Linda).



Héroe o villano; elemento subversivo o ciudadano modélico: todas las opciones son posibles dependiendo de qué lado caiga la bola. Woody Allen, al que, por cierto, una de las amantes del protagonista menciona explícitamente, ahondaría, décadas después, en esa misma idea en Match Point (2005).

Aunque es en el último plano de la película —un avión despegando de la pista del aeropuerto— donde se aporta la clave definitiva para comprender las verdaderas intenciones del cineasta: puede que el azar sea caprichoso y juegue con nosotros de una y mil maneras, pero, al final, resulta del todo gratuito hacerse ilusiones, puesto que la fatalidad, esa fiera terrible que acecha en la sombra, siempre termina por imponerse.