martes, 5 de enero de 2021

Tirano Banderas (1993)




Director: José Luis García Sánchez
España/Cuba/Méjico, 1993, 91 minutos

Tirano Banderas (1993) de J.L. García Sánchez


Tirano Banderas, sumido en el hueco de la ventana, tenía siempre el prestigio de un pájaro nocharniego: Desde aquella altura fisgaba la campa donde seguían maniobrando algunos pelotones de indios, armados con fusiles antiguos. La ciudad se encendía de reflejos sobre la marina esmeralda. La brisa era fragante, plena de azahares y tamarindos. En el cielo, remoto y desierto, subían globos de verbena, con cauda de luces. Santa Fe celebraba sus ferias otoñales, tradición que venía del tiempo de los virreyes españoles. Por la conga del convento, saltarín y liviano, con morisquetas de lechuguino, rodaba el quitrí de Don Celes. La ciudad, pueril ajedrezado de blancas y rosadas azoteas, tenía una luminosa palpitación, acastillada en la curva del Puerto. La marina era llena de cabrilleos, y en la desolación azul, toda azul, de la tarde, encendían su roja llamarada las cornetas de los cuarteles. El quitrí del gachupín saltaba como una araña negra, en el final solanero de Cuesta Mostenses.

Ramón del Valle-Inclán
Tirano Banderas (Novela de tierra caliente)

La enorme popularidad adquirida por el esperpento valleinclanesco en su vertiente teatral ha contribuido a eclipsar la relevancia de otras aportaciones no menos influyentes surgidas de la pluma del genio gallego. Subtitulada Novela de tierra caliente, Tirano Banderas vio la luz en 1926, anticipándose en más de tres décadas a la recreación de un imaginario que posteriormente harían célebre los autores del boom de la narrativa hispanoamericana. En ese sentido, la figura de este dictador ficticio y, de un modo especial, la innovadora técnica empleada a la hora de darle forma a un relato profundamente fragmentario convierten al texto en una de las piedras fundacionales del realismo mágico.

No era tarea fácil, por lo tanto, trasladar dicho universo a la pantalla, si bien el guion de Rafael Azcona y José Luis García Sánchez lograba captar, en buena medida, la esencia del personaje y de los avatares acaecidos en la convulsa república de Santa Fe de Tierra Firme. Toda una proeza, galardonada con siete premios Goya, que se rodó a caballo entre Méjico y Cuba y que contó con la magistral (y última) interpretación del actor italiano Gian Maria Volontè, fallecido apenas un año después del estreno.

"El primer magistrado de una república no tiene amigos y menos compadres..."


Con respecto al libro, la película tiende a simplificar algunos elementos. A veces de forma acertadísima (por ejemplo, el don Quintín interpretado por Fernando Guillén surge de la fusión de dos personajes distintos), mientras que otras (como convertir al fascinante Doctor Polaco de la novela en un simple hipnotizador al que da vida un poco convincente Quique San Francisco) se antoja gratuito e innecesario.

La enorme riqueza léxica con la que Valle-Inclán adornó los diálogos y descripciones sigue presente en los distintos acentos que se pueden escuchar en esta coproducción iberoamericana. Mosaico de voces, desde el indio insurrecto hasta el gachupín hacendado de la colonia española, en el que a veces se cuelan onomatopeyas animalizantes, caso del "¡Chac! ¡Chac!" con el que Santos Banderas (Volontè) pone firmes a los miembros de su séquito o el histriónico "¡Cuá! ¡Cuá!" con el que el Licenciado Veguillas (Juan Diego) remeda el canto de las ranas. Tipos grotescos, netamente esperpénticos, entre los que destacan el melifluo Barón de Benicarlés (Javier Gurruchaga) o la nigromántica Lupita (Ana Belén), una prostituta capaz de leer el pensamiento.



4 comentarios:

  1. No he visto la película, recuerdo, eso sí, lo que disfruté con la novela, en la que muchos ven un precedente de tantas obras posteriores españolas e hispanoamericanas: "Señor Presidente" (Miguel Ángel Asturias), "El recurso del método" (Alejo Carpentier) , "El Otoño del Patriarca" (Gabriel García Márquez), "La fiesta del chivo" (Mario Vargas Llosa), "Yo, el supremo" (Augusto Roa Bastos) o la obra del español Francisco Umbral "Leyenda del César visionario".
    En efecto, entre otras muchas cosas, en ella, Valle muestra su indudable maestría en el uso del lenguaje, incluso de multitud de giros autóctonos, que domina a la perfección, cuando hace hablar a criollos e indígenas.

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    1. Sin llegar a la excelencia del libro, la película es, por lo menos, bastante correcta, pues resuelve con solvencia la siempre compleja tarea de traducir en imágenes un texto literario.

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  2. Admito que muchas veces, cuando te leo, siento que es taaaaaaaaanto lo que ignoro que debería internarme en una biblioteca como la de la gran Babilonia y no salir más... de paso pedir otras siete vidas, porque una, ésta, de seguro no me alcanza.

    De todos modos, contigo aprendo y mucho, y eso se agradece.

    Un beso y buen inicio de semana!

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    1. Muchas gracias, Alma (aunque creo que exageras). Yo soy muy entusiasta de las cosas que me gustan. Y el cine es una de ellas.

      En cualquier caso, te aconsejo que leas, si tienes ocasión, la novela que inspiró esta película.

      Besos y feliz semana.

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