Título original: Magalhães
Director: Lav Diaz
España/Francia/Portugal/Filipinas/Taiwán, 2025, 160 minutos
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| Magallanes (2025) de Lav Diaz |
De la mano del también cineasta Albert Serra, esta vez ejerciendo de productor, el filipino Lav Diaz dedica su más reciente filme a una figura histórica tan relevante como controvertida. Efectivamente, Magallanes (2025) recrea diversos episodios biográficos en los que el navegante portugués (en cuya piel se mete Gael García Bernal) aparece retratado como una especie de genocida de principios del siglo XVI que siembra a su paso ríos de sangre en nombre de la Corona Castellana y de la religión católica. Y no sólo acribillando a los aborígenes de las Molucas cuando éstos reniegan del bautismo, sino incluso entre los miembros de su propia tripulación. En ese sentido, resulta especialmente violenta la escena en la que se sentencia y ejecuta a dos acusados de sodomía tras haber sido sorprendidos en pleno acto contra natura.
Sin embargo, ese mismo personaje, cruel e inflexible con quienes se le oponen, demuestra que tiene también sentimientos cuando lo vemos consolar a su amada (Ângela Azevedo Ramos) o a la madre de un niño indígena enfermo. Múltiples facetas, por tanto, de un hombre que lo mismo se sienta a la mesa con un obispo en Sevilla que firma un pacto de sangre con el líder local de una de las islas, todo ello en el contexto de una cruzada mesiánica dominada por la codicia y la imposición dogmática.
Por lo demás, tanto la puesta en escena como la cuidada fotografía de Artur Tort beben de innegables fuentes pictóricas que hacen que cada plano se convierta prácticamente en un tableau vivant. Así pues, la flamante Espiga de Oro en el último Festival de Valladolid aborda el día a día de una tripulacion exhausta con la intención explícita de deconstruir el mito eurocéntrico de aquella supuesta gesta imperial. Para ello, Diaz se apoya en un lenguaje visual de filiación bressoniana, repleto de nativos implorando a sus dioses y arrogantes colonizadores que queman sus ídolos para imponerles la cruz cristiana, donde priman el silencio, la luz natural y los encuadres fijos.
Lejos de retratar al explorador como un héroe visionario, la narración expone la brecha irreconciliable entre la rigidez doctrinal del conquistador y la compleja realidad política y humana del sudeste asiático, evocando, en la línea de, por ejemplo, Aguirre, la cólera de Dios (1972), la locura autodestructiva de los grandes títulos del cine de conquista. En consecuencia, la cinta recrea una atmósfera contemplativa, dominada por el sonido orgánico de la naturaleza, que no sólo subvierte los relatos oficiales de la expansión europea, sino que consolida a su director como uno de los cronistas fundamentales a la hora de abordar las heridas de la memoria histórica a través del cine contemporáneo.


















































