sábado, 16 de abril de 2016

Los días contados (1962)




Título original: I giorni contati
Director: Elio Petri
Italia, 1962, 93 minutos

Los días contados (1962) de Elio Petri


Puede que sean otras las películas más recordadas de Elio Petri, en especial las de denuncia política que hiciera con el actor Gian Maria Volontè, pero el segundo largometraje que dirigió ya era una obra maestra. Con Los días contados (1962) Petri reflexionaba sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la vida... Y quién mejor para hacerlo que un cineasta italiano que, como él, sitúa algunas de las escenas de su filme en la Roma monumental, la misma ciudad que alumbró dos mil años atrás los tópicos literarios del carpe diem o del tempus fugit.

En la anodina existencia del fontanero Cesare Conversi (Salvo Randone, actor habitual del cine de Petri) se produce un detonante que va a sacudir fuertemente los cimientos de sus prioridades vitales: durante un viaje en tranvía presencia la muerte de un hombre más o menos de su edad, aparentemente dormido en su asiento pero en realidad fulminado por un infarto. Hondamente convencido de que él mismo podría haber corrido la misma suerte, a partir de ese preciso instante Cesare tomará la decisión de no trabajar más, de intentar disfrutar al máximo el tiempo que le queda, puesto que se ha dado cuenta de que tenemos "los días contados" y cualquiera de ellos (quizá hoy) puede ser el último.

Se inicia así una personal odisea que llevará a Cesare a visitar a personas y lugares que marcaron un punto de inflexión en su vida, como la casa en la que nació o a una antigua novia con la que no recuerda muy bien por qué no llegó a casarse. Pero las cosas se complican y, si bien ahora dispone de más tiempo para sí mismo, le urge imperiosamente el dinero para seguir adelante. ¿Pero cómo, de dónde sacarlo? La desesperación comenzará a apoderarse de él y pronto se verá abocado a nuevos problemas: pedirá prestado a antiguos compañeros, se atreverá a requerir los consejos de un mendigo que canta en el metro, aceptará simular un accidente para cobrar el seguro...

Los susodichos en un descanso del rodaje

Mas todo es en vano y el hombre deberá resignarse a acatar lo que el destino le aguarda. De ahí que se vea forzado a volver al trabajo y a la rutina. El final, a la altura de las grandes películas, no sólo cierra el círculo sino que pone de manifiesto la genialidad del guionista Tonino Guerra.

viernes, 15 de abril de 2016

Alemania año 90 nueve cero (1991)




Título original: Allemagne année 90 neuf zéro
Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1991, 62 minutos

Alemania año 90 nueve cero (1991) de Jean-Luc Godard


El collage que ideó Godard con motivo de la reunificación alemana mezclaba música de Beethoven, Hindemith o Stravinski con el personaje protagonista de su película Lemmy contra Alphaville (1965). Las proclamas en alemán, francés o latín se suceden sobre una pantalla por la que irán desfilando referencias de tipo filosófico, literario, histórico y cinematográfico (se incluyen varios fragmentos de filmes expresionistas como Metrópolis, Los nibelungos o El último).

Tras la caída del muro de Berlín, el panorama que se avecina, presidido por el consumismo capitalista de neones y escaparates, contrasta con las ruinas, los paisajes y las zonas industriales por las que deambula el avejentado espía Lemmy Caution en su última misión (de hecho, el actor Eddie Constantine fallecería un par de años más tarde).

Hasta don Quijote y Sancho pasan por allí (un don Quijote que, curiosamente, se expresa en alemán), si bien su aspecto es más decrépito que nunca: Sancho empuja los restos de un coche y su amo prácticamente ignora las preguntas que le dirige Lemmy. Porque en el universo creado por Godard no sólo se mezclan los temas, sino también las épocas, y así pasaremos del presente a los campos de concentración, a veces mediante imágenes de archivo y, en otras ocasiones, con la intervención de actores.

Lemmy Caution (Eddie Constantine) junto a una muchacha
que parece salida de la novela de Thomas Mann
que sostiene entre sus manos

Carta a Freddy Buache (1982)




Título original: Lettre à Freddy Buache
Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1982, 11 minutos

El género epistolar se ha cultivado a menudo en el terreno novelístico o incluso en el ámbito de la poesía, pero rara vez en el cinematográfico. En ese sentido, la carta que Godard escribe al crítico y antiguo responsable de la Cinemateca suiza Freddy Buache pretende ser, al mismo tiempo, un homenaje a la ciudad de Lausana con motivo del quinto centenario de su fundación, así como un anuncio de la inminente muerte del cine como arte. Utilizando de fondo el Bolero de Ravel, el director de origen suizo llevará a cabo durante diez minutos su acostumbrada retahíla de imágenes y reflexiones en voz alta.


https://vimeo.com/11523072

El juez (2015)




Título original: L'hermine
Director: Christian Vincent
Francia, 2015, 98 minutos

El juez (2015) de Christian Vincent


L'hermine (literalmente, "el armiño") hace referencia a la banda de piel que lleva el traje de gala lucido por los magistrados franceses en el tribunal. Mediante dicha prenda ha querido el director y guionista Christian Vincent simbolizar la autoridad que emana de la jurisdicción del juez Michel Racine (un Fabrice Luchini que logró la Copa Volpi al mejor actor en el último festival de Venecia).

El principal atractivo de El juez reside precisamente en el hecho de que viendo la película uno puede hacerse una idea bastante precisa de cómo es un juicio en el país galo: funcionamiento, fórmulas, léxico, casuística... Y poco más. Porque por muy buen actor que sea Luchini (y siempre lo es), la relación que se establece/retoma entre su personaje y Ditte Lorensen-Coteret (una miembro del jurado interpretada por la danesa Sidse Babett Knudsen) se nos antoja un poco cogida por los pelos. Y eso que ella ganó el César a la mejor actriz secundaria y Christian Vincent el premio al mejor guion en Venecia. Pero los galardones ya se sabe que no siempre son garantía de que una película sea realmente una obra maestra y, tras haber visto El juez, uno se marcha con la sensación de que sí, bueno, no está mal, pero tampoco hay para tanto... Sobre todo por esas escenas entre el magistrado, la enfermera y su hija adolescente, tomando una copa un poco a escondidas tras las sesiones del juicio; o la situación paralela que protagonizan los miembros del jurado popular: bravo por los actores, que son capaces de mostrar la vertiente humana de sus personajes. Pero...

Pues el principal pero que se le puede objetar a El juez es que no logra superar en intensidad dramática al modelo en el que claramente se inspira: Doce hombres sin piedad de Sidney Lumet. Y eso que el caso juzgado es de extrema dureza, llegando a provocar, además, una evolución en el punto de vista del en principio severo magistrado. ¿Qué se le va a hacer? A lo mejor es que Lumet son palabras mayores. O a lo peor es que ya se han hecho tantas películas sobre juicios que llega un punto en el que resulta complicado aportar algo nuevo.

Ditte (centro) encabeza el jurado popular encargado de dictar veredicto

jueves, 14 de abril de 2016

El novato (2015)




Título original: Le nouveau
Director: Rudi Rosenberg
Francia, 2015, 81 minutos

El novato (2015) de Rudi Rosenberg


Para su primer largometraje como director, el actor (y ahora también realizador) Rudi Rosenberg ha decidido abordar el mundo de los adolescentes desde la perspectiva del chaval que llega nuevo a un instituto y que no lo tiene nada fácil para integrarse y entablar nuevas amistades. Evidentemente, dicho planteamiento recuerda bastante al de La fiesta (La boum, Claude Pinoteau, 1980) una de las influencias confesas de Rosenberg. De hecho, esta última se rodó en el Liceo Henri IV, que se encuentra a pocas calles del Colegio Montaigne, el centro educativo cuyas aulas vemos en El novato.

La diferencia entre ambas estriba, por contra, en el hecho de que el filme de Pinoteau era (como ya dijimos hace algunas semanas en una entrada anterior) una apuesta familiar en la que la abuela y los padres también gozaban de gran protagonismo. En El novato, en cambio, los padres apenas sí aparecen en una escena. ¿Cómo debe ello interpretarse? ¿Se nos está diciendo que en la sociedad actual los padres se hallan en muchas ocasiones desaparecidos en combate (léase por obligaciones laborales, verbigracia)? Quizás. En todo caso, lo que salta a la vista es que tanto Benoît como el resto de sus compañeros pasan demasiadas horas solos. Aunque ello no es óbice, sin embargo, para que todos acaben encontrando su lugar.

Tío y sobrino


En palabras del director: "Quería filmar a unos chicos divirtiéndose haciendo cosas un poco estúpidas, y estas cosas hacen que vaya naciendo su historia de amistad de manera natural. Hay muchas películas de pandillas de amigos ya formadas, mientras que con la nuestra la idea era asomarse al instante inmediatamente anterior e interesarse por la génesis de una banda." Sí: porque aparte de Benoît (Réphaël Ghrenassia), también son novatillos en el cole la sueca Johanna (Johanna Lindstedt) y Aglaée, la candidata a delegada de la clase (Géraldine Martineau, quien vuelve a interpretar al mismo personaje que ya encarnara en un corto dirigido por Rosenberg en 2010). A ellos se unirán, por último, Joshua (Joshua Raccah) y Constantin (Guillaume Cloud-Roussel): excéntricos y carentes de habilidades sociales, el hecho de haber sido a menudo rechazados por los demás estudiantes se acabará convirtiendo precisamente en lo que les una en su "rebelión" frente a los populares del centro.

Sin embargo, hay que reconocer que el inductor de que los chicos vean reforzado su amor propio es Greg, el tío del protagonista (un "adolescente" de treinta años al que da vida el cantante Max Boublil): suya será la idea de organizar una fiesta en casa de los padres de Benoît, adonde, por cierto, él mismo se halla instalado sin oficio ni beneficio. DJ de lo más peculiar, el desaliñado Greg les enseñará también a enfrentarse a la banda de Charles (Eythan Chiche) y sus matones mediante réplicas de lo más ingenioso.

Réphaël Ghrenassia (Benoît) fue el elegido tras un casting
 en el que participaron más de 5000 aspirantes

martes, 12 de abril de 2016

Maribel y la extraña familia (1960)




Director: José María Forqué
España, 1960, 96 minutos

Maribel y la extraña familia (1960)


El niño vino la semana pasada a encontrar novia en Madrid y ya la ha encontrado. Y justo lo que nosotras queríamos. Una muchacha moderna, desenvuelta, simpática y alegre que llenará de alegría la fábrica de chocolatinas. Yo le aconsejé lo que debía buscar: una muchacha de las de ahora, empleada, mecanógrafa, enfermera, hija de familia... No importa lo que sea, rica o pobre es igual. El caso es que pertenezca a esta generación maravillosa que tiene la libertad e iniciativa. ¡Tenemos tanta ilusión por conocerla...!

Con el eco aún reciente del éxito en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid, donde se había estrenado la noche del 29 de septiembre de 1959, y con el Premio Nacional de Teatro bajo el brazo de Miguel Mihura, Maribel y la extraña familia se llevaba a la gran pantalla apenas un año más tarde. Su director, José María Forqué, tuvo el acierto de situar la escena inicial a orillas del lago de Sanabria (Zamora), ya que sus aguas guardan un turbio secreto que no se nos revelará hasta el momento del desenlace. El en apariencia apocado Marcelino (Adolfo Marsillach) contempla su superficie con un aire entre ausente y misterioso, mientras suena de fondo una enigmática melodía de la banda sonora compuesta por Manuel Parada.

Buena parte del encanto de esta comedia reside en el equívoco que se deriva de enfrentar dos mundos que en teoría son radicalmente opuestos: la mojigatería de la madre y la tía de Marcelino frente al desparpajo de unas chicas de la vida como son Maribel (la mejicana Sylvia Pinal) y sus compañeras de profesión. Sobre todo a partir del momento en el que las venerables ancianas no parecen dispuestas a darse cuenta de a qué se dedica realmente la "prometida" de Marcelino. Claro que ella también cree que la han llevado hasta allí con una intención muy distinta, cosa que hará que intente huir cuando el muchacho le diga que le va a presentar a su familia.

Marcelino (Adolfo Marsillach) y Maribel (Sylvia Pinal)


Aunque, a decir verdad, conforme se vayan desarrollando los hechos tendremos ocasión de comprobar que ni los unos son tan inocentes ni las otras tan frescas. ¿O es que acaso no podría establecerse un paralelismo entre ese matrimonio de desconocidos que va de visita a casa de Tía Paula a cambio de 50 pesetas y los clientes de Rufi, Pili y Niní? Parece que Mihura pretenda hacernos ver la ridiculez de tantos prejuicios que nos llevan a olvidar que todos somos personas, así como de la hipocresía reinante en determinados medios provincianos dominados por los convencionalismos sociales y la falsa moral (lo cual fue, por otra parte, una constante de su producción teatral).

Y ¿qué añadir del resto del reparto? Porque aparte de los mencionados Marsillach y Pinal, son muchos los grandes actores y actrices que se dan cita en Maribel y la extraña familia. Así pues, cabe mencionar la presencia de Julia Caba Alba como Tía Paula (con sus discos de Elvis Presley, George Williams y Louis Armstrong) y Guadalupe Muñoz Sampedro en el papel de doña Matilde, madre de Marcelino y hábil barman en el manejo de la coctelera preparando Gimlets. Resultan, asimismo, de lo más entrañable Trini Alonso, Carmen Lozano y Gracita Morales (respectivamente, las ya mencionadas Rufi, Pili y Niní).

Tía Paula y doña Matilde


Hay en todos estos personajes una obsesión por lo que ellas llaman modernidad y que contrasta fuertemente con sus formas carrinclonas: parece que algo estaba cambiando en el seno de una sociedad tan conservadora, aunque de momento sólo fuese el discurso. De hecho, cuando Maribel irrumpa en el apartamento familiar dirá que le da miedo, porque parece un museo con tanto retrato y tanto pajarraco (la cotorra, por cierto, se llama Susana...). Nada tiene de particular, por lo tanto, que la chica dude de la cordura de quienes forman un cuadro familiar que recuerda vagamente al que formaban las ancianitas de Arsénico por compasión de Frank Capra. No es ésta, como se verá, la única referencia cinéfila: influida por los temores que albergan sus amigas acerca de Marcelino, Maribel vivirá un auténtico dilema pensando en si su novio será bueno o malo (tal y como le sucedía a Joan Fontaine respecto a Cary Grant en Sospecha). Y otra alusión hitchcockiana (siempre en clave de parodia, por supuesto) es la habitación de la difunta en la casa del pueblo en la que nadie ha entrado desde hace cinco años y que remite directamente a Rebeca.

En definitiva, y una vez superadas todas las dudas, ni Marcelino quiere saber nada del pasado de Maribel ni ella admite que se esté mintiendo a sí misma ni a su prometido: se abrazan, se besan, triunfa la hipocresía y todos son felices.


Madame Marguerite (2015)




Título original: Marguerite
Director: Xavier Giannoli
Francia/República Checa/Bélgica, 2015, 129 minutos

Madame Marguerite (2015)


Quienes hayan visto Ciudadano Kane recordarán sin duda el caso de Susan Alexander, la segunda esposa del magnate de la prensa. Obsesionado por hacer de ella una excelsa cantante de ópera, Charles Foster Kane pondrá a su disposición todos los medios imaginables. Hasta mandará construir un costoso teatro con tal finalidad. La joven, sin embargo, carece totalmente de las cualidades necesarias para triunfar, lo cual desespera no tanto al marido (siempre empecinado en salirse con la suya) sino al sufrido profesor de canto que ve con exasperación cómo sus lecciones no surgen efecto. Un encolerizado profesor Matiste al que, por cierto, daba vida el mallorquín Fortunio Bonanova (aunque esa es otra historia).

Quizá Orson Welles y su equipo de colaboradores tuvieron en mente a la hora de inspirarse a la soprano norteamericana Florence Foster Jenkins (1868-1944), cuyas limitaciones técnicas eran inversamente proporcionales a sus pretensiones artísticas. En todo caso, quien sí que la ha tomado como modelo ha sido el cineasta francés Xavier Giannoli, director de Madame Marguerite. Drama cómico o comedia dramática (según se mire), Giannoli estructura la película en cinco capítulos: "La grande Marguerite Dumont", "Un nouveau monde", "Vers la joie", "La voix de son maître" y "La vérité".

Marguerite (Catherine Frot) y Atos (Michel Fau)


En plena efervescencia de los años veinte, la acaudalada Marguerite Dumont (Catherine Frot) no se corta ni un pelo a la hora de ofrecer recitales benéficos en el castillo propiedad de su marido, aunque ni siquiera este último es capaz de soportar sus gorgoritos. Durante dichas actuaciones, los tapones de algodón serán muy solicitados entre la misma concurrencia que aplaudirá después complacida. 

De todas maneras,  y a pesar del patetismo que irradia su figura, Marguerite se verá rodeada por un grupo de incondicionales que la arroparán: el fiel mayordomo Madelbos (interpretado por el belga de origen congoleño Denis Mpunga); Atos Pezzini, vieja gloria de la ópera y paciente maestro de canto de la susodicha (el actor Michel Fau) y los jóvenes entusiastas Lucien Beaumont (un crítico al que da vida Sylvain Dieuaide), Kyrill Von Priest (un excéntrico artista encarnado por Aubert Fenoy) y la promesa del bel canto Hazel (Christa Théret). Hasta una mujer barbuda se unirá al extraño grupo que tiene como finalidad mantener la ilusión de que Marguerite es realmente una cantante de éxito.

En ese aspecto, la evolución del personaje recuerda un poco a la de don Quijote: en un primer momento es Marguerite quien en su delirio de grandeza transforma la realidad, mientras que después (ya ingresada en el hospital) serán los demás quienes la transformen para ella. A fin de cuentas, la clave nos la aporta Félicité, la mujer barbuda (Sophia Leboutte), cuando hacia el final de la película nos recuerda que, en realidad, sólo hay dos actitudes posibles frente a la vida: soñarla o vivirla. Marguerite optará por lo segundo, pero pagando un alto precio por llevar a la práctica sus sueños.



lunes, 11 de abril de 2016

Malvaloca (1942)




Director: Luis Marquina
España, 1942, 96 minutos

Malvaloca (1942) de Luis Marquina


Enésima realización de la treintena larga de títulos que dirigió Luis Marquina, Malvaloca destaca por la rara virtud de presentar a su protagonista femenina como una descarriada pero sin ahondar excesivamente en detalles. Se entiende que en 1942 era difícil, por no decir misión casi imposible, el tratar determinados temas en una película. Apenas bastan una conversación fugaz en un rincón solitario de un patio sevillano, algún visillo que descorre la cotillería, proposiciones (se supone que deshonestas) sin respuesta (quizá off the record), el primer plano de una rosa deshojada... ¡Qué alarde de sutilidad!

Aunque a buen entendedor... Y además que el éxito de la pieza teatral de los hermanos Álvarez Quintero que precedía al filme hacía innecesario entrar en pormenores del pasado de Rosita que el público, sin duda, ya conocía.



De todas formas, y al margen de la nula vigencia o incluso escasa verosimilitud que pueda tener hoy en día su argumento, en el que campan monjitas solícitas y viudas de guerra, Malvaloca posee unos diálogos en los que el gracejo popular andaluz irradia no poco ingenio y salero:

-¿Y usted no baila, niña?
-Yo no.
-¿Por qué?
-¡Porque me da reparo de bailar delante de la cruz!
-¡Pues San Pedro se asomaría a las estrellas pa verla a usted!
-Pues se le iban a caer las llaves.
-No creo.
-Por lo malamente que lo hago.
-¡Que usted no pasa na malamente con esos ojos tan ladrones!
-¿Ladrones mis ojos...?
-Por lo pronto roban el sueño: yo esta noche no voy a dormir una hora seguida pensando en ellos.
-Pues yo dormiré de un tirón. Y si no me tomo un dormidero.
-¿Pa qué, mi arma?
-Pa orviarme de tó: es mi proceder siempre que hablo con un hombre simpático.
-¿Le ha ido a usted mal con los hombres simpáticos?
-¡Uh! ¡Y con los antipáticos!
- ¡Vaya por Dios! ¿Lo de antipático iba por mí?
-¡Ni con careta lo ve usté!

Quienes con tanta soltura se expresan son Salvador y Rosita "la Malvaloca" o, lo que viene a ser lo mismo, el gallardo Manuel Luna y una jovencísima Amparito Rivelles. En lo sucesivo se enamorarán y se desenamorarán (que toda pecadora debe seguir su personal vía crucis de desengaños hasta redimirse, por muy arrepentida que esté y por más salerosa que sea la muchacha), hasta que un magnánimo Leonardo (o sea Alfredo Mayo) se cruce en su camino para darle la felicidad que siempre mereció y, como ya hiciera con el bronce de la campana Golondrina, haga de ella una mujer nueva.



domingo, 10 de abril de 2016

A cada uno lo suyo (1967)




Título original: A ciascuno il suo
Director: Elio Petri
Italia, 1967, 99 minutos

A cada uno lo suyo (1967) de Elio Petri


Aquello tan manido de que la curiosidad mató al gato podría aplicársele al Profesor Paolo Laurana (Gian Maria Volontè), quien parece ser el único personaje de A cada uno lo suyo (1967) en no querer darse cuenta del verdadero alcance del poder de la Mafia en la sociedad siciliana, cuyos largos y sutiles tentáculos no dejan ni un solo ámbito sin corromper. O quizá sí que se da cuenta y es precisamente por ello por lo que no le duelen prendas a la hora de afrontar las posibles consecuencias de luchar por sus ideales.

En todo caso, Laurana es un antiguo comunista, un intelectual que no pierde la esperanza en su afán por hacer brillar la verdad sobre la muerte de dos amigos suyos durante una cacería, al margen de lo que la versión oficial califica de "crimen de honor".

Comienza entonces una investigación por su cuenta que le llevará a analizar el origen de unos misteriosos anónimos que están recibiendo distintas personalidades de la ciudad de Palermo. Lástima que se cruce en su camino Luisa Roscio (Irene Papas), auténtica viuda negra a cuyos encantos no puede evitar sucumbir el bueno de Paolo.

Irene Papas y Gian Maria Volontè


Adaptación de la novela homónima de Leonardo Sciascia (1921–1989), A cada uno lo suyo se enmarca en la línea de cine político que Elio Petri desarrolló con valentía a lo largo de los años sesenta y setenta con la intención de desenmascarar la hipocresía de determinados sectores de la vida pública italiana.

sábado, 9 de abril de 2016

Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970)




Título original: Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto
Director: Elio Petri
Italia, 1970, 118 minutos

Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (1970)


Al Jefe de Policía que interpreta Gian Maria Volontè en esta película uno lo llega a odiar profundamente. Y no solo por cómo grita o a causa de su arrogancia sino sobre todo por la desfachatez con la que afirma que el pueblo es menor de edad y que por tanto no queda más remedio que reprimirlo: "¡La represión es nuestra vacuna!"

El guion de Elio Petri y Ugo Pirro, unido a la siempre eficaz banda sonora de Ennio Morricone, dan lugar a una precisa máquina de relojería en la que el protagonista mata a su bella amante sólo para probarse a sí mismo cuán fácil resulta burlar los mecanismos oficiales de la institución a la que él representa.

De momento sólo están jugando...


Por lo que tiene de caricatura, Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha participa de lleno en la comedia italiana más inteligente; en cuanto a la crítica que lleva a cabo de la corrupción en las altas esferas policiales, ello la convierte en título central del cine político más valiente; planificar el crimen perfecto, por último, hace del filme una obra maestra del género policiaco.

No es de extrañar, pues, que en su momento la película arrasara, siendo premiada en cuantiosos certámenes, entre los que destaca el Óscar que recibió a la mejor película extranjera.


Vera, un cuento cruel (1974)




Directora: Josefina Molina Reig
España, 1974, 90 minutos

Vera, un cuento cruel (1974)


Lo que tú y solo tú representas para mí: renacer, empezar de nuevo a vivir... Como si yo hubiese nacido de ti y tú de mí. Vera, vuelve: siempre lamentaré lo que pudimos decirnos y no nos dijimos. Lo que dejamos de enseñarnos sobre la vida. Estás tan cerca. Solo tú faltas. Te necesito. ¡Te necesito!

La mala suerte parece cebarse con la familia Quiroga, sobre todo desde que falleció la joven esposa de Alfredo (Víctor Valverde). Quizá por ello deciden abandonar su exilio francés para establecerse en el norte peninsular, si bien les servirá de poco...

La necrofilia ha contribuido con grandes obras maestras a la historia del cine: Rebeca (1940) de Hitchcock, La habitación verde (1978) de Truffaut... La cordobesa Josefina Molina Reig (el segundo apellido dejaría de usarlo con los años) debutaba en 1974 en el largometraje con una aportación más al género mortuorio: Vera, un cuento cruel. Aunque, a decir verdad, tres años antes ya había adaptado para Televisión Española el mismo relato del francés Auguste de Villiers de L'Isle-Adam (1838–1889).

En todo caso, en el reparto del que se rodeó la directora descuellan nombres de la talla de Fernando Fernán-Gómez (el mayordomo Roger), Julieta Serrano (María) o Alfredo Mayo (don Juan Manuel), a los que cabría añadir a unos jovencísimos Lucía y Miguel Bosé. En el plano técnico, son igualmente destacables la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Román Alís.

Es esta una película de ambientación muy decimonónica, próxima en su estética al terror gótico. Su en teoría protagonista (Alfredo) siente, de hecho, una atracción hacia la difunta Vera similar a la demostrada por otros personajes del mismo periodo: el Edgar Allan Poe del célebre poema en que evoca a Annabel Lee o el Tediato de las Noches lúgubres de José Cadalso. Sin embargo, conforme avance la trama iremos comprobando que el verdadero instigador de todos los males no es otro sino el mismísimo Roger. En realidad, él se siente totalmente legitimado a actuar como lo hace, pues tal y como le espetará a Alfredo, ¿qué son apenas unos años de convivencia comparados con todo el tiempo que el criado ha dedicado al servicio de su señora desde que esta nació?

viernes, 8 de abril de 2016

Fellini 8½ (1963)




Título original: 8½
Director: Federico Fellini
Italia/Francia, 1963, 138 minutos

Asa Nisi Masa o La Bella Confusione...

Ocho y medio (1963) de Federico Fellini


Indisociablemente unido a la fanfarria circense que Nino Rota compuso como tema central de la banda sonora, Fellini 8½ (1963) quedará para siempre como monumental retrato onírico de las obsesiones de su realizador. Ganador de dos óscares y nominado a otros tres (incluido el de mejor director), en Otto e mezzo se dan cita todos los fantasmas que acosan a un cineasta de 43 años, alter ego del propio Fellini, en plena crisis creativa. En ese aspecto, el Guido Anselmi que compone Mastroianni plasma a la perfección el flujo de ideas que aflige a un artista inmerso en pleno proceso de rodaje de un filme. Se trata, por tanto, de una película que transcurre en su cabeza, lo cual explica el barroquismo de las imágenes.

Aunque en su interior también ocupan un lugar importantísimo las mujeres. Son muchas y de todo pelaje: desde la indómita Saraghina (Eddra Gale) hasta la exótica danzarina negra que interpreta Hazel Rogers, pasando por su mujer, su amante y todas aquellas a las que amó o deseó. Su madre, asimismo, se le aparecerá en un inquietante sueño, al igual que el padre, quien acabará siendo engullido por la tierra.

A partir de las teorías de Jung, se ha creído ver en
Asa Nisi Masa un acrónimo de Ánima


A tenor del título (con esta, eran precisamente ocho y media las películas dirigidas por el italiano hasta entonces), en 8½ Fellini pretende también hacer balance de su carrera. Una producción, la suya, que, partiendo de la realidad, se iría progresivamente distanciando de ella para conformar un universo muy personal. Es por eso mismo que el material rodado carece de un planteamiento, nudo y desenlace claros, sino que más bien se estructura en forma de confesión (casi literalmente en la escena con el Cardenal). Consciente de todo ello, Fellini barajó en primera instancia, y no habría sido mala idea, la posibilidad de que la película se titulase La bella confusione.

De izquierda a derecha: Fellini, Mastroianni y Sophia Loren
durante una pausa del rodaje

Made in U.S.A (1966)




Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1966, 90 minutos

Made in U.S.A (1966) de Godard


Una explosión de color, ya iniciada un año antes con Pierrot le fou, nos introduce en el universo más pop de Godard. Y, como es habitual en él, en su desbarajuste de estridencias y proclamas acierta de vez en cuando a dar en el clavo con alguna imagen poética cargada de intención. Como la palabra libertad ametrallada sobre la pared blanca en la que aparece escrita.



Made in U.S.A., dedicada según indican los créditos iniciales a Nick (Ray) y Samuel (Fuller), se basaba libremente en la novela The Jugger de Richard Stark (pseudónimo de Donald E. Westlake) y en El sueño eterno que Hawks adaptara a partir de Raymond Chandler. Tan libremente que poco o casi nada es lo que queda del modelo original. En su lugar, Godard optó por bautizar a los personajes con nombres que evocaban a personalidades del mundo del celuloide: Richard Widmark (László Szabó), Donald Siegel (Jean-Pierre Léaud), Inspector Aldrich (Jean-Claude Bouillon) o Doris Mizoguchi (Kyôko Kosaka). Otros, en cambio, proceden del mundo de la política: Richard Nixon (Jean-Pierre Biesse), Ben Barka, Kennedy...

Quizá vinculado con esto último, Godard opta por autocensurarse emitiendo un pitido cada vez que se va a pronunciar un nombre que pudiera resolver el misterio de la trama. En otras ocasiones, es un magnetófono el que despide un chirriante torrente metálico de palabrería proferido por la voz de un tal Richard Politzer, en apariencia la del propio cineasta.



Una de las escenas más célebres del filme muestra en primer plano a Marianne Faithfull cantando "As tears goes by" de los Rolling Stones, en lo que supone una premonición de lo que dos años después sería el documental Sympathy for the Devil.

Y protagonizándolo todo se eleva sobre el conjunto la belleza de Anna Karina, la actriz/esposa de origen danés que marcó una época del cine de Godard y que con este papel de detective existencial con aires de Serie B ponía punto y final a su relación/colaboración.


martes, 5 de abril de 2016

Segundo López, aventurero urbano (1953)




Directora: Ana Mariscal
España, 1953, 81 minutos

Segundo López, aventurero urbano (1953)


En esta pacífica ciudad, nació Segundo López. Aquí pasó los primeros 47 años de su vida, dedicándose a jugar al tute, al julepe y a la rana; a la contemplación del paisaje extremeño y a emborracharse de vez en cuando para matar el aburrimiento. Jamás trabajó en nada este hombre bueno, analfabeto y sentimental porque pasó toda la vida al amparo de su madre, de quien acaba de heredar una modesta frutería. Segundo López, traspasó su industria, desprendiéndose con ello de lo único que todavía le ligaba a su pueblo. Y un buen día, sin pensarlo siquiera, emprendió el primer viaje de su vida...

Es una voz en off la que nos pone en situación: Segundo ha pasado su vida en una aldea cacereña de la que recién ha salido por vez primera tras haber heredado una modesta fortuna de su madre. Es, por lo tanto, alguien totalmente ajeno a la capital, hecho del que se derivan no pocos equívocos. De hecho, sólo alguien tan inocente como él podía hallar su alma gemela en un golfillo: "El Chirri". Él y Segundo se convertirán en uña y carne, aunque el muchacho opte por robarle la cartera al poco de haberse conocido. Porque la picaresca, pasada por el tamiz de Valle-Inclán, está también muy presente en este Madrid de pensiones cochambrosas que a duras penas se resiste a salir de la posguerra.

Debut en la dirección de la actriz Ana Mariscal (1923–1995) y filme particular donde los haya, Segundo López, aventurero urbano presenta a un quijotesco dúo que protagonizará las más delirantes correrías por Madrid al ritmo estridente de la música de organillo. Ninguno de los dos, por cierto, era actor profesional, ni el rústico Severiano Población ni mucho menos "El Chirri", lo cual aporta a la película una frescura y una credibilidad notables.

Pero la de Segundo es una huida hacia adelante: no sabemos muy bien de qué, si bien lo cierto es que allá adonde va no le importa despilfarrar su dinero invitando a unos y a otros. De hecho, como le dirá al mozo de carga al descender del tren a su llegada a la estación, él viaja "con lo puesto".

Curiosamente, nada más llegar a uno de los puntos céntricos de la ciudad es enseguida abordado por un fotógrafo buscavidas (Tony Leblanc) que no dudará en aprovecharse de la afabilidad del aldeano para, mediante el consabido sablazo, desayunar a su costa. No es la única personalidad cinematográfica que interviene en la película: Carlos Fernández Cuenca, Manuel Mur Oti y el novelista Leocadio Mejías (guionista del filme) también cuentan con pequeños cameos. Incluso la propia Ana Mariscal se reserva uno de los papeles más entrañables: el de la muchacha enferma de la que se apiadarán Segundo y "El Chirri" y que aporta un bello toque poético en un ambiente en el que la sordidez y el esperpento son las notas dominantes.

lunes, 4 de abril de 2016

El gato montés (1936)




Directora: Rosario Pi
España, 1936, 93 minutos

El gato montés (1936) de Rosario Pi


La barcelonesa Rosario Pi (1899-1967) se convertía, aun siendo la suya una carrera efímera, en una de las primeras mujeres directoras del cine español gracias a esta adaptación de la célebre opereta de Manuel Penella, cuya acción se sitúa en la provincia de Sevilla hacia 1917. No se puede decir que estemos ante un filme redondo, si bien su interés es muy otro: el de pergeñar la sencilla historia de un triángulo pasional, plagado de los tópicos de la España de pandereta, mediante unos recursos cinematográficos escasos pero sabiamente utilizados.

Así pues, destaca el uso que se hace de la elipsis temporal (con la pareja protagonista, "la nata y flor de toda la gitanería", creciendo en sucesivos planos mientras caminan cogidos de la mano) o de los distintos tipos de travelín. Como también es muy inteligente la manera de utilizar las sombras para optimizar esfuerzos en determinadas escenas, a la par que salir ganando en dramatismo. Un claro ejemplo de esto último lo vemos en la procesión de Semana Santa que desfila ante la prisión en la que se encuentra recluso Juanillo o incluso en el momento del "rapto" final.

Aunque en El gato montés tienen igualmente cabida los números musicales y los gags cómicos. El tío Pesuño (interpretado por el actor Juan Baraja), los niños Enrique Castellón y Eugenia Gracián (Juanillo y Soleá de pequeños, respectivamente) y, sobre todo, el dúo formado por Mapy Cortés (Lolilla) y el histriónico Joaquín Valle (Caireles) son los encargados de aportar el tono jocoso con sus ocurrencias. Prueba de ello es la canción "Peliculera/Hollywootera", cantada alalimón por estos dos últimos.

La actriz María del Pilar Lebrón (Soleá): tras la guerra civil
se exilió en Argentina, adonde, tras adoptar la nacionalidad
de aquel país, desarrolló una fructífera carrera en el cine, el teatro y la televisión


A decir verdad, la imagen que se ofrece en la película del pueblo gitano no es muy halagadora: amaestrados desde la más tierna infancia para sacarle los monises (curiosa deformación del inglés money) a los viajeros que pasan por el camino, involucrados en reyertas donde son los primeros en tirar de navaja o echándose al monte para sobrevivir como bandoleros... son representados como un colectivo que se caracteriza por su gandulería. Sirva de ejemplo, al respecto, la escena inicial, en la que el niño se resiste, sucesivamente, a levantarse, a ir a por agua a la fuente y, por último, a lavarse.

De todas formas, los devaneos de Soleá (María del Pilar Lebrón), Juanillo (Pablo Hertogs) y el torero Rafael Ruiz "El Macareno" (Víctor Miguel Merás) marcarían época a ritmo de pasodoble, en la misma línea de un cine muy popular en tiempos de la República y que tuvo en Imperio Argentina o Miguel Ligero a sus figuras principales.

Programa de mano de la película

domingo, 3 de abril de 2016

La ruta 47 (2013)




Título original: A Estrada 47
Director: Vicente Ferraz
Brasil/Italia/Portugal, 2013, 107 minutos

La ruta 47 (2013) de Vicente Ferraz


La entrada número 500 de Cinefília Sant Miquel corresponde a una película brasileña inédita en España y que trata un tema tan interesante como desconocido: la participación de dicho país en la Segunda Guerra Mundial. Carentes de la preparación necesaria, máxime si se tiene en cuenta que fueron enviados al frío norte de Italia, los más de 25.000 soldados que combatieron en la contienda a las órdenes del bando aliado han padecido hasta ahora un injusto olvido que La ruta 47 pretende reparar.

Sobre todo si se tiene en cuenta que los Guimarães, Laurindo, Piauí, Penha y Rui que forman el elenco fueron los libertadores de varias aldeas, además de eficientes expertos en la desactivación de las cuantiosas minas antipersona sembradas a lo largo de la ruta que da nombre a la peli.

Su director, Vicente Ferraz, ha tenido ocasión de presentar el filme esta tarde en la Filmoteca de Catalunya en el marco del ciclo Brasil, visiones contemporáneas, donde ha contado, además, con el apoyo del cónsul de Brasil en Barcelona, José Augusto Lindgren Alves, quien ha agradecido que se rueden películas hablando de lo bueno que han hecho las fuerzas armadas en momentos puntuales de la historia, ya que debido a la dictadura militar que padeció el país la visión del ejército que tradicionalmente ha predominado entre los brasileños ha sido muy negativa.

Goya en Burdeos (1999)




Director: Carlos Saura
España/Italia, 1999, 100 minutos

"La espiral es como la vida..."

Goya en Burdeos (1999) de Carlos Saura


Durante años buscaba yo algo. No sabía el qué. Y allí estaba. Todo explicado. Claro, evidente, como una revelación. Ésa es la pintura que yo quería hacer. Que pareciera inacabada. Ligera. Con la apariencia de hacerse sin esfuerzo. Fuera de todo tiempo, espacio y lugar. ¡Y con qué delicadeza y sabiduría! Más allá de toda realidad palpable y física. Esta otra realidad. La que nace de la pintura. Espejo deformante de la vida. Reflejo de un instante. Realidad mágica donde todo es posible. Yo nunca tendré la serenidad de Velázquez. Mi temperamento es apasionado y vehemente. Yo en la pintura he tenido tres maestros: Velázquez, Rembrandt y la naturaleza. Rembrandt, Velázquez y la imaginación...

La fascinante figura de Francisco de Goya dio lugar, en manos de Carlos Saura, a una ambiciosa producción en la que la pintura del genio aragonés cobraba vida gracias a la fotografía de Vittorio Storaro, el diseño de producción de Pierre-Louis Thévenet, la escenificación de algunos cuadros por parte de La Fura dels Baus, el vestuario de Pedro Moreno o los decorados de Luis Ramírez. Mediante un complejo sistema de iluminación y el uso de paneles transparentes, se lograba recrear el exilio del artista en Burdeos lo mismo que su periodo de pintor en la corte. Al anciano lo interpretaba Paco Rabal; al maduro, José Coronado.

Con todo, y aunque la comparación pueda parecer sorprendente, en el inicio del filme es inevitable pensar en Stanley Kubrick, fallecido apenas unos meses antes del estreno de Goya en Burdeos: un caduco y decrépito Goya, cuyo rostro ha surgido de las entrañas de una res muerta, despierta en el lecho de su habitación y se pregunta a sí mismo: "¿Dónde estoy? ¿Dónde me han metido? ¿Quién me ha traído aquí?" Tras levantarse y acercarse a la ventana, dibuja una espiral en el vaho de la ventana. Cuando se gira, vemos la cama y el resto de la habitación desde su punto de vista, bañados en luz azul. La misteriosa silueta de una mujer avanza y sale por la puerta. Goya la sigue, atravesando un estrecho pasillo en el que la luz es ahora de un blanco cegador. Las paredes, el techo, la ropa del desorientado anciano: todo es blanco. Las baldosas del suelo, en cambio, semejan un tablero de ajedrez. Por lo que tiene de onírica y de "fuera de todo tiempo, espacio y lugar", la escena recuerda al tramo final de 2001: a aquella habitación de hotel al otro lado del universo en la que el avejentado protagonista perdía la noción de sí mismo.

Arriba la habitación de Goya; abajo la de 2001


A fin de cuentas, no es del todo descabellado plantear una conexión Saura-Kubrick, considerando que en 1980 el director americano requirió al español para que se hiciese cargo del doblaje de El resplandor, en el que pondría su voz, por ejemplo, Verónica Forqué.

En otro orden de cosas, resulta también tentador imaginar un paralelismo entre Goya y Saura, y no sólo porque la labor artística de ambos consista en captar la realidad o por el hecho de que la película esté dedicada a su hermano Antonio (pintor de renombre internacional) sino porque el papel de Leocadia, la última amante del octogenario Goya, recayó en Eulàlia Ramón, pareja del director en la vida real: cuando Leocadia le ayuda a bañarse y le dice que se está volviendo un viejo gruñón, ¿es posible no pensar, dada la diferencia de edad que los separa, que la actriz le habla en realidad al director y guionista? De todas formas, puestos a buscar paralelismos, el Goya de Saura tiene bastante más de buñuelesco por lo fácil que resulta enlazar el surrealismo con las Pinturas negras y los Caprichos (amén de la mutua condición de baturro y sordo que comparten).



Pero hay otro Goya, todo sensualidad: el que encarna José Coronado; aquél que al enamorarse de Cayetana (la Duquesa de Alba que interpreta Maribel Verdú), pintó las Majas al compás de la música de Boccherini.



Lástima (siempre tiene que haber algún pero) que los diálogos de Goya en Burdeos adolezcan de una cierta tendencia al subrayado, que en el cine español parece que sea endémica: indicaciones o aclaraciones de tipo histórico o biográfico que se dejan caer "al azar" en las réplicas y que empobrecen la magnífica labor llevada a cabo en el plano formal.

Suerte que el conjunto se salva gracias a soliloquios de una extrema lucidez (véase el que encabeza esta entrada) y de una vigencia conmovedoras. Sirvan, a modo de conclusión, estas palabras, válidas en el siglo XVIII y, lamentablemente, también en el XXI: "Cuando lo que en España hacía falta era que todo el mundo supiera leer y escribir, seguir el ejemplo de Francia y de la Ilustración, aquí lo único que se llevaba era la ignorancia, la corrupción y la calumnia..."

viernes, 1 de abril de 2016

El segador (2014)




Título original: Kosac
Director: Zvonimir Juric
Croacia/Eslovenia, 2014, 98 minutos

El segador (2014) de Zvonimir Juric


Tras quedarse su coche sin gasolina, una mujer madura que viajaba sola se encuentra de repente tirada en mitad de la noche en una solitaria carretera rural; un tractorista que pasaba por allí la socorre; el joven empleado de una gasolinera cercana advierte a la mujer del pasado turbio del hombre; a su vez, un policía de pocas palabras convive con su joven esposa y su hijo pequeño...

Como sucedía con el individuo que Cary Grant encarnaba en Sospecha de Hitchcock, uno no puede parar de preguntarse viendo a los personajes de El segador si estos serán de fiar o no. Eso es al menos lo que le ocurre a la pobre Mirjana (a la que da vida la actriz serbia Mirjana Karanovic), puesto que no sabe qué pensar de Ivo, su en teoría afable rescatador. Por otra parte, la calma que en apariencia se respira en la claustrofóbica sociedad que el filme muestra encierra, sin embargo, una violencia latente cuyo origen se remonta a la guerra de los Balcanes.

Ivo (interpretado por Ivo Gregurevic): ¿ángel o diablo?

Tan sutil es la puesta en escena que teje el croata Zvonimir Juric (Osijek, 1971) que tras el final algunos espectadores pueden llegar a pensar erróneamente que no se ha resuelto nada. Y, sin embargo, todo sucede ante nuestros ojos: las viejas rencillas, el odio que estalla (incluso entre hermanos) en el momento menos pensado... Sólo hace falta saber leer los indicios que aquí y allá se van diseminando a lo largo de la película para llegar a la conclusión de que los habitantes del pequeño universo en el que se desarrolla El segador (Ivo, Mirjana, Josip, Rodic...) son víctimas y al mismo tiempo culpables.

Rodic (Zlatko Buric) y Josip (Igor Kovac)

El cielo sobre Osijek (1996)




Título original: Nebo ispod Osijeka
Director: Zvonimir Juric
Croacia, 1996, 25 minutos

El cielo sobre Osijek (1996) de Zvonimir Juric


En la aburrida y cada vez más solitaria ciudad de Osijek, una serie de jóvenes ociosos malgastan su tiempo en la inmediata posguerra. Algunos de ellos nos aportan su testimonio en primera persona. A Ivica Suto, por ejemplo, le gusta conducir a baja velocidad por las desiertas calles bajo los efectos del hachís. Desde la radio de su Mercedes-Benz irán sonando las canciones que conforman la banda sonora del documental: "Hammer song" de Sensational Alex Harvey Band, "State Trooper" de Bruce Springsteen, "Dance me to the end of love" de Leonard Cohen, "(Looking For) The Heart Of Saturday Night" de Tom Waits... Ivica y su mujer Carmen tienen un hijo pequeño, Jakob. Ella trabaja en una empresa de exportación de seis a tres y media, más o menos como él. El resto del tiempo lo pasan fumando y viendo juntos la televisión.

Kocila también nació en Osijek y se siente orgulloso de ello, lo cual no es óbice para que se dé cuenta de sus muchas carencias urbanísticas en forma de equipamientos, así como de la falta de oportunidades que empuja a la juventud a emigrar. Otro Ivica, Irena, Frodo, Kreso, Vanja... irán desfilando ante la cámara para coincidir todos en su mismo análisis negativo de la realidad croata.

Ópera prima de Zvonimir Juric, los 25 minutos en blanco y negro de El cielo sobre Osijek muestran bien a las claras las heridas aún sin cicatrizar del conflicto que asoló los Balcanes a principios de los noventa.

https://vimeo.com/12589915