Director: Antonio de Lara, "Tono"
España, 1952, 75 minutos
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| Habitación para tres (1952) de Tono |
Probablemente, Antonio de Lara Gavilán, conocido en el ámbito artístico como "Tono", (Jaén, 1896-Madrid, 1978), fue el humorista con una causticidad más cercana a la de los hermanos Marx que haya habido en este país. Así lo atestiguan las numerosas astracanadas que escribió, solo o en colaboración con otros destacados miembros de la "otra Generación del 27" (como Miguel Mihura), a lo largo de una prolífica carrera en la que sobresalen títulos del estilo de Guillermo Hotel, comedia en tres actos estrenada en el Teatro Infanta Isabel de Madrid el 8 de mayo de 1945, base del filme que nos ocupa.
En efecto, apenas seis años después, ya en 1951, es el propio Tono quien adapta a la pantalla y dirige Habitación para tres (1952), versión cinematográfica de la susodicha pieza, con algunos ligeros cambios respecto al texto original. Carlos (Armando Moreno), Alicia (Carolina Jiménez) y Enriqueta (Manolo Gómez Bur) conforman un trío protagonista tan atípico como tronchante, idóneo para una sátira de la obsesión burguesa por las apariencias, la moralidad y el «qué dirán». Así pues, a través del humor absurdo la trama convierte una cadena fortuita de malentendidos e imprevistos en una espiral de enredos donde el conflicto propiamente dicho no sería bien bien el auténtico peligro, sino el pánico a que los padres de Alicia (Matilde Muñoz Sampedro y Fernando Aguirre) y su atolondrado novio (José Luis Ozores) descubran una comprometida escena que pudiera destruir la reputación social de la joven.
A grandes rasgos, cabe señalar que el sentido del humor que maneja Tono se basa esencialmente en dos aspectos. Por una parte, la gran mayoría de ocurrencias se producen en el plano lingüístico. Así pues, los diálogos, coescritos entre Tono y José González de Ubieta, constituyen una fuente inagotable de réplicas hilarantes, de las cuales transcribimos a continuación unas cuantas como muestra: "-De modo que se va usted a casar... -He venido a eso. -Lo siento... -¿No es usted amigo del matrimonio? -Ni siquiera conocido"; "-Ten en cuenta que estamos a punto de dar un paso decisivo. -¿Qué te asusta de ese paso? -Me asusta porque no sé si va a ser un paso adelante o un paso hacia atrás. -Eso no importa, hija mía: yo cuando me casé con tu padre di un paso en falso y aquí me tienes".
No obstante, son sobre todo las situaciones disparatadas el otro gran mecanismo para hacer reír al espectador. Y es que el contexto social en el que se gestó semejante manifestación dramatúrgica se caracterizaba por una rigidez moral que el bueno de Tono, fiel al estilo cáustico de La Codorniz y demás publicaciones satíricas de la época, no duda en dinamitar una y mil veces con el firme propósito de excitar la morbosidad del respetable. De ahí la ocurrencia de encerrar a una mujer en un mismo espacio junto a dos desconocidos (uno de ellos jurista y el otro, para más inri, un ladrón que se esconde bajo la cama), planteamiento que, por abiertamente escandaloso, resultaba aún más atractivo para aquellas almas cándidas del franquismo, deseosas, en el fondo, de librarse durante un rato de la estrechez de miras nacionalcatólica.


















































