Director: Rodrigo Sorogoyen
España/Francia, 2026, 135 minutos
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| El ser querido (2026) de Rodrigo Sorogoyen |
Independientemente de que el planteamiento de El ser querido (2026) pueda recordar, en cierto modo, al de la noruega Valor sentimental (2025), lo cierto es que la cinta de Rodrigo Sorogoyen, candidata a la Palma de Oro en el último Festival de Cannes, discurre por unos cauces distintos, más cercanos al verismo de los diálogos y el lenguaje metacinematográfico. En efecto, lo que dicen sus personajes suena deliberadamente como si éstos fuesen seres de carne y hueso de la vida real: cero retórica, cero impostura. Una tendencia hacia el cinéma verité que lo mismo afecta a la película que vemos como a la que se está rodando dentro de la ficción, titulada Desierto.
En líneas generales, los temas que confluyen en el guion coescrito entre el propio Sorogoyen y su colaboradora habitual, Isabel Peña, poseen en común un marcado carácter introspectivo, ya sea a propósito de la compleja relación padre-hija que mantienen los protagonistas (soberbios Javier Bardem y Victoria Luengo en sus respectivos papeles) o, en el reverso de ese mismo contexto, ahondando en los entresijos de lo que entraña la profesión de actor o la de cineasta.
En ese sentido, resulta especialmente significativa la escena en la que a los miembros del elenco se les escapa la risa durante el rodaje de una secuencia, momento en el que Esteban Martínez (el afamado director al que da vida Bardem) pierde los nervios de tal modo que parte de su equipo se acabará rebelando contra lo que consideran una actitud vejatoria. Y es que dicho personaje posee unos innegables rasgos de maltratador que, además de generar tensiones con sus actores, dificultan también que la comunicación con Emilia (su hija biológica, aparte de protagonista de la película) pueda ser fluida.
Otros elementos de muy diverso tipo (el alcoholismo, la situación de abandono del pueblo saharaui, el papel que jugó España en la región como fuerza colonizadora...) se intuyen en el trasfondo de una cinta cuya apariencia en pantalla bebe asimismo de otros tantos formatos (panorámico, blanco y negro...). Una propuesta tan inteligente como arriesgada que, lejos de acomodarse a fórmulas convencionales, consolida a Sorogoyen como uno de los narradores más audaces del cine contemporáneo gracias a una meritoria puesta en escena que se presta a diversas capas de lectura. Virtudes, en definitiva, que debieran allanar su camino en la carrera hacia los Óscar.



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