Título en español: Sueños
Director: Michel Franco
Méjico/EE.UU., 2025, 98 minutos
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| Dreams (2025) de Michel Franco |
El director mejicano Michel Franco (Ciudad de México, 1979) apuesta en Dreams (2025) por incomodar al espectador ahondando en una de las heridas más complejas de la geopolítica contemporánea: la siempre controvertida relación entre su país y los Estados Unidos. Y lo hace a través del romance de alto voltaje que mantiene la pareja protagonista y mediante el cual se teje una parábola implacable sobre el poder, el racismo estructural y el verdadero precio del sueño americano.
Jennifer (interpretada por Jessica Chastain) es una adinerada filántropa estadounidense que vive en San Francisco, mientras que Fernando (Isaac Hernández) es un brillante bailarín mejicano que cruza la frontera en condiciones deplorables con la esperanza de un futuro mejor. Pero cuando Jennifer decide patrocinar su carrera, lo que se inicia como una fascinación mutua pronto se transforma en un torbellino de deseo carnal desenfrenado. Sin embargo, detrás de las finas sábanas y los restaurantes caros, la brecha social y económica empieza pronto a pasarles factura. En ese choque de realidades, el amor puro se transforma inevitablemente en una tensa dinámica de control y dependencia donde el dinero impone las reglas del juego.
Fiel a su estilo, Michel Franco opta por una pulcra puesta en escena que contrasta con el frenesí de los encuentros íntimos de la pareja. Aunque lo verdaderamente perturbador reside en cómo plantea que el amor no siempre es un terreno neutral cuando una de las partes tiene garantizado todo lo que la otra intenta desesperadamente conseguir. De esa manera, a medida que avanza el metraje se destapa el supremacismo colonial latente en la sociedad estadounidense, demostrando que incluso el mecenazgo puede llegar a ser una herramienta de humillación y control. A este respecto, el guion peca en ocasiones de falta de sutileza al subrayar determinados prejuicios de clase, pero lo compensa con giros argumentales que nos descolocan por completo.
Así pues, lo que a priori pudiera parecer una idílica cinta romántica termina siendo, en realidad, un incómodo thriller psicológico (e incluso político) que nos recuerda cómo, en el statu quo impuesto por el trumpismo, hasta los sueños conllevan a veces un coste emocional devastador.















































