Director: Álvaro Sáenz de Heredia
España, 1997, 87 minutos
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| Brácula: Condemor II (1997) Á. Sáenz de Heredia |
La segunda parte de Condemor arranca en el mismo punto en el que terminaba su predecesora, con la pareja protagonista a bordo de una diligencia. Aunque no por mucho tiempo, ya que enseguida dejan atrás las praderas del lejano Oeste para embarcarse en un velero que los conduce hasta un castillo tenebroso en las profundidades de Transilvania. Efectivamente, el dúo interpretado por Chiquito de la Calzada y Bigote Arrocet se va a ver envuelto en un fatal malentendido a partir del momento en el que al primero de ellos lo confundan con el mismísimo conde Drácula.
De nuevo dirigidos por Álvaro Sáenz de Heredia, los personajes de Brácula: Condemor II (1997) destacan más por sus ocurrencias lingüísticas que no por su accidentado periplo, repleto de todos los tópicos habidos y por haber en torno a las historias de vampiros, a través de los dominios del Príncipe de las Tinieblas. A este respecto, merece la pena prestar atención a las continuas perlas que suelta Chiquito (por ejemplo: "¡Quítate, torpedo, que ves menos que un murciélago con legañas!") con ese gracejo suyo tan característico y que convierten a Gregorio Sánchez (nombre real del inefable artista malagueño) en uno de los humoristas más imitados de todos los tiempos.
Y como ya sucediera en la particular lectura del wéstern que fue, un año antes, Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), no faltan canciones que convierten por momentos en un atípico musical lo que de otro modo no habría pasado de ser más que una burda parodia tirando a cutre. Aires de Bizet que remiten a un período entre decimonónico y hasta dieciochesco recreado de manera más que convincente, pese a las limitaciones presupuestarias, tanto a nivel de decorados como de vestuario.
Así pues, los colmillos del aristócrata francés terminan por aflorar con la misma facilidad que se ingieren sapos o se vuela por los aires: un cúmulo de situaciones disparatadas, para mayor lucimiento de la estrella televisiva de aquel entonces, en el que también participaron viejas glorias del destape, como la alemana Nadiuska, en el papel de Baronesa, y el siempre guasón Javivi interpretando al consorte de la susodicha. Una comedia de culto fascinante, en definitiva, máxima expresión de cómo el carisma de una sola persona puede llenar la pantalla, independientemente de las muchas incoherencias de su trama.
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Merecido homenaje a tan peculiar y popular personaje.
ResponderEliminarEs curioso, pero han transcurrido casi diez años desde su muerte y, sin embargo, su recuerdo permanece intacto.
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