viernes, 30 de julio de 2021

La muerte silba un blues (1964)




Director: Jesús Franco
España/Francia, 1964, 85 minutos

La muerte silba un blues (1964) de Jesús Franco


Una película que empieza y acaba en un puente, repleta de elementos tan característicos en el cine de Jesús Franco como la música jazz (de hecho, el director se reserva un cameo como saxofonista de la banda de un local), unas gotas de intriga policíaca, selectos traficantes de armas y bellas femmes fatale dispuestas a conspirar contra quien haga falta. En cuanto a su reparto, La muerte silba un blues (1964) contó con la presencia, entre otros, del mallorquín Fortunio Bonanova (1895–1969), quien, tras una fructífera carrera como secundario en Hollywood (célebre es su intervención como profesor de canto en Citizen Kane), cerraba su filmografía precisamente con este trabajo, en el que interpreta al comisario Fenton.

A efectos prácticos, el complejo entramado con el que se adorna la historia podría calificarse de aparente ajuste de cuentas, que tiene lugar diez años después de que dos contrabandistas fueran traicionados por su socio. En realidad, es la mismísima Interpol la que anda tras los pasos de Paul Radeck (el francés Georges Rollin, para quien ésta también fue su última película), motivo por el que uno de los agentes más eficaces de dicha organización (Conrado San Martín) se desplaza hasta los dominios del malhechor con el firme propósito de detenerlo.



Alumno aventajado de Orson Welles, el tal Franco sabe cómo sacarle el máximo partido a los escasos recursos de los que dispone, a pesar de las muchas limitaciones impuestas por lo exiguo del presupuesto. Y así, poco importa que los exteriores se rodasen en Alicante o en Marbella (hay discrepancias sobre este particular según las fuentes que se consulten), ya que el bueno de Jess se las ingenia, mediante un uso muy perspicaz del montaje y primerísimos planos, para que parezca que la acción transcurre en Nueva Orleans o incluso en Jamaica.

Sobria fotografía en blanco y negro de Juan Mariné, enérgica banda sonora compuesta por Antón García Abril... Son varios los alicientes de una cinta que, aunque sólo sea por lo evocador de su título, merece la pena revisar para cerciorarse, una vez más, del enorme talento de su director: el mismo que, en pocos años, iniciaría su particular viaje sin retorno hacia las cutreces del cine de terror, cuando no a ínfimas producciones eróticas.



8 comentarios:

  1. Qué peculiar resulta la carrera de Franco.

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    1. Ya lo creo: a pesar de sus extravagancias (o, posiblemente, gracias a ellas), Jesús Franco tenía un punto de genialidad.

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  3. Geniales los dos títulos.
    Parece más interesante la del irregular Jess Franco. Vaya carrerón el de Fortunio Bonanova, llegó a trabajar con John Ford Otto Preminguer, Billy Wilder... y Cabrera Infante lo definió como "El mejor secundario del mundo", aunque mi secundario preferido de las películas de Franco es Howard Vernon.
    Saludos!
    Borgo.

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    1. Josep Lluís Moll (verdadero nombre de Fortunio Bonanova) fue, además de actor, hasta cantante de ópera. Comparto el entusiasmo que Cabrera Infante sentía hacia él. A Howard Vernon lo vi recientemente en "El fugitivo de Amberes" (1955), una película que rodó en Barcelona.

      Saludos.

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  4. Hola Juan!
    Pues nada, siempre aprendiendo y tomando nota, gracias por estas entradas.
    Saludos!

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    1. Gracias a ti por tu constancia y fidelidad, Fran.

      Saludos.

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