lunes, 20 de julio de 2015

Locura de amor (1948)



Director: Juan de Orduña
España, 1948, 112 minutos

Superproducción Cifesa basada en la obra homónima de Manuel Tamayo y Baus estrenada el 12 de enero de 1855 y que ya había sido previamente adaptada a la pantalla en 1909 por los barceloneses Ricardo de Baños y Albert Marro. 

Con la grandilocuencia propia de la época, la trama viene a sugerir que doña Juana la Loca no enloqueció realmente sino que fue víctima de las intrigas palaciegas urdidas por el entorno de Felipe el Hermoso. A tal efecto, resulta curioso observar cómo los personajes positivos son en su mayoría nobles castellanos de lealtad inquebrantable, como, por ejemplo, el capitán don Alvar de Estúñiga (Jorge Mistral), el Almirante (Juan Espantaleón) o la pobre reina (Aurora Bautista), mientras que los traicioneros proceden de otras latitudes, como Flandes (Felipe el Hermoso o Don Filiberto de Vere, interpretados, respectivamente, por Fernando Rey y Jesús Tordesillas) o la Granada morisca (caso de la pérfida Aldara, encarnada por la bella Sarita Montiel).

Al margen de la lectura interesada que se hiciera en su momento del episodio histórico, lo realmente interesante de una película como Locura de amor es la magnificencia de los decorados de cartón piedra obra del alemán Sigfrido Burmann (1891–1980), figura emblemática del cine español de aquel periodo que participó en cuantiosas producciones y que, por ello, merecería un reconocimiento mayor del recibido.

Como también hay que valorar en su justa medida la interpretación que lleva a cabo Aurora Bautista de la reina y su locura. A pesar de que puede ser tildada de hiperactuación (el personaje, en este caso, lo requiere), resulta muy llamativa la semejanza del travelín en retroceso de la escena final, junto al lecho de muerte de su amado Felipe, con la gesticulación extravagante que llevaría a cabo dos años después Norma Desmond (Gloria Swanson) al bajar por la escalera de su mansión, filmada también con análogo movimiento de cámara, en El crepúsculo de los dioses (1950). Si los devaneos de la Swanson son hoy considerados geniales, no deberían serlo menos su precedente en Locura de amor.


Fernando Rey y Aurora Bautista
Programa de mano
Doña Juana la Loca (1878) de Francisco Pradilla y Ortiz

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