Título en español: Manzanas podridas
Director: Jonatan Etzler
Reino Unido, 2025, 100 minutos
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| Bad Apples (2025) de Jonatan Etzler |
La proverbial disciplina británica adquiere tintes tragicómicos y hasta sádicos en Bad Apples (2025), cinta dirigida por el sueco Jonatan Etzler que pone en evidencia la hipocresía de un entorno escolar aparentemente inclusivo, pero cuyo sesgo políticamente correcto no es más que pura fachada. En efecto, su protagonista es una profesora de enseñanza media a la que la reiterada conducta disruptiva de uno de sus alumnos hace perder la paciencia. Sátira negra sobre la burocracia educativa y los límites éticos de la vocación, la película convierte un aula de primaria en un microcosmos donde colapsan las buenas intenciones.
Basada en la novela De Oönskade, de Rasmus Lindgren, y adaptada por Jess O'Kane, la historia se centra en Maria (Saoirse Ronan), una maestra profundamente entregada a su trabajo, pero desbordada ante el comportamiento brusco e incontrolable del pequeño Danny (Eddie Waller). Cuando sus intentos por canalizar al alumno dentro del marco disciplinario oficial fracasan ante la apatía del equipo directivo y la presión burocrática, Maria toma entonces una decisión impulsiva y moralmente cuestionable: encierra al niño en el sótano de su propia casa para poder trabajar con el resto de la clase en paz.
Sin embargo, lo que se inicia como una medida transitoria, fruto de la desesperación, desencadena una espiral de conflictos a pesar de que el rendimiento del resto del grupo mejora drásticamente sin la presencia del elemento discordante, lo cual obliga a la docente a justificar su acción bajo la lógica del bien para la mayoría. Circunstancia que, aun así, se verá gradualmente empañada por la creciente presión que ejerce Pauline (Nia Brown), en principio la alumna pelotilla de la seño y, a partir del momento en el que descubre lo que ésta esconde en el sótano, delatora en potencia de su secreto.
La puesta en escena de Etzler sostiene un equilibrio entre la oscura comedia de enredo y el suspense, evitando juzgar de forma simplista a sus personajes para centrarse en el absurdo de las situaciones. En ese sentido, Saoirse Ronan sostiene la película al equilibrar la vulnerabilidad de una educadora exhausta con una frialdad progresiva que impide convertir a Maria en una villana de manual. En su lugar, retrata el proceso de autojustificación moral de alguien acorralado por el sistema, con lo que se acentúa la bola de nieve en la que se convierte la mentira inicial.


















































