Título en español: Holgazán
Director: Richard Linklater
EE.UU., 1990, 101 minutos
![]() |
| Slacker (1990) de Richard Linklater |
El recital de trávelins y planos secuencia en el que consiste Slacker (1990) la convierte, a priori, en un filme idóneo para su pase en escuelas de cine donde ilustrar a los alumnos a propósito de dichos detalles técnicos. En cualquier caso, no deja de ser apabullante la verborrea de unos personajes instalados en un limbo donde el tiempo parece detenido, capaces de defender todo tipo de teorías conspiranoicas, desde el asesinato de Kennedy hasta la llegada del hombre a la luna. Conversaciones sin fin, prácticamente monólogos, que se inician con un cameo del director, quien, desde el asiento trasero del coche que lo recoge en la estación de tren, se despacha a gusto con el conductor a propósito de un sueño vívido que acaba de tener.
Por otra parte, resulta igualmente significativo que sea el propio Linklater el encargado de abrir la veda, ya que en su anterior y primerizo trabajo, la muy estimable It's Impossible to Learn to Plow by Reading Books (1988), el cineasta tejano se había puesto ya ante la cámara, si bien allí los diálogos eran escasos. En todo caso, el trasfondo de lo que dicen los personajes de Slacker deja entrever su obsesión por la política, vista como terreno abonado para la especulación de unos gobernantes que constantemente nos embaucan. Aunque también los hay, como el anciano que asegura que combatió con la Brigada Lincoln en Barcelona durante la Guerra Civil Española, que se engañan a sí mismos.
Cuando Richard Linklater irrumpió en la escena independiente con este proyecto de bajísimo presupuesto rodado en Austin, Texas, no solo capturó el espíritu de una época, sino que dinamitó las estructuras narrativas tradicionales de Hollywood. No en vano, lo primero que salta a la vista es la ausencia de una trama lineal, ya que la cámara actúa como un virus que se contagia de un personaje a otro. Así pues, seguimos a alguien durante cinco minutos y, justo cuando creemos que ése será el protagonista, se cruza con un desconocido y la cámara decide seguir al nuevo sujeto. Dicha narrativa de relevos cumple la función principal de desmitificar al héroe, reflejando una aleatoriedad que captura la sensación de un día cualquiera donde la vida simplemente transcurre sin que sea necesario un arco dramático forzado.
En definitiva, y a diferencia de la connotación peyorativa que suele poseer el término perezoso, los slacker de Linklater responden al perfil de un hiper-intelectual marginado, mayoritariamente artistas frustrados, anarquistas de café e incluso coleccionistas de objetos inútiles. De hecho, lo que los une no es tanto la falta de ambición, sino un rechazo furibundo del pragmatismo norteamericano. De ahí que prefieran poner en tela de juicio las verdades establecidas antes que integrarse en el sistema, haciendo gala de una resistencia pasiva a través del diálogo infinito. Por eso la película funciona como archivo antropológico de una subcultura que ya no existe: la de la bohemia anterior a internet, donde la información se transmitía mediante fanzines, videoclubs y charlas de acera.
%20Poster.jpg)
%20Girl%20&%20Boy.jpg)
%20Madonna.jpg)