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viernes, 2 de mayo de 2025

Joana Biarnés, una entre todos (2015)




Título original: Joana Biarnés, una entre tots
Directores: Òscar Moreno y Jordi Rovira
España, 2015, 72 minutos

Una entre todos (2015) de Moreno y Rovira


Ejercer el fotoperiodismo en el seno de una sociedad esencialmente patriarcal como era la España franquista dio pie a innumerables anécdotas que la egarense Joana Biarnés (1935-2018) relata con sumo entusiasmo en el documental Una entre todos (2015). Aunque huelga decir que en la mayoría de ocasiones fue ese mismo desparpajo el que le abrió las puertas de cuantas celebridades se cruzaron en su camino. Por ejemplo las de la suite en la que se hospedaban los Beatles durante su estancia en Barcelona, donde permaneció hasta tres horas fruto de las cuales surgirían unas instantáneas por las que, incomprensiblemente, no cobró ni un céntimo.

Así era aquel país y así las gastaban los árbitros o los ordenanzas que pretendían, en uno y otro caso, negarle a Joana el acceso a los campos de fútbol o a las Cortes pese a estar debidamente acreditada. Sin embargo no hubo obstáculo, por imposible que pareciese, que una chica simpática y moderna como era ella, avanzada sin duda a su época, no solventara a base de ingenio y savoir faire. De modo que enseguida se abrió camino en la profesión hasta terminar como reportera del por entonces influyente diario Pueblo.



Aparte del peso que ejerció sobre ella la figura paterna, de su amistad con el Cordobés o con Dalí o de cómo una vez le tomó el pelo a Polanski, otro de los aspectos que aborda el documental de Moreno y Rovira es la estrecha relación que Biarnés acabaría estableciendo con estrellas de la canción de la talla de Joan Manuel Serrat y Raphael. De hecho, ambos artistas aportan sus respectivos testimonios para corroborar la trascendencia que tuvieron los retratos de la catalana, ya fuese en portadas de discos o en reportajes de prensa, a la hora de lanzar y promocionar sus carreras.

Y, aun así, llegó un momento, a mediados de los ochenta, en el que Juanita, como cariñosamente se la conocía en el ambiente profesional, optó por retirarse a Ibiza, donde, en compañía de su marido, el francés Jean-Michel Bamberger, abriría el reputado restaurante Cana Joana. Se iniciaba así una etapa que significó que su obra cayera en un ominoso olvido del que, poco a poco, ha ido siendo rescatada en los últimos tiempos. En buena medida, esta película ha contribuido a ello.



sábado, 28 de diciembre de 2019

Yellow Submarine (1968)




Título en español: El submarino amarillo
Director: George Dunning
Reino Unido/EE.UU., 1968, 90 minutos

Yellow Submarine (1968) de George Dunning


Once upon a time… Como si de un cuento de hadas se tratara, da comienzo este alarde imaginativo que bebe en las mismas fuentes que otros ilustres predecesores como Alicia en el País de las Maravillas o El Mago de Oz. De hecho, la acción va a transcurrir en Pepperland, un lugar que no figura en los mapas, más allá del arco iris y hasta de la mismísima Shangri-La, habitado por criaturas malignas como los Malditos Azules o maravillosamente creativas como el cuarteto de Liverpool.

Todo un festival rebosante de colorido y cultura pop, que es, a fin de cuentas, la única que merece la pena. Un collage a base de canciones y sueños, fantasía y revolución contracultural. Su director, un canadiense llamado George Dunning (1920–1979), la completó en tan sólo once meses (cuando lo habitual por aquel entonces, en el caso de una película de animación, eran cuatro años), pero apenas se benefició del éxito comercial que obtuvo la cinta. Aunque, ¿a quién le importa el dinero cuando lo que está en juego es la inmortalidad?



Un viaje que se inicia de la mano de Eleanor Rigby y el Padre McKenzie para llevarnos a todos juntos, de inmediato, hasta el cielo en el que Lucy juega con sus diamantes. Pura psicodelia: ojos caleidoscópicos, la banda del club de los corazones solitarios y un submarino volante que viaja a través del tiempo y del espacio. Todos vivimos en ese submarino amarillo y nuestros amigos están todos a bordo...

Más de medio siglo después, y gracias a la tecnología 4K, semejante entelequia aún es capaz de arrancar aplausos en una sala abarrotada de público. He ahí la magia de un clásico moderno en toda regla que mantiene intacta su vigencia. No hay nada que puedas hacer que no se pueda hacer; nada que puedas cantar que no se pueda cantar. Love is all you need...


martes, 28 de noviembre de 2017

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)




Director: David Trueba
España, 2013, 108 minutos

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013)


Como sucedía en Vidas rebeldes (1961), a veces los que menos encajan pueden acabar siendo los mejores compañeros de viaje. Para el que, de momento, sigue siendo el último largometraje de David Trueba, sin contar series, telefilmes o documentales, el director decidió reunir a tres misfits en el interior de un SEAT 850 y enviarlos rumbo a Almería en busca de John Lennon, quien, por aquel entonces, se encontraba en pleno rodaje de Cómo gané la guerra (1967) de Richard Lester.

A cada uno de ellos le falta algo para dar pleno sentido a su vida: Antonio San Román (Javier Cámara) imparte clases de inglés y de latín en un colegio de Albacete. Apasionado de los Beatles, se sirve de las letras de sus canciones para enseñar a los alumnos. Sin embargo, vive obsesionado con la idea de entrevistarse con Lennon para convencerlo de que el grupo incluya las letras de sus canciones en los discos.



Afable por naturaleza, Antonio acaba "adoptando" temporalmente a dos jóvenes que han huido de sus respectivos hogares por diferentes motivos. Quizá porque él mismo confiesa que los profesores, a fuerza de tratar con niños, dejan de interesarse por el mundo de los adultos. Así que el hombre conecta la mar de bien con una muchacha embarazada y con un adolescente, hijo de un gris, que se niega a cortarse el pelo.

Acompañada de una banda sonora extraordinaria de Pat Metheny, Vivir es fácil con los ojos cerrados peca un tanto de ese tono edulcorado que a veces se le escapa a su director. Se trata de una road movie poseedora de una fotografía muy colorida, en oposición a la época en la que se ambienta, que suele ser recordada en blanco y negro en el imaginario colectivo. Detalle destinado, tal vez, a remarcar (es otra de las frases del profesor) que la vida es triste y alegre al mismo tiempo.

Trueba junto a Juan Carrión, el profesor que le inspiró el personaje
de Antonio San Román