miércoles, 15 de junio de 2016

Sacramento (2015)




Director: Carlos Cañeque
España, 2015, 105 minutos

Carlos Cañeque (derecha) y Esteve Riambau durante
la presentación de Sacramento en la Filmoteca de Catalunya


Profesor universitario, novelista, director de cine, pianista/compositor, actor y, a partir de ahora, también humorista. He ahí el abanico de habilidades que ostenta Carlos Cañeque. En su última película, bautizada con el escueto título de Sacramento, el politólogo (y ganador del premio Nadal en 1997 por su novela Quién) se pasa definitivamente al terreno de la ficción en lo que pretende ser "una contraposición buñueliana entre un Don Juan sádico y un cura loco". Si su primera producción, Queridísimos intelectuales (del placer y del dolor) (2011), había sido un documental y la segunda, La cámara lúcida (2013), un híbrido a medio camino entre lo uno y lo otro, en Sacramento (tercera entrega de la trilogía) se nos ofrece un irreverente delirio fantasioso dirigido y protagonizado por él mismo.

Hasta cinco personajes diferentes son los que interpreta: el cura chiflado, su versión andaluza, el telepredicador Propper, un forofo culé y el director de la película. También abundan las referencias cinéfilas: "Como dijo San Agustín González: '¡Lo que yo he unido en la tierra no lo separa ni Dios en el cielo!'" La frase procede de Belle epoque de Fernando Trueba. O bien: "Siempre supe que usted y yo acabaríamos jugando al tute", en este caso la irónica réplica final de Viridiana.

La dedicatoria inicial a Javier Tomeo (uno de los intelectuales que participaron en la primera incursión cinematográfica de Cañeque) se ve complementada con imágenes del escritor, presumiblemente procedentes del material filmado en 2011. Resulta curioso que esta tarde en la Filmoteca de Catalunya Carlos Cañeque haya hablado en repetidas ocasiones de Borges o de Cervantes y que su nuevo filme otorgue, en cambio, tanto protagonismo a Tomeo (fallecido en junio de 2013), que no fue un novelista ni borgiano, ni mucho menos cervantino, sino sobre todo kafkiano. Y desde luego hay mucho de Kafka en Sacramento, por ejemplo en ese camarero argentino que se convierte, no en escarabajo, sino en chihuahua.

Rodada en 17 días mediante la técnica del croma, filmando a los actores en blanco y negro, y con un presupuesto de apenas 50.000 euros, la película de Cañeque no dejará a nadie indiferente: desde el Barça hasta la Iglesia, pasando por Napoleón (interpretado por Fermí Reixach) y don Juan Tenorio (Tony Corvillo), su director no deja títere con cabeza. De hecho, durante la ya mencionada presentación celebrada esta misma tarde en la Filmoteca, el director ha confesado medio en burla medio en serio que ya son dos los amigos que han dejado de hablarle tras haber visto el resultado final.

En fin: a lo mejor exagera (palique no le falta, como él mismo ha admitido y demostrado sobradamente antes y después de la proyección). En todo caso, da tanto de sí una película como esta que en el coloquio posterior Cañeque ha terminado hablando hasta de Orson Welles y del Quijote, personaje este último que, en su opinión, está inspirado en la figura de Jesús de Nazaret. Pues nada: ¡adelante, que todo vale! Lo que sí que es una pena es que, debido a sus excesos, una película con ínfulas intelectuales como Sacramento en determinados momentos esté más cerca de un gag de Polònia (de hecho, el actor Cesc Casanovas forma parte del reparto) que no de La voie lactée de Buñuel...

Carlos Cañeque: director y protagonista de Sacramento (2015)

No hay comentarios:

Publicar un comentario