jueves, 10 de octubre de 2019

El marido de la amazona (1933)




Título original: The Warrior's Husband
Director: Walter Lang
EE.UU., 1933, 75 minutos

El marido de la amazona (1933)
de Walter Lang


Rareza donde las haya, en The Warrior's Husband (1933) se dan cita elementos de muy diverso cuño, si bien todos ellos denotan el uso del cinismo sarcástico como denominador común. En un principio, había sido una pieza teatral de Julian Thompson escrita hacia 1924 y que, posteriormente, serviría de base para una producción de Broadway estrenada en 1932 y protagonizada por Katharine Hepburn.

Los entendidos en literatura clásica reconocerán enseguida la huella de Aristófanes y el corrosivo sentido del humor de la Comedia Antigua griega. En cambio, el aficionado a otro tipo de clasicismo no menos sugerente, el del Hollywood anterior a la instauración del Código Hays, a buen seguro que podrá percibir una cierta causticidad en la línea del célebre toque Lubitsch, presente en tantísimas comedias sofisticadas de alto copete en las que se ridiculizaba la batalla de sexos.



De todos modos, no estamos, ni mucho menos, ante un caso aislado, teniendo en cuenta que, tras el estreno en abril de esta película, verían la luz cintas de muy similar factura tanto en los Estados Unidos —caso de Roman Scandals, comedia musical de Frank Tuttle y el coreógrafo Busby Berkeley al servicio del actor Eddie Cantor, aparecida a finales de aquel mismo año—, como en Europa, donde el alemán Reinhold Schünzel, antes de cruzar el charco para labrarse una notable carrera como secundario a las órdenes de directores de la talla del Hitchcock de Encadenados (Notorious!, 1946), dirigiría una interesantísima versión de Amphitryon (1935) a partir del texto de Plauto.

Imaginar un mundo en el que los roles entre hombres y mujeres se han intercambiado hasta el punto de que son ellas quienes manejan el cotarro y ellos los que se quedan en casa cuidando de los niños tiene su origen, tal vez, en celebraciones paganas como las Saturnalia, durante las cuales los esclavos y sus dueños trocaban durante un día sus respectivos papeles. Planteamiento que hoy puede parecer extremadamente candoroso, pero que, sin embargo, en el contexto histórico de la convulsa década de los años treinta (época de sufragistas y un cierto feminismo incipiente) debió ser recibido como revolucionario, cuando no abiertamente escandaloso, lo cual explicaría la escasa difusión de un filme que enseguida caería en el olvido.


2 comentarios:

  1. Hola Juan!
    Curiosa desde luego esa trama. Hay una cuestión que me he planteado en mas de una ocasión, aprovecho la ocasión y te la planteo, ¿que crees que hubiera pasado si nunca se hubiese aplicado ese maldito codigo de producción/censura? Luego hay otro aspecto, es sorprendente como aquellos autores se tenian que devanar los sesos para colar entre lineas alguna que otra picardia o mensaje subversivo.
    Bueno, por aqui todavia disfrutando del solcito, aunque creo que el domingo habra que sacar el paraguas a pasear.
    Saludos y buen finde!

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    1. ¿Qué tal?, Fran:

      Pues supongo que de no haberse aplicado el código, el cine americano sería un poco menos pacato y convencional: ¿quién sabe? Ya ves que en esta película se plantea, como tú bien dices, un mensaje subversivo que, en el Hollywood de algunos años más tarde, habría sido inviable.

      Por aquí tiempo otoñal (nublado).
      Hasta pronto,
      Juan

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