Título original: L'inconnu de la Grande Arche
Director: Stéphane Demoustier
Francia/Dinamarca, 2025, 104 minutos
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| El arquitecto (2025) de Stéphane Demoustier |
Interesante aproximación a la figura del arquitecto danés Johan Otto von Spreckelsen (1929-1987), quien a finales de los ochenta, siendo hasta entonces un perfecto desconocido, saltó a la fama al ganar el concurso internacional que la República Francesa, bajo los auspicios del presidente François Mitterrand, había convocado para levantar el Arco de la Défense, monumental edificio que finalmente se inauguraría en 1989 con motivo del bicentenario de la Revolución.
Aunque a juzgar por el enfoque adoptado por Stéphane Demoustier y Laurence Cossé, director y guionista, respectivamente, de L'inconnu de la Grande Arche (2025), la historia del tal von Spreckelsen sería más bien la de un incomprendido, alguien que contempla con estupor cómo los tejemanejes de los políticos de turno dan al traste con el proyecto de su vida. En ese sentido, Claes Bang interpreta fidedignamente al hombre capaz de enfrentarse contra todo y contra todos hasta enfermar y acabar pagando con su salud un desengaño mayúsculo.
Porque la forma geométrica que von Spreckelsen tiene metida en la cabeza es el cubo y a tal efecto concibe un monumento de dimensiones faraónicas sin escatimar en medios, por lo que se desplaza él mismo hasta las canteras de Ferrara, como ya sucedía en The Brutalist (2024), otro filme reciente sobre arquitectura, para elegir las vetas del mármol más selecto. Algo que suscitará la oposición de sus colaboradores, tanto técnicos, es el caso del también arquitecto Paul Andreu (Swann Arlaud), como tecnócratas, por ejemplo el urbanista Subilon (Xavier Dolan). Más curiosa resulta, en cambio, la imagen fatua que se ofrece de Mitterrand (Michel Fau), presentado como un mandatario algo petulante y obsesionado con edificar obras megalómanas cuyos sucesores en el poder revisarán a la baja.
Elementos, todos ellos, que se alían en contra de un espíritu sensible y, por ende, extremadamente vulnerable, aunque también intransigente. Lo cual sitúa a von Spreckelsen en el centro de una espiral de consecuencias funestas que termina pasándole factura tanto a nivel laboral como familiar (su mujer y ayudante también lo abandona). Y es que en los ochenta, época de austeridad presupuestaria y creciente desvinculación del Estado de los grandes proyectos urbanísticos, ya no había lugar para concepciones románticas del arte. He ahí el tema central de la película, y también su cuestión clave, porque si en apariencia Demoustier se pone del lado del protagonista, en realidad adopta un punto de vista crítico similar al de Paul Andreu, el ya mencionado arquitecto que asistió a von Spreckelsen en calidad de maestro de obras.
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