domingo, 24 de enero de 2016

La extraña historia de Oyuki (1992)




Título original: Bokuto kidan
Director: Kaneto Shindô
Japón, 1992, 116 minutos

La extraña historia de Oyuki (1992) de Kaneto Shindô


Resulta fácil comprobar cómo en la dilatada filmografía del cineasta japonés Kaneto Shindô hay una serie de elementos que insistentemente se van repitiendo a lo largo de los años. Uno de ellos es el protagonismo otorgado a las mujeres, a las que a menudo convierte en eje central de no pocas de sus películas, y en particular a la figura de la geisha, a la que humaniza más allá de cualquier prejuicio moral y cuya importancia social gusta de subrayar. Quien haya visto el documental que Shindô dedicó en 1975 a Mizoguchi recordará el testimonio de algunas de las que solía frecuentar su ilustre colega.

En el caso de La extraña historia de Oyuki se adapta una novela del escritor Kafû Nagai (1879–1959), aunque el director se tomó la licencia de convertir en protagonista de la historia al propio Nagai, un reconocido Tenorio sesentón que, sin embargo, caería locamente enamorado de la joven geisha Oyuki, en cuya casa se refugia una noche de tormenta. El hilo conductor del relato serán, pues, los veintinueve tomos del diario íntimo que el escritor fue consignando durante toda su vida.

El filme incluye algunas imágenes de archivo con un fragmento
del discurso del primer ministro Hideki Tōjō en un estadio

Frecuentemente incomprendido por buena parte de sus coetáneos, que ven con recelo las maneras occidentales que Nagai ha adoptado tras sus viajes por Europa y Norteamérica, el escritor nunca revelará su verdadera identidad a Oyuki, ante la que se hace pasar por fotógrafo. Algo similar ocurre con Masa (la mujer que hospeda a Oyuki, interpretada por Nobuko Otowa): parapetada tras unas gafas de sol que esconden una cicatriz en el ojo derecho, no quiere que trascienda su personalidad para así proteger al único hijo que tiene.

Por su cautivadora atmósfera ligeramente decadente, el filme de Shindô podría emparentar a la perfección con Muerte en Venecia de Visconti, si bien los referentes culturales de ambas historias son radicalmente distintos. Sea como fuere, hay algo conmovedor que invita a apiadarse de él en el maduro escritor que se aferra a su relación con Oyuki para apurar los escasos momentos de placer y felicidad que depara el inexorable paso del tiempo. Como le dice a su madre, preocupada por la soltería del hijo tras dos matrimonios fallidos, en una de las escenas iniciales de la película: "Yo moriré solo".

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