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lunes, 17 de agosto de 2026

El final de Oak Street (2026)




Título original: The End of Oak Street
Director: David Robert Mitchell
EE.UU./Canadá/Australia, 2026, 99 minutos

El final de Oak Street (2026) de David R. Mitchell


Muy altas estaban las expectativas después de que David Robert Mitchell nos regalase dos interesantísimas muestras de su talento en It Follows (2014) y Lo que esconde Silver Lake (2018). Sin embargo, no puede decirse lo mismo de The End of Oak Street (2026), su más reciente trabajo, especie de Parque Jurásico pasado por el tamiz del también cineasta y productor J.J. Abrams. Y eso que la cinta, protagonizada por Ewan McGregor y Anne Hathaway, contiene momentos impagables (que difícilmente tendrían cabida en una entrega de cualquier franquicia auspiciada por Spielberg), como el hecho de ver a una pareja de dinosaurios copulando o incluso defecando.

Tampoco el guion, obra del propio Mitchell, parece mucho más original, tratándose de una típica historia familiar repleta de lugares comunes: padres a punto de separarse, chaval adolescente víctima de bullying, chica aficionada a la astronomía (presumiblemente lesbiana) y una zona residencial de los ochenta que, por arte de birlibirloque, viaja en el tiempo hasta la era Mesozoica sin ofrecer mayores explicaciones. El hecho de que la madre (Hathaway) escriba a escondidas en el sótano una novela autobiográfica o que el padre (McGregor) se gane la vida como repartidor de pizzas a domicilio apenas contribuye a otorgarle mayor interés a un producto que se mueve en el terreno de lo convencional.



Dejando de lado que muchas de las criaturas prehistóricas que irrumpen en el jardín de los protagonistas habitaron la Tierra en diferentes períodos (a Hollywood nunca le han importado estas cuestiones anacrónicas), lo cierto es que la cinta resulta entretenida, que es lo único que se le puede exigir a un producto diseñado por la compañía Bad Robot para disfrute entusiasta de todos los públicos. Máxime si Mitchell, quien dedica la película a la memoria de su padre, fallecido hace un par de años, adorna la puesta en escena con detalles propios de autor. Así pues, aunque hacia el final se revela que la acción transcurre en 1982, previamente el espectador ya ha tenido ocasión de deducirlo gracias a canciones de la banda sonora (como "Valerie" de Steve Winwood o "More Than This" de Roxy Music) que se habían publicado en aquellas mismas fechas.

En definitiva, y pese a lo impostado de un final feliz sin mayores complicaciones, The End of Oak Street reafirma la maestría de su director para subvertir algunas convenciones del género, transformando un escenario de supervivencia prehistórica en una lúcida y tensa radiografía de la fragilidad doméstica. Apoyado en unas sólidas interpretaciones, una impecable factura visual y una narrativa que favorece el suspense sugerido sobre el espectáculo gratuito, el resultado final logra un equilibrio perfecto entre el cine más de autor y las aventuras de gran estudio, consolidándose como una propuesta tan estilizada como perturbadora sobre el colapso de nuestras certezas cotidianas.



lunes, 27 de julio de 2026

La Odisea (2026)




Título original: The Odyssey
Director: Christopher Nolan
Reino Unido/EE.UU., 2026, 173 minutos

La Odisea (2026) de Christopher Nolan


Pocas veces una película levanta la expectación que ha precedido el estreno de La Odisea (2026) de Christopher Nolan. Sobre todo tratándose de una superproducción de casi tres horas que lo que hace básicamente es pervertir la esencia misma de los textos homéricos. Efectivamente, ni en el plano visual ni tampoco en el fondo de la historia se manejan referentes mediterráneos, por más que algunos exteriores se hayan rodado en localizaciones de Grecia, Italia o Marruecos. Muy al contrario, lo que destila la propuesta de Nolan, fría y oscura durante la mayor parte del metraje, parece que bebe de una cierta tradición shakespeariana pasada por el tamiz de lo que hoy demanda la industria hollywoodense con tal de satisfacer al gran público.

Al mismo tiempo, el guion del propio Nolan aparece trufado de reflexiones a propósito del destino de la humanidad que entroncan de pleno con el estado actual del mundo. En ese aspecto, el cineasta británico también se lo hace venir bien para, utilizando como pretexto un clásico de la literatura universal, colocar sus propias ideas a propósito de hacia dónde se dirige nuestra civilización. Destino que, huelga decirlo, no parece excesivamente halagüeño.



No obstante, hay momentos de la puesta en escena en los que se opta por soluciones bastante ingeniosas y hasta meritorias como, por ejemplo, el hecho de que Circe (Samantha Morton) no transforme a los hombres de Odiseo en cerdos por arte de magia, sino que moldea trabajosamente sus rostros hasta lograr que éstos adopten dicha apariencia. Y es que, de hecho, es ahí precisamente donde radica el verdadero interés de una película para cuyo rodaje se ha prescindido de efectos especiales de última generación, optando por métodos analógicos, como las tan pregonadas cámaras IMAX de setenta milímetros, frente a los hoy más comunes formatos digitales. Nada, por cierto, que no hubiese logrado antes Mario Camerini en su magistral Ulises (1954) protagonizado por Kirk Douglas...

En suma, y a la luz de lo hasta aquí expuesto, conviene dejar claro que el reparto estelar de esta Odisea, encabezado por Matt Damon, unido a la intensidad de un ritmo narrativo trepidante, hará las delicias de cualquiera que se acerque a disfrutar del espectáculo en pantalla grande (a pesar de que, en otro alarde más de puro marketing, se haya repetido hasta la saciedad que apenas un puñado de salas en todo el planeta están debidamente equipadas para proyectarla tal y como la ha concebido su director). Ahora, eso sí: que nadie se espere una adaptación fidedigna porque ya queda dicho que esto es otra cosa, apenas un tráiler alargado que picotea de aquí y de allá a su conveniencia y antojo con tal de asegurar la mayor espectacularidad y (of course) rentabilidad económica del producto.



jueves, 27 de agosto de 2015

Interstellar (2014)




Director: Christopher Nolan
EE.UU./Reino Unido/Canadá, 2014, 169 minutos

Interstellar (2014) de Christopher Nolan



¿Quiénes son "ellos"?

Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

Dylan Thomas, 1914 - 1953

Como ocurre con la mayor parte de la filmografía de Christopher Nolan, Interstellar es una película abrumadora, excesiva y extenuante. Tras las casi tres horas de duración, uno acaba verdaderamente agotado, tal es el torrente de imágenes, acciones y datos que se nos viene encima. Al margen de si las teorías del astrofísico Kip Thorne referentes al espacio y el tiempo en las que se basa el guion son discutibles o no, lo cierto es que parece un poco exagerado cruzar el universo entero para acabar salvando a la... familia. 

Pero, en fin, ya sea por obra y gracia del Plan A o del Plan B, merced a los misteriosos versos que siempre recita el profesor Brand (Michael Caine), por la aparición de Matt Damon cuando ya nadie se lo espera o por las tormentas de arena que asolan al planeta en un futuro inmediato haciéndolo inhabitable, Interstellar plantea suficientes elementos (verosímiles o no) como para tener enganchado al espectador el tiempo que haga falta. Es el toque Nolan: crear una sensación de complejidad aparente bajo la que se esconden los típicos recursos del cine de suspense de toda la vida. En ese sentido, podría decirse que Christopher Nolan es un Hitchcock sofisticado o la traslación de sus hallazgos al terreno de la ciencia ficción. En todo caso, lo que sí que tienen ambos en común es que son londinenses afincados en Hollywood.

El otro referente inexcusable es, ¿cómo no?, el de 2001 (obra, en este caso, de un director de Hollywood que se afincó en Londres). Los mensajes familiares en formato vídeo que Cooper (Matthew McConaughey) visiona en la nave son una referencia evidente a la película de Kubrick, así como la ausencia de ruido en el espacio cuando se producen explosiones dada la falta de aire que lo transmita (señalábamos recientemente el mismo detalle al comentar Gravity). A estas alturas, parece ineludible que cualquier cineasta que dirija una historia de ambientación sideral deba citar a Kubrick: 2001 marcó una pauta insalvable para lograr credibilidad y no parecer ridículo.

Por último, merece la pena destacar el planteamiento documental al principio y al final del film. Los ancianos que dan su testimonio sobre la tormenta de arena son, en realidad, supervivientes de un fenómeno similar acaecido en Estados Unidos durante la Gran Depresión. No sabemos cómo lo habría hecho Spielberg de haber acabado dirigiendo este proyecto, pero Nolan optó por hacer más efectivo el temor de un posible desastre natural a escala planetaria con estas inquietantes declaraciones en primera persona.