Título alternativo: The Death Wheelers
Director: Don Sharp
Reino Unido, 1973, 85 minutos
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| Psychomania (1973) de Don Sharp |
El rasgo más llamativo de la producción británica Psychomania (1973) reside en el hecho de que mezcla dos subgéneros a priori tan opuestos como son las películas de moteros y las de zombis. Aunque, a decir verdad, si por algo es recordada no sería tanto por esa extraña mezcolanza de elementos dispares, sino porque fue la película póstuma del actor George Sanders (1906-1972), Óscar al mejor secundario por su papel en Eva al desnudo (1950) y que se quitaría la vida en Castelldefels un año antes del estreno de la cinta que nos ocupa. Precisamente de suicidios, ironías del destino, trata el argumento de esta insólita historia cuyos personajes, miembros de una banda motorizada que se hace llamar muy elocuentemente "Los muertos vivientes", deben inmolarse con el paradójico propósito de renacer a la vida eterna.
El núcleo de la trama se revela cuando el joven Tom Latham (Nicky Henson), líder carismático de The Living Dead, tiene conocimiento de un pacto con el diablo según el cual si uno se suicida creyendo firmemente que regresará a la vida, lo hará, volviéndose invulnerable. Tom se decanta, pues, por esta posibilidad, protagonizando una escena de muerte y resurrección memorablemente extraña, y pronto inspira a sus acólitos a seguir el mismo camino. A consecuencia de ello, un grupo de motoristas inmortales se dedicará a aterrorizar a los pacíficos habitantes de la campiña inglesa, sembrando el caos a bordo de sus imponentes motocicletas Triumph.
Visualmente, el filme contiene momentos psicodélicos, ambientando la acción en escenarios tan dispares como círculos megalíticos y tranquilos suburbios. El vestuario, la banda sonora funk-rock de John Cameron y la mezcla de lo esotérico con la cultura rocker reflejan perfectamente su momento histórico, a caballo entre lo que sería el flower power (por ejemplo en la escena del entierro, aderezada con la música pastoril de un individuo que canta como Donovan y se parece a Donovan, pero que no es Donovan) y el auge del horror más desinhibido.
En resumidas cuentas, Psychomania no busca el terror genuino o los sustos al estilo clásico, por lo que a menudo la dirección, a cargo de Don Sharp, es sencilla. Sin embargo, su originalidad temática (a base de motociclistas zombis sembrando el pánico entre la gente común) y su actitud irreverente son innegables. Por ello es un producto que debe verse con la mentalidad adecuada, más como artefacto cultural kitsch, casi de culto, y delirio narrativo en el que se combina una estética remotamente parecida a la de La Naranja Mecánica (1972) con la fantasía de inspiración satánica.
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