domingo, 4 de octubre de 2026

Stockholm (2013)




Título en español: Estocolmo
Director: Rodrigo Sorogoyen
España, 2013, 90 minutos

Stockholm (2013) de Rodrigo Sorogoyen


La primera película que Sorogoyen dirige en solitario, después de la olvidable 8 citas (2008) y al margen de sus trabajos televisivos, es este duelo actoral entre Javier Pereira y Aura Garrido a propósito de dos extraños que entablan una relación tan fugaz como repleta de altibajos. En un principio, Él hace lo imposible por seducirla a Ella, llegando incluso a recorrer desnudo las calles de Madrid en prueba de la veracidad de su enamoramiento. Estrategia que da finalmente resultado, por lo que la joven, reticente en un principio, termina por subir al apartamento del susodicho. Situación que, a la mañana siguiente, satisfechos los deseos del seductor, se invierte por completo, de modo que ahora es Él quien muestra su verdadera cara de manipulador narcisista (y hasta violento) y Ella la que, tras haber sucumbido a sus encantos, se resiste a abandonar el piso...

Aparte de hacer referencia a la capital sueca, destino de muchos estudiantes de Erasmus, Stockholm (2013) se titula así en alusión al síndrome que a menudo desarrollan las víctimas hacia sus captores. En ese aspecto, el personaje de Aura Garrido responde a un perfil de chica, aparentemente inexpugnable, pero cuya vulnerabilidad se irá poniendo gradualmente de manifiesto conforme su oponente masculino la vaya atrapando en sus redes. Una evolución que la fotografía de Alejandro de Pablo subraya de modo especialmente evidente mediante el predominio de tonalidades frías en las escenas nocturnas y, en abierto contraste, ya en la segunda parte, el blanco radiante de las secuencias matutinas.



Es este primer Sorogoyen un cineasta en ciernes, aún obsesionado por los entresijos de las relaciones de pareja postadolescentes y al que le unen no pocos vínculos, temáticos y estilísticos, con su compañero de generación Jonás Trueba. No en vano, este último también presentaba aquel mismo año su respectiva película fundacional, Los ilusos (2013), con la particularidad, además, de que ambas producciones contaban con la presencia de Aura Garrido en el reparto. La diferencia, sin embargo, estriba en el hecho de que si bien Jonás parece que se ha estancado en un tipo de cine de vocación independiente, el otro, en cambio, ha ido abordando proyectos mucho más ambiciosos en cuanto a presupuesto y trascendencia mediática. Lo cual no impediría que sus destinos volviesen a cruzarse, una década más tarde, cuando en Volveréis (2024) se cita explícitamente el rodaje de la serie de Rodrigo Los años nuevos (2024).

En cualquier caso, y más allá de su asfixiante retrato de las dinámicas de poder entre dos desconocidos, Stockholm funciona como una brillante obra de orfebrería dramática que revela sin tapujos su vocación teatral, encapsulando en el encierro de un claustrofóbico espacio único la irreversible colisión de sus dos protagonistas. Esta estructura de cámara, sumada al perturbador viraje desde el idilio nocturno hacia la manipulación y la sumisión psicológica, evoca un eco lejano del mapa emocional de clásicos como El coleccionista (1965) de William Wyler, donde el encierro físico cede su lugar a una igual de implacable reclusión invisible. En su sobrecogedor desenlace, el firme pero sereno gesto de Ella al dirigirse al borde de la terraza y precipitarse al vacío pone un devastador punto final a esa simetría rota, ofreciendo el silencio absoluto como el único refugio posible frente al abismo de la deshumanización.



sábado, 3 de octubre de 2026

8 citas (2008)




Directores: Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen
España, 2008, 95 minutos

8 citas (2008) de P. Romano y R. Sorogoyen


Dirigida conjuntamente por Peris Romano y Rodrigo Sorogoyen, 8 citas (2008) representa una de las muestras más frescas e interesantes de la comedia romántica española de los años 2000. Aunque, vista con perspectiva, la película posee además un indudable valor arqueológico al tratarse del primer largometraje de un director que hoy se erige como figura clave del cine español contemporáneo gracias a títulos de considerable tensión dramática como El reino (2018) o As bestas (2022).

​La originalidad de la cinta reside en estructurar lo que vendría a ser la evolución habitual de cualquier relación sentimental a través de ocho historietas independientes. Así pues, desde el flechazo inicial o la primera noche compartida hasta la llegada de la rutina, los celos y la inevitable ruptura, la cinta fragmenta los hitos universales del amor urbano en un mosaico ligero sobre nuestras inseguridades en materia sentimental. Dicho formato episódico le otorga un ritmo dinámico y entretenido, si bien acusa la irregularidad habitual del género, oscilando entre diálogos brillantes y algunos clichés más propios de la comedia televisiva convencional.



En cualquier caso, el auténtico motor de la propuesta se debe a su inspiradísimo elenco coral. Actores de la talla de Raúl Arévalo, la malograda Verónica Echegui, Belén Rueda, Fernando Tejero o Arturo Valls, entre otros, aportan una enorme espontaneidad y química a personajes que, sobre el papel, podrían haber resultado esquemáticos. Y pese a que la realización sea sobria y a veces ingenua en lo visual, revela la temprana habilidad de sus realizadores para dirigir con soltura a los intérpretes y capturar el flujo natural de las conversaciones interpersonales.

​En resumidas cuentas, 8 citas supuso una propuesta simpática, desenfadada y sin pretensiones que cumplía con solvencia su objetivo de ofrecer un retrato cercano sobre los vaivenes de la vida en pareja. Tal vez no buscaba revolucionar el género ni anticipaba el virtuosismo técnico posterior de Sorogoyen, pero se mantiene como una comedia bastante amena cuya mayor virtud sigue siendo el talento combinado de su reparto.



viernes, 2 de octubre de 2026

Resident Evil (2026)




Director: Zach Cregger
EE.UU./República Checa/Alemania/Australia/Canadá/Nueva Zelanda/Francia, 2026, 94 minutos

Resident Evil (2026) de Zach Cregger


Tras haberse dedicado durante decenios a la producción de videojuegos, Play Station auspicia ahora esta versión cinematográfica de Resident Evil (2026) que dirige el siempre efectivo Zach Cregger. Sabia elección, considerando que el director estadounidense posee en su haber títulos sobradamente conseguidos como Barbarian (2022) o la sensacional Weapons (2025). En sus manos, la típica historia de un virus maligno que convierte en un amasijo de brazos y piernas a quien se contagia adquiere tintes distópicos, casi apocalípticos, en consonancia con los pronósticos más agoreros de estos tiempos tan pesimistas que vivimos. Lo cual no impide que su protagonista, interpretado por Austin Abrams, deje entrever un rayo de esperanza cuando, a través de las sucesivas llamadas telefónicas que mantiene con su pareja, da a entender que, pese a sus reticencias, será padre en un futuro inmediato.

En cuanto al guion, escrito conjuntamente entre Shay Hatten y el propio Cregger, responde al esquema habitual de tener que ir superando obstáculos (como las pantallas de los videojuegos), a cuál más difícil, hasta culminar la misión, en este caso hacer llegar el preciado antídoto hasta la planta 28 del hospital donde un grupo de investigadores están a punto de lograr la ansiada vacuna contra el avance del virus. La hazaña, por supuesto, tiene más mérito por llevarse a cabo bajo condiciones atmosféricas adversas, con persecuciones nocturnas bajo la nieve incluidas. Planteamiento, dicho sea de paso, que permite algún que otro guiño cinéfilo, ya se trate de Fargo (1996), Jungla de cristal (Die Hard, 1988) o del accidentado periplo de Jo, ¡qué noche! (After Hours, 1985).



Rodada mayoritariamente en República Checa, la puesta en escena de Zach Cregger no sólo redefine lo que pudo representar en su origen la franquicia, sino que demuestra cómo revitalizar un género desgastado mediante el control formidable de la tensión y la atmósfera. Al desprenderse de las superheroínas invulnerables y reubicar la narrativa en un escenario claustrofóbico con un protagonista civil (un mensajero médico con un encargo aparentemente rutinario), la propuesta se consolida como una de las aproximaciones más frescas, viscerales y efectivas del terror de supervivencia cinemático de los últimos años.
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En última instancia, su mayor acierto radica tal vez en saber equilibrar las habituales truculencias en la lucha cuerpo a cuerpo contra los "zombis" con un afilado e impredecible sentido del humor negro. Así pues, lejos de romper la inmersión (gracias, sobre todo, a la perspectiva de cámara sobre el hombro), este tono macabro alivia estratégicamente la asfixiante presión del entorno, convirtiendo la desesperada lucha por la supervivencia en una experiencia tan aterradora como rabiosamente entretenida que se prolonga, durante los créditos finales, al ritmo frenético de "Animal Farm" de los Kinks.